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Red Internacional

el estudiantado chileno a sido a tenido un rol fundamental en movilizaciones sociales, con su rol activo en la revolución pingüina, funcionando como iniciadores de movimientos masivos o como gran apoyo a las movilizaciones de trabajadores, organizándose en base a asambleas y desde las más sentidas demandas de la población. A su vez, las autoridades universitarias juegan un importante rol desmovilizador y contradictorio en los objetivos principales de una universidad estatal, dictado en la ley 21094.

Martes 14 de diciembre de 2021 | 07:09

El movimiento estudiantil ha jugado un papel importante respecto a las movilizaciones sociales, funcionando como iniciadores de movimientos masivos o como gran apoyo a demandas de trabajadores, organizándose en base a asambleas y desde las más sentidas demandas de la población.

Así, estudiantes secundarios y universitarios han jugado un rol social que ha llevado a reformas en mejora de las condiciones de estudios e incluso trabajo, adhiriéndose a distintos movimientos sociales y conquistando demandas.

Este rol de mejora social por ley lo tienen las universidades y centros de educación, indicado en la ley nro. 21094 sobre universidades estatales que define el grado de autonomía y el régimen jurídico de las mismas, que lo han cumplido pero… aquí entramos en contradicción.

Históricamente el movimiento estudiantil se ha encontrado mil y una trabas para conseguir sus demandas que coincidentemente van con la misma perspectiva, pero entablar diálogo y democratizar los espacios de manera equitativa y coherente para poder integrar eso en la misma institución resulta imposible, dado que a pesar de la autonomía que se supone ostenta la universidad, la estructura orgánica de ella está dictada y no puede ser cambiada o actualizada, sin pasar por el gobierno y el parlamento ¿Cómo mejorar una estructura sin cambiar los pilares principales cuando estos ya no dan más?

Si legalmente las universidades estatales son autónomas (art. 1 ley 21094) para ejercer sus funciones de la forma que estime conveniente, con el único objetivo de mejorar la sociedad ¿Por qué no puede cambiar su forma de estructuración según lo necesario para cumplir ese objetivo? justamente porque la ley no lo permite.

Por ley las universidades públicas deben velar por el pensamiento crítico de los estudiantes y de la comunidad pero no aplican la crítica al modelo mismo de la educación para su mejoría, crítica que hace el estudiantado en la perspectiva de estar siendo educado bajo el mismo y además de cara a la realidad de la población trabajadora.

Es contradictorio ya que por ley, las universidades deben encontrar la mejor forma de mejorar las condiciones sociales, económicas y políticas de la sociedad chilena, con bases valóricas en diversidad, igualdad, equidad, respeto, solidaridad, etc. pero la mayor expresión de eso, que son las movilizaciones y organizaciones estudiantiles y de funcionarios por una mejor educación o por condiciones precarias, por el fin al lucro y de proyectos auto organizados, es reprimida y llevada a negociaciones de mala gana y que enmarcan a la institucionalidad reformas que en muchos casos se vuelven una pantalla para no cambiar el modelo, como los varios intentos de cambiar el estatuto orgánico en la USACH o de cambiar a su autoritaria directiva.

Si bien la ley dice que las universidades son autónomas y deben regirse por lo que sea mejor para la sociedad pero con el límite de los estatutos y la ley, no dan un marco de mutación acorde a la constante mejora de la educación misma, más bien, la misma ley limita las modificaciones orgánicas de la universidad y vemos como el Estado se mete en las reformas de estatuto orgánico que se han intentado, deteniéndose o maquillándolas ¿Qué autonomía hay, si las reformas que se quieren las puede detener el MINEDUC?.

Hemos visto ya cuanto han luchado los estudiantes de la USACH, quienes resultan cercanos a las necesidades sociales, para sacar al autoritario rector de su universidad desde 2006 en adelante y para democratizar el espacio universitario, aún sin lograr más que desvíos de rectoría y desgastarse bajo las presiones que pone para retomar las clases, dado que la vía de hacerse escuchar en la USACH es el paro.

Todo esto no hace precisamente a las autoridades decir que hay un problema, mucho menos asumir responsabilidades, pero que de tomarlo, no lo hacen del todo y la movilización pasa a ser necesaria. Tal vez vez si fuera más fácil para el estudiantado meterse en las políticas de la universidad y tuviera peso real como estamento mayoritario sobre decisiones que se tomen de manera colectiva, podría ser que las condiciones de estudio sean mejores, podría ser que los estudiantes y académicos avancen en base al libre debate público y colectivo, interdisciplinario y bien enfocado, poniendo sobre la mesa justamente las necesidades sociales más cercanas al estudiante popular.

Aquí es cuando nos topamos con intereses. Como los del rector de la USACH, Dr. Juan Manuel Zolezzi, quien debe dirigir la universidad en la perspectiva que dicta la ley, debería ser capaz de criticar la estructura de comando y los límites que entrega la ley misma para hacer su trabajo de la mejor forma, buscando el diálogo constante con las bases. Pero lleva desde 2006 en el cargo ganando un altísimo sueldo, reprimiendo a los estudiantes movilizados y poniendo en práctica reformas pantalla para calmar las aguas.

Si bien bajo el gobierno de Zolezzi la universidad de Santiago a progresado en diversas materias y se a alejado del borde de la quiebra como en algún momento estuvo, es un gobierno autoritario que no critica la forma misma en que se rige la universidad como problema estructural, dado que de ser de otra forma más democrática no llevaría a paros estudiantiles realizados una vez al año, que pueden durar meses y que tienen en la mira a Zolezzi como enemigo de la movilización por represor de la misma. Ni mucho menos le habrían quemado el auto si se buscara cambios en busca de lo mejor para el estudiantado, y el trabajo de este mismo en la sociedad.

El paro sirve para detenerse a pensar, cosa que es difícil en la universidad cuando se tienen una alta carga académica, también resulta difícil dialogar con alguien que no quiere dialogar, que si bien puede ser por presión del trabajo mismo de gobernanza unipersonal; que cuando hay negociaciones, más que un equipo en busca de mejoras, se asemeja más a un tira y afloja. Además, rectoría presiona constantemente el retorno a clases una vez comenzado el paro. Analoguemos, si hay algo mal con la máquina ¿No debería apagarse para arreglarla? No se va a arreglar andando, sería un caso especial si hay alguna máquina que funcionara así. Lo mismo aplica para los estudios universitarios, si no funciona bien hay que arreglarlo, para arreglarlo hay que parar, pensar, dialogar y poner en práctica, tarea difícil cuando la decisión pasa por una persona que no quiere dialogar con las bases ni parar las clases.

La democratización real de los establecimientos universitarios, con un cogobierno entre los estamentos, puede resultar ser lo mejor para la sociedad y en ese sentido estaría acorde a lo que dice la ley pero a su vez, la misma ley no permite cambiar la forma estructural de la orgánica universitaria, dado que debe haber un gobierno central unipersonal (rectoría) elegido por un grupo reducido de académicos, con un consejo superior que tiene harto peso pero que funciona de manera esporádica y un consejo académico que se encarga de las escuelas, definiendo así la forma en que se rige la universidad. El problema es que no se da margen de cambio, cuando lo que se requiere de cambios estructurales en las lógicas que nos regimos para cumplir el objetivo mismo de una universidad, en ese sentido el estudiantado tiene mucho que decir y él no escucharnos e incluso reprimirnos, resulta en que la universidad se aleja de la realidad concreta del estudiante y con ello de la realidad concreta de la clase trabajadora. Lo mismo respecto a las movilizaciones de funcionarios que han habido.




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