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El coronavirus en la Rusia capitalista

A medida que el resto del mundo continúa luchando contra el coronavirus, el gobierno ruso no solo ha fallado en combatir eficazmente la emergencia, sino que ha intentado ignorarla activamente al igual que el sufrimiento de sus ciudadanos.

Sábado 16 de mayo | 08:14

Imagen: AFP

Al mirar alrededor del mundo, es dolorosamente claro que el sistema económico del capitalismo es brutalmente, incluso criminalmente, incapaz de luchar contra la pandemia actual. De hecho, esta pandemia ha revelado lo que muchos de nosotros ya sabíamos lo que era la verdadera cara del capitalismo: una búsqueda interminable de más ganancias sin tener en cuenta en absoluto las necesidades de las personas.

En esta crisis del capitalismo en todo el mundo, se ha hecho evidente que el estado es poco más que una herramienta de la clase capitalista.

Y en ninguna parte se ha demostrado mejor que en mi país de origen, Rusia, el cual, según los historiadores liberales occidentales, hace apenas 30 años se había "liberado" de los "maleficios del comunismo", reemplazando lo viejo con el "nuevo y maravilloso capitalismo". Pero ahora, ante una crisis tan grave y peligrosa como la actual, el gobierno ruso está haciendo poco para ayudar a la clase trabajadora de Rusia.

Inicialmente, cuando el coronavirus comenzó a aparecer en Rusia, la respuesta fue, por decirlo suavemente, confusa. El gobierno trató de evitar un brote masivo sin pánico público y, por lo tanto, no cumplió ambos criterios. Rusia fue uno de los últimos países en prohibir las reuniones públicas o posponer la liga local de fútbol (soccer), lo que redujo el posible pánico pero aumentó la probabilidad de propagación del virus. El Metro de Moscú, que es el sistema de metro más activo y más grande de Europa, continuó operando con enormes colas.

Además, el gobierno federal no dio una respuesta oficial y continuó declarando con orgullo que todo estaba bajo control. Putin lo mostró mejor sin siquiera molestarse en dirigirse a la nación o declarar una cuarentena en todo el país (que hasta la fecha aún no ha hecho). Se podría argumentar que el gobierno tuvo un motivo oculto para no prohibir grandes reuniones públicas.

En ese momento, los rusos estaban a punto de votar en un "voto nacional" absurdo, que el gobierno estaba desesperado por celebrar a pesar de que pondría en peligro la vida de los ciudadanos rusos, en particular los pensionistas, quienes fueron hostigados para llegar a las urnas con promesas de mejores pensiones.

Este "voto nacional" socavaría el secularismo y la libertad de culto al agregar la mención de Dios a la constitución y reducir los derechos de la comunidad LGBTQ + ya marginada a través de la declaración oficial de que el matrimonio sólo puede ser entre un hombre y una mujer. También ampliaría la oficina del Presidente al darle el poder de nombrar fiscales locales y miembros de la corte constitucional ya corrupta, haciendo que la mayoría de los ministerios reporten únicamente al Presidente. Y ampliaría los límites de mandato de Putin, lo que significa que Putin podría seguir siendo presidente hasta 2036.

Posiblemente, el estado esperaba que una respuesta anticipada [al voto] pudiera hacer imposible una campaña adecuada contra los cambios constitucionales, confinándola al Internet. O posiblemente, el estado esperaba que la gente se manifestaría, en sentido figurado, alrededor de la bandera y apoyara inadvertidamente 12 años más de estabilidad putinista.

Sin embargo, como se vio en muchos otros países, esta pandemia tiene una tendencia a descontrolarse ante la inacción. En solo 7 días (de acuerdo con las estadísticas oficiales del gobierno que descubrimientos recientes han puesto en duda), el número de casos aumentó de los superiores a 1,000 (1,836 el 30 de marzo) a más de 15,000 para el 12 de abril, y las muertes aumentaron a más de 100 en el mismo periodo de tiempo. El estado se vio obligado a tomar medidas. O eso pensaría uno.

