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Red Internacional

 El Partido Comunista: De la Concertación al Frente Amplio

En su último congreso el PC volvió a reflotar su tesis de una alianza antineoliberal para capitalizar el descontento emanado de la rebelión de cara a la elección de convencional constituyente. En este primer artículo buscamos analizar el camino que el PC emprendió con esta hipótesis en los 90s y 2000s.

Joaquín RomeroSantiago de Chile

Lunes 14 de diciembre de 2020 | 06:19

El camino del PC en los Noventas.

Corrían los años 90s cuando el PC en su XX congreso enfrentaba el desafío de mantenerse vigente como organización política inicio una “actualización” de su estrategia política.

Según Rolando Álvarez, el PC sostenía que producto de las contradicciones del neoliberalismo (la concentración cada vez más desmesurada de la riqueza) así como las múltiples y cada vez más humillantes concesiones que la Concertación realizaba a la derecha y al pinochetismo para perseverar la institucionalidad heredada de la dictadura, llevarían a un sector de la concertación a romper “por izquierda” lo que permitiría al PC construir una alianza de izquierda antineoliberal. Una “tercera fuerza” en el escenario nacional que le permitiría desmontar los enclaves antidemocráticos.

La línea definida en este congreso, y ratificada en el XXI congreso de 1998, fue definida como la apuesta por una “Revolución Democrática” entendida esta como un proceso de “ruptura democrática” mediante la movilización social que permitiría un reordenamiento de las fuerzas políticas existentes abriendo un nuevo espacio político “antineoliberal” en el régimen. [1]

La línea de la Revolución Democrática sería luego complementada por las JJCC (que venían fortalecida tras las movilizaciones de 1997 que encontró a la jota dirigiendo la FECH y la FEUSACH tras años de hegemonía concertacionista en el movimiento estudiantil) quienes sistematizaron la famosa tesis de “Neoliberalismo vs Democracia” definida como la contradicción del periodo de la cual sería tributaria la izquierda criolla que comenzó a desarrollarse por esos años.

La idea de que para poder llegar al socialismo era necesario desmontar los pilares que sostenían la hegemonía del capital financiero e imperialista en alianza con las capas medias y la burguesía nacional para generar un estadio de “capitalismo nacional”, todo esto para sentar las bases que habilitasen el avance hacia la construcción del socialismo, por su puesto de manera pacífica, ha sido de las reinvenciones más “originales” y “utópicas” de la teoría de las etapas del estalinismo. Los 23 años desde la formulación de dicha tesis no han pasado en vano (revolución bolivariana mediante) para mostrar lo ilusorio de superar pacíficamente el “neoliberalismo” y menos solamente de manera nacional.

Con esta tesis el PC se preparaba para generar una “fractura” de la Concertación apostando por endurecer su discurso crítico y su rol opositor al gobierno del democratacritiano Frei , sin dejar de negociar nunca “acuerdos por omisión” que le permitiesen sortear la barrera del sistema electoral binominal. La idea era que mientras más duro fuese el rol opositor, apoyado en las movilizaciones de masas, más se agudizarían las contradicciones que permitiesen la emergencia de este polo “antineoliberal”.

Las elecciones parlamentarias de 1997 y el periodo de movilizaciones 1997-1998 parecían confirmar esta hipótesis. El PC obtenía su mejor resultado electoral de la década, el 7,49% de los votos a nivel nacional. La secretaria general del PC y principal dirigente Gladys Marín sacaba un 15,4% de los votos en la elección de senadores quedando fuera por el sistema binominal (versus el 15,9 % que obtuvo Camilo Escalona del PS).

En esta elección comenzó a constatarse el fenómeno de la “abstención” (cerca de 1 millón de personas no se inscribieron para votar y otro millón de los inscritos simplemente no se presentaron). El PC leyó este fenómeno de desafección política como la apertura de un "espacio por izquierda" de la Concertación donde podrían crecer electoralmente. Esta lectura se vio fortalecida con el rol que jugo el PC en las movilizaciones sociales de la época especialmente en las manifestaciones en favor del enjuiciamiento de Pinochet cuando este fue arrestado en Londres el año 1998.

Sin embargo, esta incipiente polarización marcada por la crisis asiática y el agotamiento de la concertación no tuvo el efecto esperado en las elecciones de 1999. El candidato de la UDI Joaquín Lavín con su estilo apolítico casi logra hacerse de la elección presidencial y el candidato de la concertación ganaba por pocos votos. El PC no pudo capitalizar el descontento abierto con la Concertación que se terminó decantando por el discurso del “voto útil” enarbolado por Lagos para frenar a la derecha. Esto se explica por el PC devaluó a la derecha y su capacidad política. (En el XXI congreso de 1998 solo se dedican unas escuetas líneas a analizar el crecimiento electoral de la derecha en la elección de 1997).

El 3,5% obtenido por Gladys Marín , sin embargo, fue clave para que Ricardo Lagos ganase la segunda vuelta presidencial cediendo asi el PC también al discurso del "mal menor". A la postré esta movida política tampoco resultó en un “atenuamiento” siquiera del neoliberalismo. La historia del CAE, la privatización de lo que aún quedaba por privatizar y las exorbitantes ganancias empresariales del periodo es historia conocida pese a que el crecimiento económico del periodo Lagos permitió atenuar ciertas contradicciones heredadas de la década anterior.

