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Red Internacional

El nuevo momento posiblemente combinará reformas, con signo defensivo, con mayores niveles de autoritarismo, buscando explorar en su favor la “delincuencia” y “violencia” frente a la creciente inseguridad ante los problemas económicos.

Pablo TorresComité de redacción La Izquierda Diario Chile

Domingo 11 de agosto de 2019 | 11:51

Tras una coyuntura junio-julio donde diversas huelgas tomaron la escena, en particular de profesores, la situación cambió y el gobierno volvió a retomar la agenda. Dos grandes políticas están en el centro de la discusión: 1) las “reformas” –tributaria, pensiones y laboral-, en el marco de cimbronazos económicos, desaceleración y alarmas; 2) una política crecientemente autoritaria, de medidas “bonapartistas”. Ambas impulsadas por la derecha, encuentran un apoyo directo de gobernabilidad en los políticos y varios partidos de la ex Concertación, e indirecto en las direcciones de los movimientos sociales.

Reformas con signo defensivo

En esta nota, donde analizamos la coyuntura económica, damos cuenta de algunas de las contradicciones latentes del escenario económico ante un marco internacional donde se discute tendencias a recesión o desaceleración “sincronizada”. La desaceleración actual no solo achica los márgenes de maniobra del gobierno y empresarios, sino que está impulsando que las reformas estén al centro de la agenda del gobierno.

Sin embargo, aunque la tributaria, previsional y laboral, estén en el centro de la agenda política, hoy más bien entran en una dinámica “defensiva” por parte del gobierno. Las razones –tanto económicas como políticas- no solo empujan a acuerdos y ponen presión, sino que debilitan el contenido de ellas, y así, adquieren un creciente aspecto defensivo.

Veamos. En la reforma tributaria, el gobierno acaba de lograr aprobar el proyecto en la Comisión de Hacienda de Diputados, con voto DC, anotándose un triunfo. Sin embargo, mientras mantiene “reintegración” a favor del gran capital, tempranamente retrocedió de la bajada de impuestos a las empresas, lo que fue y sigue siendo criticado por éstos. La reforma previsional, mientras que mantiene el sistema de robo de AFP de la dictadura, junto a un aumento mínimo (10%) a pensiones más bajas del pilar solidaria, está entrampada si un “ente público” administra el 4% de nuevas cotizaciones (con cargo al empleador), cuestión que recibe el rechazo de empresarios y las AFP. Ahora, en la reforma laboral, no solo no se incorporaron medidas anti-sindicales (“reforma a la reforma” de Bachelet) poniendo el centro en la jornada laboral flexible (precaria), sino que con el enorme apoyo popular del proyecto de reducción de la jornada a “40 horas” de Camila Vallejo, el gobierno tuvo que ceder y con una nueva maniobra de contra-golpe, proponer reducir la jornada a “41 horas” con flexibilidad y gradualidad. Nuevamente, al gran empresariado no le gustan.

Si por un lado, la situación económica de “tiempos difíciles” quitará márgenes para hacer concesiones, pudiendo endurecer las posturas de gobiernos y empresas ante procesos de lucha (como mostró en Codelco, Profesores y Walmart) y presionarán para nuevos discursos de “ajuste fiscal”; por el otro, junto a cuestiones políticas –debilidad y bajo apoyo popular del gobierno, o su condición de minoría parlamentaria- pueden presionar de forma defensiva al gobierno, como pareciera ocurrir con las reformas.

Medidas bonapartistas con signo ofensivo

Esta semana el gobierno logró aprobar en el Senado una nueva Ley Antiterrorista, que además del cambio en la naturaleza del delito, promueve infiltración de agentes encubiertos, informantes y nuevas formas de intercepción de las telecomunicaciones, etc. Se aprobó con el concurso de ex Concertacionistas, dadores de gobernabilidad y de votos que la derecha no tiene para aprobar estas reformas.

Pero no se trata de una medida aislada. Es continuación de Aula segura los liceos y que tuvo al Instituto Nacional como centro de atención de una ofensiva criminalizadora. Ahora algunos parlamentarios derechistas lo quieren en universidades y se ha desplegado una campaña con centro en la “violencia” de encapuchados. Se suma al plebiscitado “toque de queda” para menores de edad que impulsaron varios alcaldes (tanto de Chile Vamos y ex Nueva Mayoría). Se suma al decreto que permite a Fuerzas Armadas a colaborar en el combate al narcotráfico junto con las policías tareas de vigilancia, apoyo logístico, transporte y tecnología) y a las “rondas” con helicópteros y más policías en las poblaciones. Los atentados dan una excusa perfecta para poner esta agenda a la ofensiva.

