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Red Internacional

La tradición marxista revolucionaria no eludió desarrollar la actividad militante al interior de los sindicatos, aunque estos estén controlados por agentes de la clase enemiga. Pero tampoco cayó en el error de idealizar los sindicatos, como si estos expresaran directamente los intereses de la clase obrera.

Juan ValenzuelaProfesor de filosofía. Partido de Trabajadores Revolucionarios.

Lunes 1ro de agosto de 2016 | 18:27

Lenin, Trotsky y los sindicatos

“No actuar en el seno de los sindicatos reaccionarios -escribía Lenin en 1920-, significa abandonar a las masas obreras insuficientemente desarrolladas o atrasadas, a la influencia de los líderes reaccionarios, de los agentes de la burguesía, de los obreros aristócratas u "obreros aburguesados" […] Para saber ayudar a la "masa", para adquirir su simpatía, su adhesión y su apoyo, no hay que temer las dificultades, las zancadillas, los insultos, los ataques, las persecuciones de los "jefes" […] y trabajar sin falta allí donde estén las masas.” Cuando Trotsky escribía en el Programa de Transición (1938), que el “autoaislamiento cobarde fuera de los sindicatos […] equivale a la traición de la revolución” no hacía más que retomar esa tradición forjada por el bolchevismo.

A nuestro modo de ver, todavía es vigente esto de dar la pelea allí donde estén las masas, en los sindicatos, sin temer a las dificultades y zancadillas de dirigentes reformistas y burocráticos.

Recabarren y la Foch (Federación Obrera de Chile)

En Chile, esta tradición también existe. Luis Emilio Recabarren, junto a sus compañeros del entonces Partido Obrero Socialista (POS), en 1919, conquistó la dirección de la Federación Obrera de Chile. Esta organización había sido fundada en 1909 por los ferroviarios con el nombre de Gran Foch. El fin: cobrar un porcentaje de su salario adeudado desde el año anterior. El abogado conservador Pablo Marín Pinuer, contratado por los trabajadores, terminó influyendo de modo crucial en la orientación de este organismo: se hizo “apolítico”, conciliador y reformista. Esto empezó a cambiar en 1916, luego de una enorme huelga ferroviaria.

Por otro lado, militantes del POS, desde Valparaíso y Concepción, al menos desde 1915, daban la pelea por transformar la Gran Foch. En un Congreso de la organización, realizado en San Carlos ese mismo año, desplazaron a Marín Pinuer. La organización ya venía abriéndose a otros sectores de trabajadores, saliendo de los marcos corporativos. Recabarren, que hasta mediados de 1915 tendía a contraponer la Federación Obrera de Magallanes (FOM) a la Gran Foch, cambia de opinión. En 1918, emprende la pelea práctica por que los socialistas conquisten su dirección. El POS contaba con una importante “fortaleza” en la zona norte del país.Recabarren, recién retornado de su exilio en Argentina, forma secciones locales de la Foch en Antofagasta. Según algunos estudios, ese año, los miembros de la Foch en Antofagasta, eran unos 4.000. Sólo dos años atrás, en la II Convención de la Foch, realizada en Valparaíso, los 35 delegados presentes representaban a 4.500 miembros. Es decir, la victoria de los socialistas en la Foch, y su refundación en base a principios clasistas, tiene mucho que ver con su gran peso orgánico en el norte. Esto es muy importante: no hay que representarse la recuperación de la Foch como un mero desplazamiento en las alturas de unos dirigentes por otros.

Recuperar los sindicatos hoy

Hoy en día, pelear en los sindicatos también exige que los revolucionarios sean fuertes en la base, que cuenten con verdaderos bastiones o fortalezas. Pero las coordenadas de los combates actuales se han modificado. En la época de Recabarren no existía la burocracia sindical vinculada directamente al Estado y a la patronal y tampoco el estado regimentaba legalmente la estructura organizacional de los sindicatos, como ocurre hoy en día. Humberto Valenzuela hablaba de un “sindicalismo libre” en contraposición al “sindicalismo legal” posterior.