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A regañadientes, el estado reconoció el peligro del coronavirus y pospuso el "voto nacional", pero, a diferencia de la mayoría de los otros países, Putin se negó (y aún se niega) a declarar una cuarentena adecuada, decretando en cambio un "mesets nyerabochiy", un feriado forzado. La razón de esto es que bajo esta política, los trabajadores no pueden ser despedidos oficialmente de sus trabajos, sin embargo, eso no impide que las empresas simplemente se nieguen a pagarles a sus trabajadores ningún salario.

Estudios recientes han demostrado que el ingreso real para los rusos posiblemente disminuirá en un 12%, lo que simplemente devastaría a la familia rusa normal, que ya tiene que vivir con alrededor de 30-20 mil rublos (por contexto, esto es alrededor de 200-300 dólares) por mes .

El estado sigue negando con vehemencia cualquier tipo de ayuda económica o ayuda a los trabajadores. Por ejemplo, los rusos aún tendrán que pagar por el ZHKH (Zhlisho-Komunalnoe Hozyastvo), que es básicamente un pago general de servicios públicos, que se ha congelado en muchos otros países postsoviéticos como Georgia. Esto se combina con las inminentes bancarrotas masivas de las pequeñas y medianas empresas, que dejarán a millones de desempleados, sin ingresos estables, o incluso endeudados, ya que los pagos de créditos no se han congelado o anulado.

Al mismo tiempo, mientras que millones corren el riesgo de perder sus empleos o su dinero, los servicios sociales rusos han quedado atrapados completamente sin preparación. Después de 30 años de constantes reformas y recortes neoliberales, la sanidad pública rusa es un desastre en todos los aspectos posibles. Muchos hospitales no han sido renovados o reparados por más de 30 años, dejándolos en un estado terrible.

Además, los trabajadores de la salud tienen que trabajar en condiciones peligrosas, a menudo sin máscaras o equipo de protección. Esto es sólo empeorado por los bajos salarios y la falta de personal. Cada vez que los trabajadores médicos intentan organizarse y expresar su disgusto, se encuentran con la violencia y la intimidación del estado.

Un gran ejemplo de esto es la reciente visita del líder de la "Alianza de doctores" (uno de los únicos, si no es que el único sindicato independiente que representa a los trabajadores médicos), quien fue detenido y golpeado cuando intentó reunirse con doctores que se fueron a huelga.

Finalmente, el estado dirigido por Putin ha hecho poco para restaurar la confianza del público. A lo largo de la crisis, Putin nunca ha proporcionado ningún tipo de imagen coherente de lo que se debe hacer. Putin siempre ha culpado a otros, como los rusos que se van de dia de campo o hace declaraciones sin sentido que sólo crean confusión, como comparar el virus con las antiguas tribus nómadas. Además, la larga ilusión de que Putin es un elemento básico para un gobierno estable ha sido brutalmente expuesta con el caos y la confusión que su propio gobierno creó por su propia inacción.

El coronavirus finalmente también ha demostrado que Putin y los oligarcas "nacionales" que lo rodean están desconectados con las realidades que la familia trabajadora rusa tiene que enfrentar, incluidos los precios crecientes, la pobre atención médica y educación, la falta de empleos bien remunerados, pensiones reducidas y constantemente mayor opresión del Estado.

Ante esto, la "oposición" está tan dividida como siempre. Los capitalistas neoliberales continúan ofreciendo su cura: desregulación completa del mercado y vender una vez más a Rusia para saquearla en los mercados occidentales, mientras que al mismo tiempo, el socialista reaccionario Partido Comunista de la Federación Rusa no logra organizar una verdadera alternativa al estado.

Esta es una publicación invitada. Las publicaciones de invitados no reflejan necesariamente las opiniones del comité editorial de Left Voice. Si desea enviar una colaboración, contáctenos.

[Este artículo se publicó en la página de Left Voice, edición estadounidense de la red internacional La Izquierda Diario. del cual ofrecemos su traducción al español.]

Traducido por Raúl Dosta para La Izquierda Diario México.






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