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Red Internacional

Debido al último llamado a clases híbridas, estas semanas pasadas hemos visto cómo han resurgido distintas denuncias respecto de la infraestructura y de las medidas sanitarias en los colegios para llevar a cabo la presencialidad, sin embargo, sabemos que estas falencias denunciadas son por mucho, previas a la pandemia.

Miércoles 11 de agosto | 13:31

Hace unas semanas, el ministro Figueroa (quien fue acusado ante el tribunal constitucional por miembros de la oposición por vulnerar durante su gestión el derecho de miles de jóvenes) anunció que se permitirán las actividades presenciales en los colegios, independientemente de la fase en la que se encuentren las comunas que los albergan. Esto por supuesto, sin contemplar que la realidad es que muchos docentes, trabajadores de la educación, apoderados y estudiantes, han denunciado que sus establecimientos no cuentan con lo necesario para hacer efectivas medidas vitales para la vuelta a clases presenciales, como lo son espacios ventilados, separaciones de más de un metro entre cada alumno en la sala de clases, servicios higiénicos suficientes para no congestionar los baños, condiciones que permitan para lavarse las manos constantemente, higienización permanente, etc. De hecho, en la mayoría de los casos, son los mismos trabajadores y estudiantes quienes han tenido que proveer sus equipos de protección personal (EPP) al ejercer las labores para las que son citados.

Es por eso también que el 58% de los apoderados no enviará a sus hijos a clases presenciales este 2021 (según encuesta "Estamos Conectados", Ipsos Chile – Educación 2020) a pesar de que ya han vuelto casi 7mil establecimientos a nivel nacional, aunque por ejemplo, el Colegio de Profesores señala que en 31 comunas de la RM no están dadas las condiciones para el retorno. Sin embargo, el CdeP se ha dedicado a hacer encuestas y citar a tibias reuniones entre dirigentes, sin buscar organizar realmente asambleas de base para permitir a los profesores levantar la lucha por conseguir realmente sus demandas.

Entre las denuncias del estado de abandono de los establecimientos, encontramos que se llueven, que hay hongos en baños, salas, casino, además de socavones en el suelo (como en la Escuela Básica Molina, de Quinta Normal), o que no cuentan con internet o siquiera libros de clases, como en el caso de 19 de los 44 establecimientos de la comuna de Santiago.

Y esta situación tiene una explicación, si vemos que Figueroa no sólo no inyectó un solo peso más a los recursos de educación durante toda la pandemia, sino que, en la mitad de los establecimientos la subvención bajó (el dinero con que funcionan los colegios) durante el último período en comparación al año pasado, como comprueban los informes de la Biblioteca del Congreso Nacional.

Desde hace décadas, en Chile la discusión de la educación ha estado vigente. Ha generado movilizaciones y ha sacado a los estudiantes a las calles. Desde la revolución pingüina el 2006 y luego más profundamente el 2011, hasta la más reciente rebelión del 2019, se ha puesto sobre el tapete el hecho de que la educación en Chile es de mercado, que la educación pública está precarizada, y que debido al lucro, la corrupción y la desviación de fondos al sistema privado, se mantienen y profundizan falencias de infraestructura y equipo, y por si fuera poco, la educación superior lleva a los estudiantes al crédito y por lo tanto, al endeudamiento, por años.

Los profesores por su parte, han denunciado desde hace años, en diversas oportunidades y manifestaciones, las condiciones de explotación que viven, donde han tenido triunfos parciales, aunque insuficientes, como la proporción de 35% - 65% entre horas no lectivas y lectivas. Por supuesto, esto se ha desdibujado absolutamente en la pandemia, obligando a los y las docentes a utilizar gran cantidad de su tiempo no remunerado en el trabajo virtual y utilizando sus propios equipos y recursos.

Sobre la infraestructura, hoy discutimos que no existe la necesaria para realizar clases híbridas, por los mismos testimonios de las comunidades escolares, pero lo cierto es que en el pasado reciente de nuestro país, los problemas de infraestructura han llevado a casos de muerte y lesiones graves de estudiantes y trabajadores de la educación, por problemas eléctricos, panderetas caídas, máquinas sin mantención, etc. Y es habitual ver cada invierno salas con goteras, niños entumecidos de frío por salas con corrientes de aire y sin ventanas, etc, mientras que en verano vemos niños en canchas sin techo y a veces hasta sin un suelo adecuado para el deporte.

Parte de esta crisis es, por supuesto, el precario estado de la jubilación docente, que no sólo es miserable (está en los promedios de 200 mil pesos) sino que deben esperar años para acceder al descanso que merecen, hoy docentes llevan más de tres años esperando, y sin poder dejar de trabajar (ya que pierden su bono al retiro docente).

Y es que mientras la lógica de la educación en Chile siga siendo de mercado, se seguirá privilegiando el enriquecimiento de los privados mientras se deteriora cada vez más la educación pública. En comunas precarizadas (como Lo Espejo) ya casi no quedan colegios públicos de enseñanza media, obligando a adolescentes a salir de su comuna para buscar educación, generalmente en manos de privados que ofrecen carreras técnicas. Esto es un ejemplo concreto más de dónde están enfocados los recursos y prioridades.

Estas falencias que se han acumulado a lo largo de los años, tienen su pick en esta pandemia, donde además estudiantes y docentes han visto gravemente afectada su salud mental ante el estrés que ha significado educar y educarse en estas condiciones de vulneración, elemento que tampoco se contempla si es que no se fortalecen los equipos de contención emocional necesarios en los colegios, que en la mayoría de los casos solo cuentan con un profesional (psicólogo), por lo que no sólo exponen y se deteriora su salud física, sino que también psíquica y emocional.

Es por eso que las comunidades deben reunirse para discutir cómo hacer con la gestión de los colegios, que tienen todas estas falencias acompañadas de grandes déficit y desfalcos de la administración que han tenido los últimos años.

Los trabajadores de la educación debemos realizar asambleas para levantar un plan de movilización que logre defender la educación de aquellos que han lucrado con ella durante décadas, y que buscan que esto se mantenga así, proponiendo una educación que esté al servicio de la formación integral de las personas y que ésta ya no sea puesta en la mesa como un valor de intercambio, al que acceden con mayor facilidad aquellos que tienen mejores ingresos; mostrando incluso el camino a los constituyentes que defienden la demandas de Octubre y que hoy intercambian en la Convención Constituyente, obligándoles a poner sus tribunas como eco y a disposición de estas demandas.




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