Política Chile

EDITORIAL

El plan de Piñera frente al Covid-19: estrujar a los trabajadores hasta que se enfermen

Las medidas del gobierno chileno sobresalen a nivel internacional. Pero no precisamente por su efectividad para mitigar el avance del virus. Sino por ser uno de los planes que con más descaro busca proteger a los empresarios y a los ricos, a costa de la la clase trabajadora y sectores populares.

Fabián Puelma

Santiago de Chile

Viernes 27 de marzo | 18:01

No era ineficiencia. No eran medidas aisladas. Ahora resulta evidente que el plan de Piñera tiene una férrea lógica: aprovechar cada minuto disponible para mantener el funcionamiento de la economía para asegurar las ganancias empresariales.

Casi ningún presidente del mundo se ha atrevido a tomar medidas tan escandalosas y descaradas. Y no precisamente porque éstos se preocupen por la salud del pueblo. Merkel, Macron, Pedro Sánchez o Alberto Fernández, encabezan gobiernos perfectamente capitalistas. Pero aparecer tan claramente como gerentes es “un poco mucho”.

Piñera quiere emular a Merkel en sus cínicos discursos: no llega al punto de la brutalidad verbal de un Bolsonaro o un Trump, pero sus medidas son incluso peores. Bolsonaro tuvo que retroceder en su decreto que permitía a los empleadores no pagar los sueldos de los trabajadores por hasta cuatro meses. En Chile esa medida la tomó la Dirección del Trabajo por vía administrativa.

Millones de trabajadores acumularon más rabia con el dictamen de la DT que califica la pandemia como “caso fortuito o fuerza mayor”, permitiéndole a los empleadores suspender la relación laboral sin pago de remuneraciones. Se abre la puerta de par en par generalizar la práctica que ya muchos trabajadores han denunciado de otorgar licencias sin goce de sueldo, dar vacaciones anticipadas, haciendo anexos de contrato que te obligan a firmar bajo amenaza de despido.

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Todo, mientras establecen una militarización a la medida de los empresarios, que ni siquiera intentaron disimular: toque de queda desde las 22 hrs a las 5 am. Un verdadero traje a la medida para asegurar la jornada laboral, y de paso, intimidar preventivamente ante cualquier atisbo de protesta. ¿Militares asegurando la libertad empresaria? Suena familiar.

Al mismo tiempo, Piñera aparece en la tele diciendo que la curva de contagios en Chile es única en el mundo, y repite hasta el cansancio que su gobierno es un ejemplo de eficiencia y rapidez a nivel internacional. Pero los números no están claros. Al contrario, lo único tangible es que hay múltiples voces cuestionado las cifras oficiales. Hay microbiólogos que, proyectando los datos oficiales, afirman que en realidad hoy habrían 30 mil contagiados.

Por otra parte, desde el gobierno anuncian que Chile tiene una alta capacidad para realizar test (unos 10 mil diarios), pero durante semanas se hicieron apenas 800 diarios sin ninguna explicación coherente y hasta el día de hoy los resultados de los que se realizan tienen un desfase de varios días.

No, Chile no es Corea del Sur ni sigue esa estrategia. Piñera usa el ejemplo de ese país para justificar su política. Es evidente la intencionalidad: si dieran a conocer o proyectaran realistamente los datos, el número de contagiados sería muy alto, y haría irresistible la presión por una cuarentena total. Esto atentaría, a su vez, contra la estrategia de Piñera que es mantener funcionando la economía el mayor tiempo posible, sin perder ningún minuto para que los trabajadores se sigan exponiendo al virus.

Otra de las aristas de la estrategia es el plan fiscal de rescate a las empresas. A medida que se fueron conociendo los detalles de su plan de “protección del empleo”, más claro queda que es totalmente desfavorable a los trabajadores. Mientras que en países como Italia o España se han prohibido los despidos durante algunos meses, en Chile al gobierno no se le ocurrió nada mejor que usar el fondo del seguro de cesantía, que es aportado por los mismos trabajadores, para paliar los efectos de las suspensiones de trabajo.

No sólo eso. El gobierno había anunciado que inyectaría US$ 2.000 millones al “fondo solidario” del seguro de cesantía, pero en su proyecto se establece que sólo se echará mano este fondo luego de que se agote el fondo individual ahorrado por los propios trabajadores. Si además consideramos que ya hoy los empleadores no aportan casi nada al fondo del seguro, porque pueden descontar el monto al que están obligados por ley de las indemnizaciones por despido, es claro que se trata de un negocio redondo para los empresarios.

Pero esto no termina aquí. Los US$ 2.000 millones que aportaría el Estado para el fondo del seguro de cesantía, el gobierno pretende financiarlos no con impuestos a las empresas o algo por estilo, sino sacarlo del Fondo de Reserva de Pensiones que está destinado a financiar el pilar solidario de pensiones. No pierden nunca. Así, descontando el miserable bono de $ 50 mil para trabajadores informales, todo el resto del Paquete Fiscal de casi US$ 11.750 millones va para inyectar liquidez a favor de las empresas y beneficios tributarios. Blindar a los empresarios por todas las vías es la máxima suprema del gobierno.

Todas estas medidas permiten la desidia y prepotencia de los jefes y dueños de Chile. Se han viralizado videos con jefes obligando a obreros de la construcción a trabajar: “es decisión de ustedes, yo puedo tener la obra parada un par de días, pero voy a encontrar nuevo personal. Ustedes difícil que encuentren otro trabajo”. Literal. También se dio a conocer la política de multinacionales como BHP de Minera Escondida, que confesaron que planifican una tasa de contagio del 30% de la dotación. ¿Parar la faena? Ni muertos. La solución sería habilitar campamentos que funcionen como hospitales de campaña por sospechas de contagios.

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Es el momento que los mismos que hoy están en el ojo del huracán, las y los trabajadores y sus familias, planteen un plan alternativo con medidas urgentes que sólo serán efectivas si afectamos la propiedad y ganancias de los grandes empresarios, superando también la escandalosa complicidad de las dirigencias sindicales como la CUT.

Medidas de cuarentena generalizada sin ningún plan sanitario serio y coherente que contemple tests masivos, la centralización del sistema de salud, entre otras medidas, como lo hace Alberto Fernández en Argentina, tampoco son una solución. Mucho menos medidas como las que toman los gobiernos de las potencias con multimillonarios planes fiscales para salvar a las empresas, mientras día a día se siguen muriendo cientos de personas.

Los capitalistas no ponen límites a la hora de gastar en guerras o en salvar a los bancos y corporaciones. Y sabemos que cuando ganan, solo ganan ellos, y cuando pierden, nos obligan a nosotros a pagar sus crisis. Todos los recursos deben estar puestos para combatir el virus, planificando y controlando el sistema de salud y la economía por parte de los trabajadores y la población.

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