Política Chile

COVID-19

El suicidio juvenil en tiempos de pandemia, cuarentena y crisis económica

Los pronósticos son negros, durante este año la tasa de suicidios aumentará el doble en la juventud, este escenario se teje entre la crisis desatada por el COVID - 19 y la avalancha de la crisis económica que se avecina.

Lorena Gjik

Estudiante de licenciatura en música UA

Martes 14 de abril

En Chile la segunda causa de muerte es el suicidio, según las cifras del MINSAL. Es así como la cifra de suicidio entre jóvenes de 10 y 19 años ha aumentado considerable desde 1990; donde comenzó con una tasa de 2,7 por cada 100 mil habitantes, para el 2015 incrementó a un 5,1. Según expertos en el tema, el 2020 se doblará esta cifra en el país.
Los datos entregados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) indican que durante este año morirán un millón y medio de personas a causa del suicidio.

La salud mental en tiempos de pandemia

Los efectos de la cuarentena en la salud mental son innegables. De por sí la expansión de la pandemia significa una situación de miedo e incertidumbre que es potenciada por la ineficacia y el “oscurantismo” del gobierno - como lo ha llamado la presidenta del COLMED- respecto al avance del COVID-19, y la información que se entrega.

Si a esta situación le sumamos los efectos del encierro, del aislamiento social -forzoso- y de la pérdida de nuestra actividades cotidianas, como la pérdida de empleos, cancelación de clases, o incluso dejar de vernos con quienes queremos, etc. Esto desde ya implica para algunos estar privados totalmente de su libertad para transitar o bien implica que la vida está reducida aún más entre el trabajo y el hogar, cortando la socialización y partes importantes de la recreación. Nos encontramos con un panorama oscuro para muchos que aumenta los sentimientos de incertidumbre e inestabilidad.

Cabe destacar en este sentido que esto golpea de manera importante a la juventud, en especial para quienes sufren psicopatologías o complicaciones de salud mental, que en el caso de la depresión y los trastornos de personalidad son particularmente sensibles a los cambios en el hábitat social y las rutinas, desarrollando sus primeras crisis entre los 15 y 20 años.

La salud mental es una enfermedad del capitalismo y un problema del sistema de salud de mercado

Durante el 2018 los expertos en salud mental decían que el trastorno más común en Chile era la depresión, que para ese entonces afectaba a un 18% de la población, lo que es grave considerando que esta enfermedad ocupa a nivel mundial el segundo puesto entre las causas de discapacidad y muerte prematura (OMS).

Sin embargo el problema de la salud mental no es un problema abstracto. Además de tener su punto de partida en el ritmo de vida al cual estamos sometidos, toma continuidad y gravedad en la precarización del sistema de salud. El 2019 reparábamos que la mínima parte de la población afectada por problemas de salud mental había podido recibir tratamiento, encontrando en las causas faltas de tiempo y dinero por lo costosos que son los tratamientos. En esta línea la crisis del coronavirus devela la gran fractura expuesta que sufre el sistema de salud, no solo no dando a basto con los casos de COVID- 19, si no que teniendo que dejar de lado la atención de las enfermedades que no significan un riesgo vital inmediato, dificultando la entrega de medicamento y la realización de consultas.

El encierro nos hace sentir más solos de lo que estamos

Por todo lo anterior, no todos pueden mantener sus citas con psiquiatras o psicólogos, al mismo tiempo si no avanzamos a que se deje de cobrar los servicios de luz y conectividad pronto -en medio de los estragos económicos de la crisis sanitaria- las personas que están bajo aislamiento (que pertenecen a sectores empobrecidos) no podrán mantener contacto ni si quiera con amigos o familiares que vivan fuera de sus casas, acrecentando las consecuencias del aislamiento.

Pero la realidad, es que la cuarentena en Chile está solo impuesta para algunas comunas, mientras en la mayoría de las ciudades se mantiene el toque de queda y Estado de Emergencia, pero el propio avance de la catástrofe sanitaria y la misma campaña del Gobierno nos empujan inevitablemente a tomar nuestras propias medidas de resguardo, que por el momento se reducen a “si puedes, quédate en casa”, lo cual no es accesible para todos, teniendo en cuenta la gran cantidad de jóvenes que se mantienen trabajando en retail o en servicios de delivery (Rappi, UberEats, Pedidos Ya, etc).