Y es una agenda con signo ofensivo, donde la derecha lleva la batuta casi sin cuestionamientos, con la oposición más a favor que en contra, casi no hay resistencia. Que estén a la ofensiva con esto lo muestran las editoriales de los dos principales diarios del país. [El Mercurio señalaba unos días atrás, refiriéndose al campus Juan Gómez Milla de la U. de Chile, señalan: “el país está tomando conciencia de que en las universidades también existen encapuchados, bombas molotov, golpes y violencia desatada por razones nimias. (…) un plantel universitario donde deben reunirse los espíritus más selectos y desapasionados (…) termina por proporcionar la mejor evidencia de que la violencia se está apoderando del debate solo para clausurarlo.” La Tercera por su parte señala: “Y no solo en esta universidad (campus JGM), sino también en otros planteles públicos e incluso en establecimientos escolares como el Instituto Nacional y otros liceos emblemáticos. Esto parece ser la consecuencia previsible de la normalización de la violencia a la que el país se ha ido acostumbrando en el último tiempo. (…) Es momento de perder el temor a investigar, sancionar e impulsar de forma enérgica todas las medidas que permitan erradicar la violencia”. Ambas editoriales llaman a la comunidad (y sus rectores y académicos en particular) no solo a rechazar la violencia, sino a sancionar y expulsar estudiantes, además de pedir apoyo policial.

Estos ataques derechistas, responden a la creciente crisis del régimen político, y a la necesidad de fortalecer un aparato estatal que ha estado cuestionado. Pero centralmente, de aumentar las herramientas que permita golpear sobre sectores históricamente “en conflicto”, como fue el Instituto Nacional y otros liceos, donde se buscó –con Aula Segura- aunque sin lograrlo, derrotar a un activismo secundario. Ahora, con centro en la facultad JGM, se intenta derrotar a un sector más combativo del movimiento estudiantil. No es casualidad que la juventud haya sido hasta hoy uno de los centros más activos de procesos de lucha y cuestionamientos. Aprovechando la violencia “individual” de sectores más ligados al anarquismo frente a un retroceso organizativo del movimiento estudiantil donde no hay sectores de masas al centro, buscan crear un clima favorable a una ofensiva derechista en liceos y universidades para imponer “paz social” en el movimiento estudiantil. Desde allí, atacan también al pueblo-nación mapuche (grandes acusados por ley antiterrorista), puede descargar mejor la represión sobre trabajadores.

Y son, estas medidas, las que abren un clima que posibilita que salgan marchan anti-inmigrantes como la convocada este domingo por el Movimiento Aún tenemos patria ciudadanos y apoyada por el fascista Movimiento Social Patriota. Uno de los organizadores, es el ex diputado Gaspar Rivas (el populismo que se enfrentó a Luksic). Sin embargo, el gobierno no autorizó la movilización pues señaló que había sectores llamando a marchar armados. Pero es parte del clima social también donde figura J.A. Kast, del Partido Republicano de extrema-derecha. Es parte de los síntomas de polarización política que recorre el país.

Si el movimiento estudiantil, trabajadores, mujeres, mapuche y pobladores, y desde la izquierda no salimos a enfrentar estas medidas, no solo pueden pasar sin resistencia, sino que significarán un retroceso en libertades y medidas democráticas en esta ya restringida “democracia blindada”, y sobre esa base, buscarán nuevos ataques. La tarea de enfrentar las reformas neoliberales e imponer las demandas obreras, juveniles y populares, será imposible si no inicia por una defensa activa frente a cada uno de estos ataques del gobierno, en alianza con la vieja Concertación.

La grieta y el abismo: la crisis contenida del régimen

Para el analista Héctor Soto, hay una grieta abriéndose en la política. No es seguro el tránsito de ella hacia lo que denomina “el abismo”, cuando “los elásticos se cortan cuando se han estirado demasiado y llega el momento en que no dan más.” Cuando ocurre ello “llega un momento en que el descrédito les abre la puerta” a las “dinámicas desestabilizadoras” de fenómenos como Trump o Bolsonaro. No estamos en el “abismo”, pero pareciera recorrer hay una especie de tránsito lento hacia ello.

