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Red Internacional

Luego de 16 años con el rector Luis Alberto Loyola en el cargo, la Universidad de Antofagasta tendrá nuevas elecciones de rector, en las que ni funcionarios ni estudiantes tienen derecho a voto. ¡Elección de las autoridades de forma universal y cogobierno triestamental ahora!

Sábado 23 de abril | 17:41

Este Martes 26 de Abril se llevarán a cabo las elecciones de rector 2022-2026 en la Universidad de Antofagasta, luego de que Luis Alberto Loyola ocupara el cargo de rector por cuatro periodos consecutivos, 16 años durante los cuales se opuso a las más mínimas demandas exigidas por les estudiantes en múltiples procesos de movilización, entre ellas, la exigencia del paso a planta de todos los funcionarios de la Universidad para poner fin a la precariedad laboral.

En pleno año 2022 las elecciones de rector aún se llevan a cabo de manera brutalmente antidemocrática y añeja donde ni estudiantes ni funcionarios podemos votar. Esto tras soluciones parche como la reforma educativa del segundo gobierno de Bachelet, que vino a desviar la demanda histórica del movimiento estudiantil por la democratización de las universidades, en un proyecto de ley que otorga cierta participación pero con profundos límites, manteniéndose en pie la demanda histórica de les estudiantes por el cogobierno y la triestamentalidad.

¿Quiénes tienen derecho a votar en las elecciones de rector?

En el año 2021 se modificó el Reglamento de Elección de Rector de la Universidad de Antofagasta, para extender el universo de los votantes en la elección de rector incorporando a los académicos con jerarquía de asistente o instructor. Pero que continúa sin dar respuesta de fondo a lo que por años hemos exigido les estudiantes ¡Elección de las autoridades de forma universal y cogobierno triestamental ahora!

Esto porque ni estudiantes, ni funcionarios como trabajadores de aseo, tenemos derecho a decidir quién dirigirá nuestra universidad. Mientras que, en el caso de los profesores, se establece como ponderación que el voto que emita un profesor de Jornada Completa, cualquiera sea su Jerarquía, vale por uno (1), en cambio el que emita un profesor con Media Jornada vale por cero coma veinticinco (0,25) y el emitido por un profesor contratado por horas valdrá cero coma diez (0,10). Lo que significa que el voto que emita un docente de planta puede valer hasta 10 veces más que el de un docente a contrata.

Existe una correlación evidente entre la precariedad laboral, los bajos salarios y la falta de representación política. Hoy los académicos que poseen las condiciones laborales más precarias son quienes tienen escasa incidencia en la votación. Hace solo un mes vimos cómo las y los estudiantes de obstetricia y puericultura (UA) denunciaron el no pago de sueldos a sus docentes, en su mayoría matronas que se encuentran contratadas a honorario, lo que no les permitió ingresar a sus prácticas clínicas. ¡Vamos por un sufragio universal! Para que cada vez que aparezcan con el fantasma de que “la institución está en crisis” no sean las y los trabajadores más precarizados quienes la paguen.

No podemos permitir estos métodos de elección añejos, censitarios y antidemocráticos, donde un grupo selecto decide a la autoridad principal de la Universidad encargada de administrar nuestros fondos de educación pública. Donde vemos que mientras vivimos una vuelta a clases con infraestructura precaria y malas condiciones laborales, el rector se mantiene con un sueldo que alcanza los $7.482.061, mientras que los funcionarios de aseo reciben un sueldo bruto que no supera $400.000 pesos, según datos entregados por el portal TransparenciaUA.

¿A qué nos referimos con Cogobierno, triestamentalidad y democracia en la Universidad?

Durante años, el movimiento estudiantil tuvo entre sus demandas la democratización de las universidades estatales, pues durante la dictadura de Pinochet, se decretó (DFL 2) la prohibición de que estudiantes y funcionarios pudiesen tomar decisiones dentro de la Universidad. Esta medida buscaba coartar cualquier posibilidad de organización estudiantil, y fue parte del plan para hacer más autoritaria la estructura universitaria, junto con poner trabas en el acceso a la Universidad, con el fin de que los hijos de la clase obrera no tuvieran acceso a la educación, y que la universidad siguiera siendo una máquina de reproducción de las ideas de los empresarios.

