SEMANARIO

El Caballo de Troya del siglo XXI o lo que se conoce como la “Ayuda Humanitaria”: Claves para comprender la ofensiva imperialista en Venezuela

Felix Melita

El Caballo de Troya del siglo XXI o lo que se conoce como la “Ayuda Humanitaria”: Claves para comprender la ofensiva imperialista en Venezuela

Felix Melita

Si un hecho político ha marcado la pauta de la política internacional es sin duda alguna Venezuela. Y es que a pocas horas de la entrega de la llamada “Ayuda Humanitaria”, personeros de la derecha despliegan su peregrinaje pro-imperialista a la fronteriza ciudad colombiana de Cúcuta. Aunque este no haya surtido los efectos que esperaban desde la Casa Blanca, definitivamente marca la pauta para lo que será la continuidad de la ofensiva imperialista y la intentona golpista en el país petrolero.

“Ahora América es, para el mundo, nada más que los Estados Unidos: nosotros habitamos, a lo sumo, una sub América, una América de segunda clase, de nebulosa identificación. Es América Latina, la región de las venas abiertas.”

“La fuerza del conjunto del sistema imperialista descansa en la necesaria desigualdad de las partes que lo forman, y esa desigualdad asume magnitudes cada vez más dramáticas.”

Eduardo Galeano.

Si un hecho político ha marcado la pauta de la política internacional es sin duda alguna Venezuela. Y es que a pocas horas de la entrega de la llamada “Ayuda Humanitaria”, personeros de la derecha despliegan su peregrinaje pro-imperialista a la fronteriza ciudad colombiana de Cúcuta. Aunque este no haya surtido los efectos que esperaban desde la Casa Blanca, definitivamente marca la pauta para lo que será la continuidad de la ofensiva imperialista y la intentona golpista en el país petrolero.

Sin embargo, esta política posee capítulos previos. Adentrémonos pues en estos.

Las Fuerzas Armadas y los llamados golpistas

El gobierno de Maduro se define como un gobierno bonapartista sui géneris de izquierda, cada vez más reaccionario y autoritario, que mantiene su poderío principalmente por la conexión que establece con las cúpulas y cabecillas de las Fuerzas Armadas Bolivarianas, un grupo que se erige como una especie de casta privilegiada que vendría a componer lo que se ha denominado como la “boliburguesía”, en conjunto con empresarios nacionales del país petrolero, contando apenas con un 20% aproximadamente de aprobación según los medios más optimistas, quienes no sólo se han empeñado en hacer recaer sobre los hombros del pueblo trabajador los costos de la crisis económica, reprimiéndolo brutalmente, sino que también se ha esforzado en bastardear conceptos como “revolución”, “socialismo”, “control obrero”, entre otros.

Es por esta razón, la de un descontento enorme hacia el gobierno de hambre de Maduro, que tanto como el aparecido Guaidó como desde la Casa Blanca han realizado continuos llamados, día tras día, a las Fuerzas Armadas a apuntar sus fusiles contra Maduro, en un claro tono amedrentador, señalando que de ser así serían perdonados de todas las sanciones una vez que la “democracia” sea restaurada. Buscan así romperle un sector al madurismo y servirse de un falco para penetrar en su gobierno desde dentro.

Es en esta misma línea que Guaidó llamó a la llamada “avalancha humanitaria” a movilizarse a fueras de los cuarteles militares justo después que Trump afirmara que los militares deben desobedecer a Nicolás Maduro. Además de convocarse la movilización el mismo día en que se planea que ingrese la “Ayuda Humanitaria”, buscando así que los militares no bloqueen el ingreso de lo que vendría a ser la punta de avanzada del imperialismo a través de la ubicación en el tablero por parte de Washington de sus personeros como Piñera, Duque, Abdo, entre otros 77 legisladores de la Asamblea Nacional, quienes acudieron al llamado a congregarse en la meca del imperialismo: Cúcuta, Colombia, buscando así dar un golpe mediático y posicionarse con su Caballo de Troya.