¿Hay que dar entonces la pelea en los sindicatos actuales? Creemos que sí. Pues éstos no dejan de ser una herramienta de los trabajadores, aun en las circunstancias actuales. Pero no hay que hacer “fetichismo sindical”. Es actual el consejo de Trotsky: “Por todo lo que antecede, las secciones de la IV Internacional deben esforzarse constantemente no sólo en renovar el aparato de los sindicatos, proponiendo atrevida y resueltamente en los momentos críticos nuevos líderes dispuestos a la lucha en lugar de funcionarios rutinarios y arribistas, sino en crear en todos los casos en que sea posible, organizaciones de combate autónomas que respondan mejor a los objetivos de la lucha de masas contra la sociedad burguesa, sin detenerse, su fuese necesario, frente a una ruptura abierta con el aparato conservador de los sindicatos.” En otras palabras, la pelea por recuperar los sindicatos no es tal si no va de la mano con el desarrollo de la autoorganización que excede la “legalidad sindical”.

La recuperación de los sindicatos y los organismos centrales de los trabajadores tiene hoy una importancia fundamental, en el marco de desaceleración económica con despidos en muchos rubros, como la minería. Las direcciones han frenado las movilizaciones por su confianza en un régimen heredado de la dictadura. ¿Qué otra cosa es la actuación que tuvieron las direcciones de la CUT frente a la reforma laboral? ¿Y la incapacidad de organizar la resistencia a los despidos?

Aun así, hemos visto una mayor disposición de los trabajadores a movilizarse, aumentando la cantidad de huelgas año a año, tanto legales como ilegales, lo que permite que en sectores se haya logrado sobrepasar los marcos formales de los organismos sindicales. Como la experiencia de los trabajadores postales en el 2013 y los delegados autoconvocados que permitió la coordinación y la unidad efectiva de la movilización, sin divisiones por afiliación sindical.

La “rebelión de las bases” en profesores el 2014, que frente la traición de la dirección del Colegio de Profesores, destacó a delegados que se ponían a la cabeza. En Antofagasta, estas experiencias han generado aprendizajes: trabajadores de la planta de explosivos Orica formaron una lista sindical que logró sacar a la burocracia, y generaron un movimiento al interior de la fábrica para recuperar el sindicato. Ahora la base está en el centro de la organización sindical: se ha levantado una comisión de mujeres, se han elegido delegados por área de trabajo, se ha creado un boletín de fábrica, una comisión revisadora: distintas instituciones conformadas con trabajadores de base. Ante los despidos, en menos de una semana, los trabajadores de Orica lograron generar unestado asambleario que decidióel camino a seguir y potenció la disposición de movilización, con 6 asambleas en las áreas de trabajo y una asamblea general que votó el paro.La Izquierda Diario, con videos y artículos ha contribuido a este proceso. La empresa se vio obligada a pactar no realizar más despidos hasta la negociación colectiva y algunos beneficios. Desvinculó al gerente de las plantas. Chocó con una organización viva de los trabajadores.

Aprender de la historia y la experiencia

Si bien, aún queda camino por recorrer es necesario que aprendamos críticamente del movimiento obrero y del rol de los revolucionarios. Es una tarea actual y principal empezar a recuperar los sindicatos. La recuperación en mano de la base y la contribución de los revolucionarios del siglo XXI permiten no sólo poner una bandera de democracia de trabajadores que prepara la autoorganización dentro de los centros laborales, sino que la recuperación de la tradición y los patrimonios como clase obrera. En el siglo XXI es necesario volver a la figura de Recabarren, y continuar la lucha de tantos hombres y mujeres que dejaron sus vidas por la causa proletaria con el único fin de vencer y avanzar a una sociedad sin clases.




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