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El Senado de Chile y la “Cultura del Secreto” ¿qué hay detrás de las comisiones cerradas?

La “Agrupación de Prensa Acreditada del Congreso” esta semana envió una carta al presidente del Senado, donde denuncia que se le ha negado la entrada de forma sistemática a la prensa en comisiones del parlamento. ¿Qué esconden las comisiones cerradas en el parlamento?

Viernes 15 de junio de 2018

La prensa reclama a Las Comisiones que legislan a puertas cerradas

Este miércoles 13 de junio, la Agrupación de Prensa Acreditada del Congreso hizo pública una carta enviada al presidente del Senado, Carlos Montes del PS, en la que se denunciaba el veto que se le ha hecho a la prensa, negando sistemáticamente el acceso a los periodistas a las comisiones de Constitución y Seguridad pública, presididas por Francisco Huenchumilla DC y José Miguel Insulza por el PS, respectivamente, donde hoy se debaten temas de interés públicos para la sociedad, como lo es “la imprescriptibilidad de delitos sexuales”, “modificaciones a la ley anti-terrorista”, o los planes de “modernización para Carabineros”.

Otro caso mencionado, donde se alude directamente a Huenchumilla es la comisión mixta de Constitución, donde se trataba la modificación de penas a los delitos de cohechos y sobornos a funcionarios de Estado. En la ocasión el Senador exigió el retiro de la prensa aludiendo a que los legisladores se sentían “Inhibidos”, pero no tuvo el mismo trato con los lobistas allí presentes.

En el caso de la tramitación de las modificaciones a Ley Antiterrorista, el acuerdo transversal dentro de la comisión, dice Huenchumilla es hacer las sesiones a puertas cerradas.

En la carta de Reclamo, los periodistas, señalan que esta actitud es una “clara violación a la libertad de prensa y que la política del secreto no aguanta más”.

¿Y que responden los Senadores?

Todos se escudan en que es una potestad de cada comisión abrir o cerrar su sesión por derecho constitucional. Apoyándose así, en los decretos que dejo la Dictadura para decidir cuando una sesión puede ser pública y cuando puede ser secreta.

Montes dice que él espera más probidad, pero no puede obligar a nadie.
Huenchumilla dice que la Ley lo ampara, que se podría ser flexible, pero para él, eso depende. Es más, señala que, “es una práctica que estaba cuando asumimos, y yo no puedo venir y cambiar esas prácticas de la noche a la mañana”.

Insulza, otro “progresista” del PS, también veta a la prensa cuando se legisla con carabineros. En la sesión donde participo el general Hermes Soto, se le pidió a la prensa que se retire porque son sesiones “privadas”.

Para el Frente Amplio (FA) "debería haber más transparencia", Juan Ignacio Latorre, de RD dice que no se había percatado de lo denunciado. Pero que está de acuerdo en “legislar de cara a la ciudadanía”, pero es con esos mismos “progresistas” que negocian la política entre cuatro paredes que pretenden democratizar las instituciones. No se problematiza si quiera la existencia de esta segunda cámara llena de privilegios, por encima de la cámara de diputados, que goza de poder de veto a beneficio de los poderosos, los empresarios y sus partidos políticos.

¿Pero qué es lo que hay detrás de la “Cultura del Secreto” en el parlamento?

Tras la Cultura del Secreto que aun gobierna en las instituciones está la de la “política de los acuerdos”, lo que la ex Nueva Mayoría en los 90´ hizo conocido como: “la Democracia en la Medida de lo Posible”, que no es otra cosa que gobernar de la mano de la Derecha y sin salir de los marcos de la estructura política, jurídico- económica que dejo el pinochetismo en la transición.

Sobre el cómo se tramitan leyes y se cocinan en el Senado para salvaguardar los intereses de los grandes grupos capitalistas ya se ha hecho mucha noticia. Las mismas empresas escribían los proyectos en sus gabinetes y se los mandaban por correo electrónico a sus legisladores pagos, es el caso de Corpesca.

¿Es un tema de más claridad y más transparencia?

Hay algunos como en el FA que quieren hacerle creer a los trabajadores que democracia es transparencia y votar cada 4 años.

Pero, ¿qué tiene de democrática una institución donde los legisladores cobran sueldos de 9 millones? Cualquier persona que gane ese sueldo pasa a formar automáticamente parte del 1% más rico de la población Chile.

Pero son ellos los que tienen la última palabra sobre el sueldo mínimo y las partidas presupuestarias todos los años. Que pueden entender esta clase de gente con sueldos millonarios de las necesidades del pueblo trabador. ¿Sabrán que malabares hace uno para vivir con 350 mil pesos? O con 276 mil como estiman que es suficiente para el sueldo mínimo en el Chile de hoy? Responda usted mismo.

¿Por qué existen dos cámaras en Chile? ¿Es una coincidencia de las democracias occidentales o una copia del modelo británico?, en él había una cámara de los Comunes (una cámara baja) otra de los Lores (una cámara alta). Salvando toda diferencia, el modelo bicameral, busca entregar garantías a la clase dominante, garantías de veto y control sobre el aparato legislativo. No es por nada que la duración del Senador es de 8 años, frente a los 4 de un diputado.

Ambas instituciones en Chile están profundamente cuestionadas por la sociedad. Hasta el año pasado el Senado apenas conseguía un 13% de aprobación y la cámara de diputados un 12%. Es evidente la crisis que desató la relación entonces del dinero y la política, de por qué la clase empresarial paga campañas políticas y organiza sus propios partidos y coaliciones.

Esta democracia de los acuerdos, hecha a la medida de los empresarios, donde solo hay derechos para los que pueden pagarlos, no es una democracia para los trabajadores. La sola existencia del modelo bicameral es una prueba de la existencia de un modelo tutelado para la clase dominante. Se nos dice que tenemos derecho a elegir cada 4 años (o cada 8) pero las decisiones importantes la clase dominante la toma todos los días.

La división entre el poder legislativo y el ejecutivo no es mas que otra forma de resguardar esa dominación, y reservar la política solo para la clase que controla los medios para la subsistencia (las minas, el suelo, los bancos, las universidades, las industrias y las empresas) que a su vez está unida entre sí por múltiples vínculos. Pero a los trabajadores, los que día a día ponemos el mundo en marcha, se nos prohíbe del derecho de decidir y hacer política. Las largas jornadas laborales y los bajos sueldos son solo la expresión de la esclavitud moderna. Pero hay algunos, como el Frente Amplio, que nos dicen que el problema se soluciona con más transparencia, validando un modelo en que solo algunos tomen las decisiones y otros, “los representados” se nos expropie el derecho a hacer la política.






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