Esta demanda fue desviada por el Gobierno de Bachelet II, que en su Proyecto de Ley sobre Universidades del Estado ordena cierta participación estudiantil y de funcionarios, pero con profundos límites a la vez, sin que realmente ambos estamentos puedan tomar decisiones significativas respecto al rumbo de la universidad. De conjunto, este proyecto más que ser una conquista del movimiento estudiantil, se transformó en un desvío que terminó cambiando poco y nada de la estructura universitaria.

En estas elecciones vemos cómo las y los distintos candidatos a rector elaboran programas utilizando un lenguaje innovador e “inclusivo", invocando términos como “Diálogo y participación triestamental en la toma de decisiones”, pero que finalmente solo significan una abstracción ya que no constituyen propuestas concretas. Lo cual podría traducirse en formas de triestamentalidad donde guíe el espíritu de mantener en la medida de lo posible esta estructura de poder, como es el caso del senado universitario de la Universidad de Chile, donde las decisiones finales no responden necesariamente a las discutidas por los estamentos, sino que residen en las mismas autoridades quienes tienen el poder de tomar la última palabra a través de un consejo universitario conformado por decanos y el rector.

En lineamientos básicos podemos decir que el cogobierno implica una amplia forma de organización a través de los métodos de la democracia directa, donde estudiantes, funcionarios y académicos puedan votar y remover a sus delegados, y que éstos puedan llevar la voz de las bases a claustros triestamentales, pero también colegiados, en donde se llevan adelante las decisiones de las mayorías. En otras palabras, que el poder de decisión se encuentre en las bases, y no en las cúpulas del rector, empresarios y personajes de confianza del gobierno de turno.

Para lo cual las autoridades de la Universidad, es decir, rectores, decanos, directores de departamento y jefes de carrera deben ser elegidos por la comunidad universitaria en su conjunto. Asimismo, los consejos de carrera, de facultad y consejos directivos deben estar compuestos por igualdad de números entre todos los estamentos, estos son, funcionarios, docentes y estudiantes. Todos con derecho a voz y voto. Y que nuestro voto valga lo mismo ¡Una persona, un voto!

La existencia del cogobierno implica ponerle fin al autoritarismo universitario, pero a su vez implica que cada uno de los integrantes de la universidad cuestionen el rumbo de la casa de estudios en la que se encuentran, es decir, la función de sus carreras, su enseñanza y que rol juega la institución dentro de la sociedad, entre otras cosas.

¡Vamos por una educación democrática para conquistar todas nuestras demandas!

Dar esta pelea por una mayor democratización universitaria a través de la triestamentalidad y un cogobierno lleva a cuestionar las trabas materiales estructurales que hoy imposibilitan el acceso y permanencia en las universidades. Y las formas mercantilizadas de enseñar para la producción y reproducción de la burguesía y las clases dominantes. En donde ser estudiante universitario no sea un privilegio ni una vía para la diferenciación social.

Para Marx, la educación es una relación social y, en el capitalismo, la relación imperante es de explotación. Pues la educación que da la burguesía al proletariado busca perpetuar su relación de explotación y dominación cultural y espiritual. La única forma de lograr una nueva educación y con ello humanos plenamente liberados, es mediante la transformación de la sociedad.

Es así que dar la pelea por una mayor democratización de la universidad, por la triestamentalidad y el cogobierno, necesariamente debe implicar un cuestionamiento radical a la estructura universitaria y la enseñanza, para abrir las puertas a una universidad que esté al servicio de los trabajadores y la comunidad, y no al servicio de los grandes empresarios, donde sea posible pasar de la crítica de la universidad de clase a la crítica a la sociedad de clases.




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