Sin embargo, el llamado “Día D” de la derecha y el imperialismo no llegó. La “avalancha humanitaria” no hizo ningún acto de presencia, y el ingreso se mantuvo bloqueado por parte de las Fuerzas Armadas Bolivarianas. Es así que Guaidó y Trump no contaron ni con el apoyo de las fuerzas militares ni con grandes sectores de masas que le permitieran entrar en Venezuela.

¿Por qué el Día D no rindió frutos?

Y es que tanto Maduro y Guaidó requieren de las Fuerzas Armadas para desarrollar sus propios escenarios favorables. Por un lado Maduro requiere de éstos para mantener y salvaguardar su régimen en crisis, mientras que Guaidó requiere de éstos para llevar adelante el golpe de Estado, con militares que volteen sus fusiles contra Maduro.

Sin embargo, pese a los intentos, el aclamado Día D del imperialismo no rindió los frutos que esperaban. Debido a que principalmente los llamados a que las Fuerzas Armadas rompan con el gobierno no han penetrado hasta el momento en las cúpulas dirigentes del ejército.

Y es que las Fuerzas Armadas Bolivarianas juegan un papel decisivo en la inclinación de la balanza. Debido a que ambos escenarios, tanto para Maduro como para Guaidó son necesarias, transformándose así en la principal mediación para ambos en que el conflicto tome su cauce.

Es así que pese a los artilugios preparados por la derecha latinoamericana y los constantes llamados por parte del imperialismo a que las FF.AA. rompieran con el gobierno el Día D se convirtió en un intento frustrado, pero no por eso el último.
Se podría explicar en cierta medida este fenómeno a través del análisis que realiza Karl von Clausewitz (1968) en su libro “De la guerra”, evidenciando lo que él llama la “extraña trinidad” que se presenta al momento de los combates, compuesta por “el pueblo”, “los generales y el ejército” y finalmente “el gobierno”.

La teoría que descuidara una de [aquellas tres “tendencias”] o que las quisiera ligar por arbitrarias relaciones, se pondría instantáneamente en tal oposición con la realidad que tal causa bastaría para anularla. El problema consiste en mantener a la teoría suspendida entre estas tres tendencias como entre focos de atracción. (Clausewitz, p. 54)

Bajo este esquema clausewitziano, la derecha imperialista busca hacerse del “odio y la enemistad” del “pueblo” venezolano contra Maduro, sin embargo, no cuentan con el apoyo crucial de las FF.AA. en la situación.

Entonces, ¿cómo se explica en este sentido la crisis del madurismo, cuando su principal sostén son las FF.AA.?

Debemos tener en cuenta para comprender esta crisis una de las mayores debilidades del madurismo: la existencia de una brecha enorme entre las FF.AA. y el pueblo trabajador y pobre en Venezuela, la que se explica en gran medida por la “acción del partido y la orientación política de su dirección” (Albamonte & Maiello, 2017, p. 55). Es decir, la misma política chavista/madurista de una idea utópica de socialismo con empresarios (o lo que se conoce como socialismo del siglo XXI), manteniendo una política económica adaptada al comercio imperialista. Sobre esto retomaremos más adelante.

La semicolonización de Venezuela y América Latina como el patio trasero de Trump

¿Qué es lo que se juega con esta “ayuda humanitaria” y sus próximos episodios? De partida debemos develar que ésta se encuentra orquestada por la misma Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID por sus siglas en inglés), la cual ha sido la fachada histórica de operaciones encubiertas de la CIA , la cual busca ser la punta de avanzada de la recolonización de Venezuela, a través del pretexto de la entrega de ésta “ayuda”, siendo ésta una provocación que busca por una parte quebrar la unidad de mando de las FF.AA, para dar paso a un golpe de Estado, además de abrirle el paso a la política imperialista, potenciada por el embargo petrolero, apoyada por la derecha internacional.