Izikson, el gurú piñerista de las encuestas, refiriéndose al gobierno débil, dice que el problema no es éste, sino la economía. Por un lado, “nunca habían existido más chilenos que creyeran que en el futuro la situación económica pasará por períodos de alto desempleo y recesión.” Sin embargo, a la pregunta “por qué la aprobación está mejor que en el 2011 si la economía y las expectativas nunca habían estado tan bajas en un gobierno de Piñera” responde que “parece haberse fortalecido en la imagen que proyecta Piñera”.

Sin embargo, mientras Piñera se estabiliza porque no tiene gran oposición -ni social ni política-, el régimen mantiene una crisis que está contenida, producto de lo mismo. Es decir, si la situación es más estable, es porque hay tendencias moderadoras que abortan procesos de lucha de clases, y que abren espacios de conciliación que permiten que el gobierno avance, débilmente, y que la crisis del régimen se mantenga contenida.

Por ejemplo, en reformas y autoritarismo, si en ambos casos el gobierno se anotó un triunfo, primero con la aprobación en la Comisión de Hacienda de la reforma tributaria y ahora con la aprobación en el Senado de una nueva ley antiterrorista, o el TPP-11 (que aumenta la pérdida de soberanía y entrega nacional a las grandes potencias y multinacionales), son el resultado tanto de la gobernabilidad de políticos y partidos ex Nueva Mayoría que les votan a favor, como de la nula “oposición social” que oponen las direcciones de la clase trabajadora y los movimientos sociales.

La debilidad del gobierno y la crisis del régimen abre procesos y tendencias a la lucha de clases -tanto de sectores activistas como de franjas de masas- que sin embargo, encuentran resultados contradictorios -mineros de Chuqui, trabajadores de Walmart, profesoras y profesores-: no hay derrotas, pero operan desvíos. Más como subproducto de la política traidora de las burocracias (manteniendo las luchas aisladas, sin coordinación y buscando conciliación), que de la fuerza potencial enorme de las y los trabajadores, que sí podría asestar derrotas al gobierno y los empresarios –fortaleciendo así de conjunto sus fuerzas frente al estado y la clase empresarial-. Aquí, la “contención social” ayuda a esa “contención política”, que termina manteniendo debilitada la relación de fuerzas de conjunto de la clase trabajadora, el movimiento estudiantil o de mujeres, y así, otorgar tiempo y espacio para que el gobierno y empresarios busquen pasar a la ofensiva.

No hablamos de la ex Concertación, el “mal menor” que directamente colabora con las reformas y ataques del gobierno, sino del rol del Frente Amplio y el PC y su dirección en organismos sociales de masas. Si su orientación en las luchas es mantenerlas aisladas, sin unidad desde las bases y con coordinaciones rutinarias por arriba, su lucha política no busca terminar con este régimen al servicio de las empresas, sino con “desgastarlo” para emerger como alternativa electoral. A la lucha de clases y la acción directa, le contraponen la estrategia parlamentaria, que lleva a los movimientos a luchas de presión, no al enfrentamiento.

Que el FA sea tendencia moderadora impide tanto la radicalización de la lucha de clases como la ausencia de mayor politización en lugares de estudio y trabajo. En universidades, hay un retroceso de participación marcando un reflujo más general. Es decir, son un factor contra la acción directa de masas o acciones que tienden a ser históricas desde los explotados, donde irrumpen en escena. Que la coyuntura se haya estabilizado y el gobierno retomado la agenda, no está por fuera de los resultados de la lucha de clases y la política-estrategias de sus direcciones. La crisis del régimen se mantiene, pero contenida.

Jornada de protesta nacional ¿nuevo “hito” para la presión/desgaste parlamentario o el inicio de un plan de lucha nacional?

El nuevo momento posiblemente combinará reformas con mayores niveles de autoritarismo, disciplinamiento, represión. Piñera, con la agenda securitaria y represiva buscará explorar en su favor la “delincuencia” y “violencia” (como símiles) frente a la creciente inseguridad ante los problemas económicos.

Las reformas responden al agotamiento del capitalismo chileno. Los ataques, a la creciente crisis del régimen político. Ambos factores en la clase dominante y el gobierno van de la mano. Desde los trabajadores y la juventud, por caminos separados, producto de la política de las direcciones burocráticas de las principales organizaciones de masa. Para enfrentar las reformas y conquistar nuestras demandas (como la reducción de la jornada laboral, pensión básica acorde a la canasta familiar sin más AFP, etc.) debemos enfrentar la represión y medidas autoritarias contra la juventud estudiantil y el pueblo mapuche. Ambos son los mejores aliados del movimiento de trabajadores. Para enfrentar seriamente la represión, modificando la relación de fuerzas a favor de trabajadores, jóvenes y mujeres, debemos a la vez derrotar las reformas e imponer nuestras demandas. En el caso de los ataques bonapartistas, se requiere un amplio y masiva movimiento democrático de lucha y unitario en las calles. En el caso de enfrentar las reformas, el frente único obrero, la unidad de las y los trabajadores mediante un plan de lucha y movilización, preparando un gran paro nacional activo. Ambas peleas deben unificarse, como una lucha en común contra la represión, las reformas y por nuestras demandas.