En este escenario es importante no descuidar las alertas que expresan problemas de salud mental profundos durante este periodo; esto implica en lo posible mantener el contacto no solo con las personas que sufren enfermedades de salud mental si no que con el conjunto de nuestros cercanos, entendiendo que de por si esta situación trae consecuencias físicas y mentales.

¿Que futuro para la juventud?

Otro factor importante es el curso de los acontecimientos: El gobierno busca hacer ver que el COVID-19 cierra un capítulo de lucha que dejó nuevas expectativas para muchos, que se abrió con el estallido social. Pero es todo lo contrario, la pandemia ha profundizado un choque brutal con las opciones de vida que ofrece el capitalismo. Las fosas comunes que se están cavando en EE.UU son expresión de esto.
Y es que nuevamente como si de un portazo en la cara se tratase nos ha recordado que convivimos con el cadáver del sistema de salud pública y con millones de personas que a nivel mundial terminaran en las calles por consecuencias de los despidos.

Menciono esto porque el gobierno ha hecho todo lo posible para enrostrarnos que quienes tienen los recursos, la información y el control necesario para salvarse son ellos, en esta línea la desmoralización es también una herramienta política que busca ahogar las perspectivas de una sociedad distinta para reemplazarla con lo inminente que es el paso del coronavirus y el asentamiento de una crisis económica con una crisis para Chile que podría ser semejante a la de 1982.

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El COVID-19, es la guinda de la torta para una juventud amenazada con las predicciones del calentamiento global y la inestabilidad laboral, ahora todo esto está más cerca, por lo mismo no podemos olvidar que aparte de ser la juventud sin futuro, somos también la juventud que decidió enfrentarse a un gobierno asesino desde octubre, que provocó que todo el mundo tuviera los ojos en Chile a raíz de las denuncias por las violaciones de DD.HH y la incesante y memorable lucha callejera.

Lo intento ilustrar aquí. Los problemas de salud mental no surgen de la nada: son cientos los que sufren estas enfermedades, que es una realidad del capitalismo, provocada por la desidia empresarial, por la desigualdad de una sociedad de clases que a costa del sudor, lágrimas y la sangre de cientos acumula ganancias para unos pocos. Debemos recordar que no estamos solos, y que por lo mismo no podemos perder de vista el anhelo de acabar con todo aquello que nos oprime y nos explota.

Traer a nuestra memoria la sonrisa rebelde de esos jóvenes que saltaron las vallas del metro, y que con su acto de rebelión juvenil lograron tocarnos en lo más profundo de nuestra fibra y con ello despertar a un país entero. No estamos solos. Debemos comunicarnos y mantener viva esa llama que anunció el preludio de un nuevo Chile, para que el día de mañana seamos millones nuevamente. El preocuparnos por nuestra salud mental hoy en día es un acto de rebeldía frente al Gobierno, y un acto preparatorio para volver a llenar las calles, y que nuestros rostros se iluminen al calor de la movilización social.

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Sin embargo esta energía no puede reventar en un nuevo octubre, con todos los costos y ataques que estamos y vamos a recibir, es necesario que la rabia, la pena y la impotencia se convierta en una organización capaz de desequilibrar totalmente la balanza - superando incluso las jornadas de lucha del 12 de noviembre- ,lo que vamos a lograr únicamente si conquistamos también una herramienta política que se proponga acabar con este sistema, es decir un partido revolucionario que armándose con las experiencias de trabajadores, estudiantes, mujeres y el resto de los sectores oprimidos, no nos ofrezca esa resignación que termina en frustración e impotencia ante la tiranía de los empresarios, si no que reemplace el deseo de escapar de este mundo por las perspectivas de conquistar una nueva sociedad, para que juntos seamos un gran fuerza que derribe el capitalismo.






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