Es por esto que las únicas medidas que la orquestada imperialista deja en definitiva son las de reproducir el mismo recetario neoliberal que ha utilizado EE.UU. a través de sus agentes políticos en América Latina: privatización de empresas y servicios públicos, despidos masivos, un salto en la desnacionalización de la economía con la apertura acelerada al control del capital transnacional sobre las empresas y recursos del país, con un especial énfasis en la industria del petróleo, en donde se proponen una liberación total de los precios, limitar el gasto público y aumentar el endeudamiento externo.

¿Pueden ser acaso éstas medidas que den una solución real al pueblo trabajador venezolano que vive estas calamidades a diario? La respuesta no podría ser más negativa.

Es así que si EE.UU penetra en Venezuela se haría de la mayor parte de Latino América, contando de aliados a Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Guyana, Honduras, Panamá, Paraguay, Perú, además del país petrolero.
Sin embargo, para barajar esta posibilidad se debe tener en cuenta el cambio en la configuración política de América Latina, en donde la asunción de presidentes de la derecha tradicional se ha expandido, pero toma particular importancia la elección fraudulenta del ultra-derechista Jair Bolsonaro, ya que con éste y la encarcelación previa de Lula, Maduro perdió a un aliado que presidía a una de las mayores potencias latinoamericanas.

Los buitres en alerta: La disputa geopolítica de Venezuela

¿Por qué la ofensiva de EE.UU. hacia Venezuela? Lejos de tratarse de una campaña a favor de la democracia y de salvar al pueblo venezolano de la miseria, se trata de una cruzada por apropiarse del terreno Venezolano, el cual cuenta con las principales reservas de petróleo crudo certificadas a nivel mundial y que a la vez destina un 20 % de sus ventas totales a los Estados Unidos, en donde de cada 100 dólares que entran al país, 93 provienen de las exportaciones de este producto.

Sumado a que, en plena guerra comercial entre Estados Unidos y China, y en donde las relaciones exteriores entre Rusia y el gobierno yanqui se crispan constantemente, ambos países son los principales aliados con los que cuenta Maduro, o dicho de manera más específica, con los que mayores niveles de dependencia económica presenta. Algunas cifras de esta relación se evidencian en que China ha dirigido a Venezuela unos USD 60 mil millones y Rusia, entre el gobierno y el gigante petrolero Rosneft, unos USD 20 mil millones.

A esto hay que añadirle las deudas que paga religiosamente Venezuela con parte de los ingresos obtenidos por la exportación de petróleo, además de concesiones a empresas chinas y rusas. Cabe destacar que entre Rosneft y la empresa china CNPC tendrían alrededor del 15% del control total de las reservas de petróleo probadas de Venezuela.

A Trump y al gobierno de EE.UU. le interesa en lo más mínimo si Maduro es autoritario o el pueblo trabajador venezolano vive en la miseria y en el hambre, ya que si se tratase de un gobierno subordinado a su política no estaríamos presenciando amenazas diarias de golpes de Estado a nivel internacional, sino que lo que realmente le importa al gobierno yanqui es de hacerse del territorio de Venezuela para arrebatárselo a sus “enemigos”: China y Rusia.

Es así que tal buitres comienzan a rodear a la Venezuela que se encuentra sumida en la ruina, producto de la política chavista, que se dedicó a mantener una economía meramente exportadora, sin diversificar en lo más mínimo sus productos, y hacer pagar sobre los hombros del pueblo trabajador y pobre los costos de la recesión cuando el precio del barril de petróleo cayó por los suelos, sumado a la política de embargo económico por parte del imperialismo.

¿Qué pasará?

La situación es compleja y ninguna hipótesis está descartada. Aunque debido a la debilidad interna de Donald Trump, sumado al enorme impacto que significaría un golpe de Estado o una resolución violenta al conflicto, como lo podría ser una guerra civil, en términos económicos como migratorios, produciría una situación inestable en países fronterizos como Colombia o Brasil, las hipótesis se inclinan hacia una caída de Maduro más o menos negociada o la misma perduración inestable de su gobierno por un periodo de tiempo.