Superar las luchas parciales aisladas, para unificarlas y transformarlas en luchas políticas nacionales de masas está planteado, partiendo desde la lucha contra las reformas y medidas autoritarias. La coordinación por arriba debe pasar ampliamente por una gran agitación y coordinación desde las bases, con el método de la auto-organización.

Para el jueves 05 de septiembre, 53 organizaciones sociales que se coordinaron en un referente llamado “Unidad Social”, donde está la CUT, NO+AFP, ANEF, Colegio de Profesores, Confech y otros organismos de mujeres, pobladores, etc. convocaron a una “jornada de protesta popular”. Liderados por representantes del Frente Amplio y del PC, llamaron a enfrentar las reformas y la agenda neoliberal de Piñera.

Sin embargo, ¿será la vieja coordinación por arriba para impulsar “hitos” de movilización aislados unos de otro, sin plan de lucha, sin preparación hacia un paro nacional, y sólo para “presionar” al parlamento para la “unidad de oposición? ¿O será el inicio de un plan de lucha y movilización nacional, que vaya escalando y coordinando desde la base a numerosas organizaciones en lugares de trabajo, estudio y calles, para ser millones luchando? Nosotros apostamos a lo segundo.

Frente a la estrategia del “mal menor”: por una izquierda de las y los trabajadores, anticapitalista y socialista

Esta tarea debe ir ligada directamente a la tarea de construir organizaciones anti-burocráticas y clasistas en el movimiento obrero y anticapitalistas en la juventud, como base de una izquierda de las y los trabajadores, anticapitalista y socialista, que se proponga emerger al calor de los combates de luchas y políticos, con un programa alternativo a la burocracia y las direcciones reformistas. Como el encuentro realizado en Antofagasta, muestra un ejemplo para avanzar en esta perspectiva.

Una de las claves de la situación, es que a medida que se acerca el 2020, se acelera el escenario preparatorio de las elecciones municipales y de gobernadores, que planteará la necesidad de candidaturas anticapitalistas de trabajadores, jóvenes y mujeres, en las principales comunas del país, que sean independientes a los empresarios y los viejos partidos del régimen, como la ex Nueva Mayoría.

En la izquierda, hay guiños entre FA y PC de lado a lado. Mientras el PC ha hecho una coalición con el regionalismo burgués llamada “Unidad para el cambio”, no es poco probable una alianza junto al FA. Sin embargo, de hacer un referente “de izquierda” unitario, lo harán para presionar con mejor relación de fuerzas con “progresistas” neoliberales de la ex Concertación, como hay llamados desde pensar “primarias” hasta “pacto por omisión” en algunas comunas y regiones. El PPD ya está pidiendo un acuerdo “desde la DC al FA” para “derrotar a la derecha”.

Sin embargo, ¿qué se gana con alcaldes o gobernadores PPD, PS o DC en vez de la derecha? ¿No es acaso el alcalde PS de Quilpué quien impulsó el toque de queda contra menores de edad? ¿No es acaso la DC quien ha permitido a la derecha pasar todos sus principales proyectos? La estrategia del “mal menor” se puede ver bien en la votación del TPP-11, con Guillier y varios senadores ex Nueva Mayoría votando junto a la derecha. ¿No es acaso el “mal menor” quien lleva a un “mal mayor”?

Hay que superar por izquierda a la ex Nueva Mayoría, fortaleciendo una izquierda de las y los trabajadores, que sea completamente independiente a los empresarios y a los viejos partidos y políticos del régimen. Una izquierda anticapitalista y socialista que se proponga luchar por la autoorganización y unidad de trabajadores, estudiantes y mujeres, que se proponga enfrentar las reformas y ataques con unidad y movilización, y que una estas batallas a la lucha por terminar con las herencias de la dictadura y con un régimen al servicio de las multinacionales y “10 familias”. Esta pelea se jugará en las calles, lugares de estudio, trabajo, y también en las futuras elecciones.




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