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Red Internacional

ARTE & CULTURA.El arte formal como estrategia política

El 7 de noviembre de 1929 se abren las puertas del Museo de Arte Contemporáneo de Nueva York (el MoMA), primer museo de arte moderno. Su objetivo era concentrar en un lugar las obras que se venían produciendo principalmente en Europa y que ya sus fundadoras venían coleccionando. Entre ellas, las obras de Seurat, Cezanne, Gauguin, Picasso, entre otras. Lillie P. Bliss, hija del Secretario del Interior de Estados Unidos bajo el mandato de William McKinley; Mary Quinn Sullivan, esposa de un reconocido Abogado; y Abby Aldrich Rockefeller, esposa de John Davison Rockefeller, empresario que llegó a monopolizar la industria petrolera; impulsaron la idea de crear el MoMA para lo cual acudieron a nuevas fuentes financieras y de respaldo político: Goodyear.

Bárbara BritoDocente y ex vicepresidenta FECH (2017)

Martes 10 de marzo de 2015 | 10:44

Todos ellos, provenientes de familias adineradas de los Estados Unidos de principios de los XX., fueron parte de los fundadores del MoMA. Sin embargo necesitarían un director: Alfred H. Barr, nacido en Detroit y salido de la universidad de Harvard, que venía además de recorrer las nuevas tendencias del arte Europeo.
Ahora, ¿porqué habrían grupos económicos y de elite tan interesados en impulsar el arte moderno en EE.UU. si ni siquiera era un lugar de desarrollo de estas tendencias?

El museo de moderno se abre sólo 9 días después del gran Crack provocado por las pugnas interimperialistas y la deuda que había dejado la primera guerra mundial, la misma que mantenía a los países de Europa como dependientes de la economía estadounidense. Una segunda guerra mundial se avecinó y, lo que en la primera guerra quedó en puntos suspensivos, se buscó resolver: Estados Unidos, Alemania, Rusia entre otros, buscaron por todos los medios conquistar la hegemonía mundial. En este contexto, en esta disputa, el arte también debería jugar su rol: Alemania con el régimen Nazi en el poder, fortaleció su aparto de propaganda con Goebbels; Estados Unidos habría de buscar monopolizar las tendencias más novedosas en el arte que tanto éxito estaban teniendo en las tierras de Europa.

Alfred H. Barr, sin embargo, buscó levantar un museo que apuntara a la despolitización del arte enfocándose en la forma de las obras entregadas; arrancándolas de su contexto histórico y político. Había que higienizar a la vanguardia que venía concibiéndose a sí misma como expresión de la vida, como ligazón entre arte y praxis vital. Había que limpiar y sanitizar aquella expresión artística que venía naciendo de la mano de los levantamientos políticos de los trabajadores y el pueblo, ante el contexto de la segunda guerra mundial; como en Rusia, España o la misma situación Alemana que todavía no se definía por el triunfo del nazismo o el de la revolución proletaria en el 29’.

Alfred H. Barr crea un esquema de estudio y reconocimiento de las tendencias artísticas que responde a la lógica del árbol genealógico, con influencias internas entre las distintas vanguardias, con retroalimentación entre los distintos artistas tras la producción de su arte; abstrayendo la producción artística de su contexto, mostrando el surgimiento de nuevas “escuelas” desde una perspectiva inmanente, como si se diferenciaran por sus características formales únicamente y no por su desarrollo real; por su desenvolvimiento real en la vida cotidiana, en el contexto social y político donde se sitúa. El MoMA se configuró como el principal aparato cultural del régimen burgués que serviría además a la conquista de la hegemonía norteamericana.

A sí, el MoMA establece los cánones de lo que es y no es arte. Los artistas, para alcanzar el éxito, habrían de escoger como modelo al arte formalista de Barr. Para esto establecieron políticas dirigidas que transformasen la percepción de la práctica artística, desde el cambio de nombre del famoso cuadro de Picasso llamado en un principio “El burdel de Avignon” que pasó a llamarse “Las señoritas de Avignon”; hasta los muros blancos como forma de exposición que permitiera descontextualizar las obras, mostrarlas como objetos ahistóricos poniendo énfasis en su constitución meramente formal.

En definitiva, el arte formal se constituyó como una estrategia política de los grandes grupos económicos, con el fin de vaciar de contenido y despolitizar las manifestaciones más contestatarias, que empujaban a cuestionamientos de la sociedad capitalista en un contexto político, económico y social donde su hegemonía no estaba asegurada. Este arte formal, este arte “apolítico”; se constituye en realidad como una de las principales estrategias político-culturales del Estado Burgués.


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