Sin embargo, si no se produce una insurrección de masas que dé una salida independiente al madurismo y al imperialismo yanqui con el que colabora la derecha continental, la catástrofe se mantendrá, sumado al aumento de la miseria del pueblo venezolano mediante las políticas neoliberales y saqueadoras por parte de Estados Unidos y el grupo Lima, que harán caer nuevamente sobre los hombros de las familias trabajadoras los costos de años de crisis económica, asentada por el chavismo y profundizada por el imperialismo.

Quienes abogamos por una salida verdaderamente revolucionaria por parte de la clase trabajadora creemos que es necesario que las familias obreras, los jóvenes, las mujeres y sectores de las Fuerzas Armadas que se dispongan a romper con el gobierno y no a ceder al imperialismo, tomen en sus manos un programa obrero de emergencia que contemple una Asamblea Constituyente Libre y Soberana, en base a delegados revocables, que pueda dar una salida a la crisis y que sean los mismos trabajadores quienes expulsen a Maduro.

Además de luchar por un programa obrero de emergencia que contemple los siguientes puntos:

“No al pago de la fraudulenta deuda externa y repatriación obligada de capitales; no a las empresas mixtas, petróleo 100% estatal bajo control de sus trabajadores y técnicos, confiscación de los bienes de quienes saquearon al país, para disponer de esos recursos para las necesidades urgentes del pueblo y del país; respeto íntegro a los contratos colectivos y un salario igual a la canasta básica indexado según la inflación, combinado con un verdadero control de los precios ejercido directamente por los trabajadores y las comunidades, con delegados electos por las bases democráticamente en los lugares de trabajo y las comunidades, que pongan más de conjunto la producción y la distribución bajo el control verdadero del pueblo, sin burócratas del gobierno ni militares: reincorporación de todos los despedidos; rechazo a los despidos tanto en el sector público como en el privado, ocupación y producción bajo control obrero –sin militares ni el gobierno– de toda empresa que despida o amenace cerrar; libertad para los trabajadores presos por luchar y anulación de los juicios a trabajadores, campesinos y todos los enjuiciados por protestar.”

Todo esto a través de la propia organización obrera y popular a través de una Asamblea Constituyente sin partidos ni candidatos proscritos, con acceso obligatorio y gratuito en los medios de comunicaciones a las diferentes opciones, para que no sólo puedan hacer campaña la derecha imperialista y el madurismo reaccionario, sino que también las organizaciones obreras, campesinos, estudiantes, mujeres y aquellas organizaciones que no reciben ningún tipo de financiamiento ni del gobierno ni de los empresarios. Esta debe ser una asamblea en la cual sus delegados no cobren más del sueldo mínimo, y que pasa a sustituir de conjunto al poder legislativo y judicial, y que elimine la figura del presidente. Además de poder decidir sobre todos los asuntos importantes del país, tales como decisiones políticas, económicas, entre otras.

Es por esto que todas las salidas que abogan por el diálogo con la comunidad internacional (la misma que sigue los planes de Washington), como aboga el Frente Amplio chileno, o la defensa férrea del gobierno capitalista de Maduro, como el Partido Comunista o sectores del populismo, no sirven para enfrentar al imperialismo. Si no hay medidas programáticas transicionales por la clase obrera en perspectiva por un gobierno de las y los trabajadores, todas las demás propuestas no son más que fraselogía barata, servil al imperialismo. Estas son hoy nuestras banderas.

Bibliografía

VER TODOS LOS ARTÍCULOS DE ESTA EDICIÓN
CATEGORÍAS

[Crisis Venezuela]   /   [#FueraTrump]   /   [Derecha Venezuela]   /   [Imperialismo]

Felix Melita

Estudiante de Psicología Universidad de Antofagasta
COMENTARIOS