El último intento del PC de un frente anti-neoliberal y su alianza con la Concertación

El PC lo volvió a intentar con el Juntos Podemos, alianza que iba del Partido Humanista a un variopinto grupo de partidos de la izquierda extraparlamentaria, el año 2004 obteniendo un sorpresivo 9,17% de los votos a nivel nacional en la categoría de concejales, ganando 4 municipios y 89 concejalías. En esta elección la concertación nuevamente perdía votos y la derecha lograba asegurar sus bastiones y avanzar electoralmente. En las elecciones presidenciales del 2005 el candidato del Juntos podemos (actual diputado Tomas Hirsch) nuevamente no lograba superar la barrera de los dos dígitos siendo derrotados por el fenómeno Bachelet y el PC nuevamente cedía al “voto útil” en la segunda vuelta de las presidenciales aquel año.

El gobierno de Bachelet rápidamente se desinfló ante las expectativas que prometió con el golpe que implicó la “rebelión de los pingüinos” el año 2006 y el desacoplamiento de sectores de la Concertación por derecha (Chile Primero y el PRI) y por izquierda (el fenómeno MEO que supero el 20% en las presidenciales del 2009). Esta situación de crisis llevó a la concertación a ceder a su tradicional negativa de llegar a cualquier entendimiento con el PC y se abrió al pacto por omisión que le permitió a la tienda liderada por Guillermo Tellier romper la barrera del binominal e ingresar al Congreso por primera vez tras el golpe de estado.

Este pacto se convertiría en el antecedente de el ingreso del PC a la alianza de gobierno con la concertación, la Nueva Mayoría, el año 2013 formada cuando la concertación buscaba recuperar el poder a la derecha sobre la base de los movimientos sociales principalmente el estudiantil.

Por aquel entonces el PC había abandonado la hipótesis de que la Concertación se rompería por la acción externa de la izquierda y prefirió optar a incidir desde dentro en favor de una agenda de transformaciones en la dirección de acabar con el neoliberalismo. Es decir, la misma estrategia, pero con una “táctica” más atenuada agregando una nueva etapa previa a la superación del neoliberalismo. El PC poca importancia le dio al ingreso de RD y la Izquierda autónoma al parlamento aquel año, principalmente por que ambas fuerzas a su manera colaboraron con el gobierno de Bachelet diseñando la reforma educativa (En el caso de RD) y dosificando y pacificando las organizaciones estudiantiles para incidir en el parlamento (IA era la principal fuerza dirigente del CONFECH).

Nuevamente Bachelet terminó desilusionando a sus partidarios y fue incapaz de recomponer la base social de la centro izquierda. El PC pagó el costó de perder importantes sectores de su base social a nivel estudiantil y sindical, perdiendo su tradicional bastión en el colegio de profesores tras la rebelión docente que enfrento al magisterio con el gobierno de Bachelet, y manteniendo la conducción de la CUT mediante maniobras burocráticas como la escandalosa última elección donde se denunciaron numerosas irregularidades en la votación.

Tras el triunfo nuevamente de Piñera el PC se encontró durante el primer transcurso del mandato de la derecha desorientado, con una debilidad importante en las organizaciones sociales y con el peso de haber apostado por ganar reformas que atenuasen el neoliberalismo con la concertación que no se concretaron. Pero la rebelión dio un giro completamente inesperado a esta situación.

El reflote de la alianza antineoliberal

La vieja concertación entre manotazos de ahogados busca por todos los medios evitar el colapso definitivo mediante todas las maniobras posibles, la parodia de un “Biden chileno” incluida entre ellas, resucitando la DC su discurso anticomunista para evitar el ascenso de Daniel Jadue en las encuestas, el que estaría erosionando fuertemente la base de la concertación sumando a un grupo de nuevos votantes politizados por la rebelión.

El Frente Amplio, que fracasó en su intento de ser una alternativa independiente dado el conflicto entre sus dos sectores – el que apostada a ser de centro izquierda a la concertación o el que apostaba a renovar la izquierda (superando al PC incluso).

Pero este grupo de organizaciones surgidas con el movimiento estudiantil lograron erosionar un sector de la base electoral de la Concertación. La tesis de un “sector desprendido de la izquierda de la Concertación” le permite al PC desempolvar sus elaboraciones noventeras y convertirlas en la base de la resolución de su último congreso de reflotar la necesidad de una alianza estrictamente antineoliberal, ante la negativa de la concertación a realizar ninguna concesión al PC y la capitalización que viene haciendo Jadue del animo de la rebelión.

El problema sigue radicando en que la tesis del PC no logra explicar como enfrentaran un escenario en que las transformaciones “antineoliberales” puedan impulsarse de manera pacífica sin que la derecha se oponga radicalmente a ellas. La pasividad de la CUT durante la ofensiva precarizadora de las condiciones laborales durante la pandemia puede ser un triste corolario de que la necesidad de mantener posiciones en la institucionalidad sea a costa de sacrificar la energía combativa emanada de la rebelión.

El llamado del XXVI congreso del PC a rodear de “masas” la convención puede ser solo un llamado testimonial dado que las “masas” difícilmente se movilizan de manera mecánica. Esto es algo que el PC debió aprender durante todos sus llamados a movilizar en los 90 que no se concretaron o la apuesta de “movilizar por hitos” del FA en la CONFECH que terminó despolitizando y mermando la fuerza del movimiento estudiantil con escasos réditos políticos. Una apuesta de estas características termina siempre desmoralizando la energía de la movilización y preparando el terreno para una ofensiva reaccionaria.

Mañana continua el análisis en el próximo artículo


[1Curiosamente cuando la tesis de la ruptura democrática se tomo la discusión de las organizaciones que darían origen al Frente Amplio por allá por el 2013 había muchas referencias a la experiencia de los kurdos, los vascos, los irlandeses, pero nada se dijo sobre la experiencia del PC con una línea que planteaba en rasgos generales una tesis similar . No en vano el PC en la universidad acusó siempre que el FA, quien le sacaba en cara su participación en la Nueva Mayoría, intentaba imitar una hipótesis que ellos ya habían experimentado.





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