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Red Internacional

Cambio de mando. El “gobierno feminista” de Gabriel Boric y el movimiento de mujeres

Comienza otro 8 de Marzo faltando solo días de que se inaugure el gobierno de Boric, el movimiento de mujeres y disidencias enfrentará los desafíos de conquistar las demandas peleadas por años en las calles combatiendo la ilusión de que estos se pueden conseguir manteniendo el orden neoliberal

ΙωαχεινSantiago de Chile

Martes 8 de marzo | 00:49

El feminismo fue para el Frente Amplio el gran descubrimiento político que terminó por encumbrar hasta el palacio de la moneda. Este descubrimiento , sin duda, no fue obra de un grupo de intelectuales en un laboratorio universitario. El feminismo fue una ola que emergió desde la fuerza misma de las contradicciones sociales del Chile neoliberal, pillando por sorpresa a una buena parte de la izquierda.

El sopor del retorno a la democracia pactada con el dictador buscó relegar al olvido todas las luchas sociales. Movilizarse no tenía sentido y solo había que esperar que la alegría llegará. Y claro, de la administración neoliberal no se podía esperar mucho. Un sector del movimiento feminista opto por incidir en la institucionalidad concertacionista y darle un enfoque de “genero” a las políticas represivas y precarizadoras de la vida. Pero se relegó ahí la incidencia y finalmente en los pasillos de la moneda el feminismo solo se convirtió en papers con escasa incidencia en las políticas del estado

El análisis político desde el feminismo, era una actividad política muy reducida en un sector de la izquierda estudiantil antes del 2011. Pero al calor de las movilizaciones estudiantiles una nueva generación de activistas del movimiento de mujeres y disidencias , críticos de la administración concertacionista y del legado conservador de la dictadura, que se rebelaron contra el status quo patriarcal, heterosexual y capitalista. Este movimiento surgió de las organizaciones de base y grupos de la extrema izquierda principalmente libertaria y trotskista , así como una amplia gama de corrientes políticas feministas que estaban en constante pugna ideológica con los partidos de izquierda.

Sus concentraciones rara vez tenían presencial de dirección del movimiento estudiantil, y cuando sus acciones comenzaron a suscitar el interés de la juventud y hacerse más masivas, como la marcha del aborto del 2013 que concluyó con la toma de la Catedral de Santiago, acción que incluso fue repudiada por una parte no menor de quienes componen el futuro gobierno.

La fuerza de la marea feminista venía gestándose desde que comenzaron las manifestaciones contra el modelo neoliberal. Con cada nueva oleada, mujeres y disidencias fueron integrándose a una vida política por mucho tiempo negada a la par que los movimientos históricos de la diversidad sexual y sectores de mujeres no integradas continuaban agitando las reivindicaciones históricas.

El congreso por la educación no sexista el año 2014 fue un punto de concentración de toda esa experiencia histórica, representada por organizaciones de mujeres, secretarías estudiantiles de géneros y disidencias, organizaciones de la diversidad colectivas, etc. Los debates ideológicos dado en dicho congreso principalmente entre pan y rosas, y la Alzada , exponente del anarco feminismo respecto a la política y programa del feminismo , la relación con la institucionalidad, el cómo se replican las estructuras del sistema en el mundo educativo, sentarán las bases de todas las elaboraciones posteriores.

Las organizaciones principales que por ese entonces dirigían el espacio político que hoy conocemos como el frente amplio le dio poca importancia a tal evento sucedido cuando comenzaba el segundo mandato de Bachelet . Centraron toda su estrategia política en incidir en una reforma educativa a la cual fueron invitados pero que finalmente solo terminan validando el lavado de imagen del mercado educativo. Aunque muchas de las exponentes del feminismo libertario hoy son parte importante del nuevo gobierno.

No fue sino hasta el mayo feminista, movilización universitaria surgida del impulso de la marea verde, las masivas movilizaciones de #niunamenos, y con una fuerte crisis política en todas las organizaciones de izquierda, que el Frente Amplio vio nacer a toda una nueva camada de dirigentes y que pasaron al frente, reinterpretando una marea que surgía.

Pero en esa reinterpretación de la fuerza del movimiento de mujeres vimos surgir sus contradicciones programáticas. Un exceso de confianza en el punitivismo estatal, mismo usado para reprimir a sectores de clase y una reticencia a vincular las demandas universitarias contra el abuso académico y las condiciones de precariedad laboral, que la estrategia del Frente Amplio quedó desnuda. Aprendiendo a hablar el lenguaje social y traducirlo a la academia institucional se prepararon para una nueva versión del feminismo de la concertación , un feminismo ministerial.

Ejemplos de este actuar condescendiente con el orden neoliberal lo hemos visto sin que el gobierno de Boric haya asumido aún. En la reciente votación a la reforma de pensiones diputados del Frente Amplio ni siquiera se fijaron en que la PGU establece que el bono adicional de pensión para las mujeres se empieza a pagar desde los 65 y no los 60 como es su actual edad de jubilación dejando pasar ese implícito estimulo a jubilarse más tarde, una demanda muy importante para la patronal, que año a año lucha por subir la edad de jubilación o la nula atención que entregaron al conflicto de integra, trabajadoras de la educación, cuya conducción estará a manos de la nueva primera dama feminista.

Incluso el aborto lo dan por aprobado y están dispuesto a limar sus aspectos que asusten más al orden conservador , como el proyecto solo de despenalización que presentaron en el congreso. Aborto lo ganamos en la calle.

Institucionalizar demandas de las mujeres

La creciente feminización de la pobreza en Chile y el retroceso en inserción laboral por la pandemia hacen manifiesto que es ilusorio pensar en un programa de reivindicaciones principalmente culturales, como las políticas de representación y cuoteo en cargos públicos, pues directamente no responden a lo necesario: terminar con la precarización de la vida.

El Estado y el régimen político se la están jugando por cooptar la potencia del movimiento de mujeres y disidencias, reducir su capacidad revulsiva y neutralizar sus elementos combativos. Ampliar el Estado y sus instituciones, no solamente de la mano de los partidos de los 30 años como el Partido Socialista, sino que buscando frenar todo cuestionamiento radical y movilización independiente.

En un contexto de pandemia donde muchas compañeras y compañeres vieron su rol esencial en la sociedad, está planteada la posibilidad de construir un feminismo que se plantee anticapitalista, antiimperialista, antirracista y antipatriarcal, que se oponga teórica y prácticamente al feminismo neoliberal en todas sus variantes, que entrampan nuestra lucha y la llevan al callejón sin salida de la institucionalidad.




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