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Red Internacional

Columna editorial. El retorno de Bachelet : ¿Comienza una nueva transición?

Durante la jornada de este lunes Bachelet anuncio que no repostulará a su cargo en la ONU. Su renuncia se da en medio del enojo de los EEUU por el acercamiento de la ex presidenta a su rival estratégico China. Sin embargo, esta trastienda poco tiene que ver con una operación, orquestada por el progresismo y los medios de comunicación, para levantarla como "salvadora" del proceso constituyente. ¿A qué regresa la ex presidenta?

Martes 14 de junio | 08:06

¿A qué regresa Bachelet? Su círculo cercano señalan y reconoce, que su regreso ya se venía fraguando al menos desde el verano dado que la ex presidenta quería estar más cerca de su familia. Sin embargo, este motivo sentimental no estaría motivado solamente por los lazos afectivos de la actual comisionada de la ONU.

Para los analistas del medio el regreso parece conveniente para el actual gobierno. Con la suerte de Boric atada al resultado del plebiscito, y dado que la opción apruebo que impulsa el oficialismo ,pese al repunte, continua perdiendo en las encuestas el sumar a un "nuevo" actor parece atractivo. No pocos sostienen que el perfil de la actual comisionada de la ONU empalma precisamente con el sector que el apruebo necesita para ganar: personas mayores de 50 años.

Dada esta necesidad, es que el "mundo progresista", del presidente para abajo, ha salido a recibir su llegada con los brazos abiertos como si de una nueva venida del mesías se tratase. Prácticamente no hay espacio para la crítica a su gestión sin ser tildado de "colaborador con la derecha y el rechazo". La ironia de esto para sus actuales escuderos, es que la ex presidenta jugo un rol clave en reprimir, desviar y desarmar políticamente a la generación estudiantil que impulsó a los actuales inquilinos de la moneda.

Una operación de blanqueamiento histórico

El segundo mandato de Bachelet concluyó con la profundización de la crisis política que ella misma se propuso superar. Los fuertes lazos de su gobierno con el empresariado, quienes incluso financiaron su campaña, quedaron al descubierto en medio del escandalo que sacudió a toda la casta política por el financiamiento irregular de sus campañas.

Pero también su mandato, al igual que el primero, quedo marcado por la fuerte represión desplegada contra los movimientos huelguísticos que tras el 2011 aparecieron fuertemente en el panorama chileno. El caso más emblemático fue el asesinato de Nelson Quichillao a manos de carabineros cuya muerte aún esta impune.

Pero la represión no solo afecto a trabajadores y estudiantes. El pueblo mapuche sufrió una particular escalada en los ataques de uniformados contra las comunidades para garantizar el negocio de las forestales. El propio subsecretario de Bachelet, el señor Aleuy se vio fuertemente involucrado en el montaje policial contra dirigentes del pueblo mapuche conocido como caso huracán y cuyo destape abrió una importante crisis en la policía. Crisis acentuada dado que el general de carabineros que sostenía a la presidenta tuvo que renunciar por los escándalos de corrupción y fraude al fisco de dicha institución.

Esta enumeración podría continuar, dado que solo nos referimos a hechos del segundo mandato. Sin embargo, todo aquello que podría implicar alguna responsabilidad de Bachelet en mantener el régimen de los 30 años parece ser convenientemente olvidado. La operación de blanqueamiento histórico ahora la presenta como una víctima incomprendida cuya visión de futuro que habría evitado la rebelión fue truncada "contra su voluntad". ¿Y quién mejor que una aparente víctima para enterrar definitivamente a la rebelión?

La vuelta de mano

Este blanqueamiento histórico comenzó durante la segunda vuelta de las elecciones presidenciales del 2021. La desesperación de Apruebo Dignidad ante la ventaja de Kast los hizo presas fáciles de la operación retorno de la mandataria. Los hechos del último gobierno y el cuestionamiento a su figura por la rebelión la habían relegado a su exilio dorado en la ONU. Pero dado que la necesidad tiene cara de hereje, fueron quienes se presentaban como representantes de la rebelión quienes la convocaron de vuelta , tanto en la convención como el futuro gobierno, pidiendo su auxilio.

Con el complicado escenario electoral que se avizoraba para Gabriel Boric, tanto el Frente Amplio como el PC echaron mano a las viejas prácticas de entregar su alma a la vieja concertación y quién mejor que la expresidenta para darles una ayudita para convencer a un “indeciso” centro político de finalmente vencer sus temores al programa “extremista” de Apruebo Dignidad y evitar el triunfo de la extrema derecha.

Y pese a que el amplio triunfo de Gabriel Boric fue obtenido por una importante votación en los sectores populares, que regularmente no votan ( lo que hace imposible clasificarlos como gente de centro, ya que por definición alguien de centro es quien participa regularmente de los canales institucionales), la fragmentación parlamentaria hizo necesario construir el relato de que el triunfo de Apruebo Dignidad fue gracias a los votos de la concertación , quienes eran necesarios para conformar una coalición de gobierno.

¿Una nueva transición?

Ahora esta necesidad, o cambio de favores si usted lo prefiere, tampoco revirtió la debilidad del gobierno de Boric, lo que prueba el punto anterior de que la base social y popular que busca el gobierno no se encontraba en esa dirección. Y pese a que el gesto de la ex presidenta fue retribuido con una importante influencia , colocando incluso a personas cercanas a la ex presidenta en los ministerios de Exteriores, Hacienda y ahora Interior ( con el Ingreso de Ana Lya Uriarte como jefa de gabinete de Izkia Siches) parece no ser suficiente.

El retorno de Bachelet , pese a que en estricto rigor no coincide plenamente con el plebiscito, parece una clara jugada para apuntalar su influencia en un gobierno cuyo programa se ha moderado al punto de parecer ser una reedición de aquello que su gobierno buscaba implementar. También, la operación mediática por embellecer su antigua propuesta constitucional (construida por un par de profesores de constitucional con un barniz de participación popular simbólica) ha sido utilizada fuertemente por la vieja concertación como modelo para moderar todo el trabajo de la convención y buscar maniatar a los poderes reales.

No sería extraño que la ex presidenta desembarcarse no a buscar que sea aprobada la nueva constitución, sino a buscar liderar y conducir la transición , que requerirá un importante trabajo legislativo para “adecuar” lo aprobado con la “realidad institucional”. De esta manera la "operación retorno" buscaría morigerar aún más los aspectos que aún son problemáticos tanto para los inversionistas extranjeros, a los cuales Boric tranquilizo en su última gira, como a los empresarios locales quienes han chantajeado todo este tiempo para buscar mantener sus privilegios.

¿Y quién mejor que la ex presidenta que ha sido una experta en buscar jugar con las expectativas populares y modelarla al gusto de los Lucksi y Ponce Leru (que financiaron la campaña para su segundo gobierno? ¿Quién mejor que una aparente víctima de las circunstancias para confundir a la opinión pública con un mensaje de "defensa del apruebo" para defender las instituciones del rechazo?

La respuesta a estas preguntas se irá develando con el curso de los acontecimientos. De ya que la aclamación unánime desde los partidos neoliberales hasta el Partido Comunista hace sospechar que la operación por instalarla como "salvadora del proceso constituyente" ( La izquierda la muestra como la carta para ganar el plebiscito y la centro derecha como quien puede liderar un consenso para moderar los excesos de la convención) esta en plena marcha.


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