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Red Internacional

El discurso optimista sobre la reactivación se devalúa. La reprimarización económica en la agenda. Vaca Muerta de remate en la gira presidencial. Y los problemas profundos sin resolver.

Pablo Anino@PabloAnino

Jueves 27 de abril de 2017 | Edición del día

"La recesión en la Argentina ha terminado" afirmaba Nicolás Dujovne en el mes de febrero. El martes el organismo oficial de estadísticas echó por tierra ese pronóstico: la economía cayó 2,2 % interanual en el segundo mes del año. El primer trimestre está prácticamente perdido: la consultora Fiel estimó una caída industrial de 2,7 % para los tres primeros meses del año.

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Los números del comercio exterior también alarman. Exhiben una tendencia creciente del déficit: las importaciones crecen más rápido que las exportaciones. El dólar planchado va erosionando la “competitividad”.

Los tres principales socios comerciales de nuestro país son Brasil, China y Estados Unidos. En todos los casos el comercio es deficitario para Argentina. “Volvimos al mundo”, celebró Mauricio Macri desde Davos hace ya más de un año.

A los botes, se viene otra lluvia de inversiones

El diario La Nación publicó los resultados de proyecciones oficiales de inversiones que se espera que lleguen durante los próximos diez años. Llamativamente, ese estudio, que fue tratado con “con absoluta reserva” por el Gobierno, fue destacado en la portada web del diario. ¿Operación de marketing? Tal vez ¡Qué la esperanza no decaiga en medio de las tempestades!

Los funcionarios hablan de “Tres nuevas pampas húmedas” que están al remate del mejor postor internacional: unos U$S 270.000 millones potencialmente podrían ingresar al país, fundamentalmente para proyectos energéticos, mineros y agroindustriales. Es decir, una súper reprimarización productiva está en carpeta.

El año pasado desde el Ministerio de Hacienda se calculaba en casi U$S 100.000 millones las inversiones hasta 2019. Aunque para un período más amplio, ahora los cálculos se expandieron 170%. Se está frente a un fenómeno extraño y único en el mundo: el aumento exponencial de las oportunidades de inversiones va acompañado de un derrumbe económico.

Los datos duros muestran que la inversión durante el año pasado tuvo el registro más bajo del período que va entre 2011 y 2016. La ficción parece estar invadiendo los “animal spirits” de los analistas de Cambiemos.

De remate

El presidente Macri se postula como el cambio frente al “populismo” que gobernó doce años: ese de la “pesada herencia”. Cuan converso, la gira por el centro del imperio es para rendirse a los pies de un “populista” demagogo con el que tiene una larga relación.

La primera escala de su viaje la realizó en Houston. Allí visitó una planta de Dow Chemical y otra de Tenaris, la empresa del Grupo Techint. Además, se reunió con decenas de empresarios, la mayoría petroleros. Está ofreciendo Vaca Muerta al mejor postor. Es la gran apuesta para sacar la economía del pantano siguiendo el “modelo” Chevron.

Como certificado de “seguridad jurídica” al presidente lo acompaña Guillermo Pereyra, el burócrata de los petroleros. Es el garante de bajar los “costos” laborales con el convenio flexibilizador y anti obrero que firmó para la producción de combustibles no convencionales. También viajó el gobernador de Neuquén, Omar Gutiérrez.

El acuerdo entre YPF y Chevron para explotar Vaca Muerta fue ratificado por la legislatura neuquina en 2013 con el firme impulso del Movimiento Popular Neuquino (MPN) y del kirchnerismo a través del Frente Grande-Nuevo Encuentro.

El MPN es el partido de Pereyra, que en aquella votación ordenó al legislador Daniel Andersch rechazar el acuerdo, y de Gutiérrez, por entonces ministro de economía de Neuquén.

Durante la jornada de esa sesión legislativa, los por ese entonces socios del kirchnerismo, reprimieron a una movilización que rechazaba el acuerdo. El Frente de Izquierda fue un vocero del repudio popular al fracking, en la calle y dentro de la legislatura.

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Macri en este asunto hace honor al plan pergeñado por el “populista” Axel Kicillof. El ex ministro de Economía fue el impulsor del acuerdo entre YPF y Chevron, una suerte de nuevo pacto colonial con cláusulas leoninas en favor de la petrolera yanqui.

Kicillof prometió que la asociación con Chevron traería "un carnaval y boom de actividad" que, como la “lluvia de inversiones”, nunca llegó.

Problemas de fondo

La “década ganada” se nutrió del ajuste de Eduardo Duhalde que durante la recesión de 2002 provocó un derrumbe del salario real de alrededor del 30%. Esa tarea dejó el terreno allanado al kirchnerismo. Luego, la situación internacional actuó como un verdadero “viento de cola” con precios de las materias primas por las nubes.

Esas condiciones, con crecimiento a tasas chinas y superávits gemelos, del comercio exterior y de las cuentas públicas, se fueron agotando con el inicio de la crisis económica mundial hacia 2008.

Luego, con los rescates financieros en Estados Unidos y otros centros mundiales y los planes de estímulo en China, las economías denominadas “emergentes” tuvieron una sobrevida.

Pero la actividad fue languideciendo. En los países centrales se habla de que la economía atraviesa un “estancamiento secular”. En 2015 Latinoamérica tuvo por primera vez desde 2009 una caída de la actividad de 0,5 %. En 2016, la economía se contrajo nuevamente, pero en mayor escala: 1,1 %.

El “reseteo” que vino a hacer el macrismo no resolvió los problemas, sino que en muchos ítems los agudizó: es lo que ocurre, por ejemplo, con el déficit fiscal, que está en el foco de todo el establishment que exige más ajuste.

Por el momento, el Gobierno cuenta con el beneficio de la escalada de la deuda externa que le da aire: una apuesta del capital financiero que aprovecha los enormes diferenciales de tasas que obtiene en el país. Otro tanto ocurre con el ingreso de dólares por la “bicicleta financiera” que generó el Banco Central.

La garantía para que las ganancias que el capital financiero hace en el país puedan ser retiradas es que el dólar no escale y que el Estado sea solvente. En estas circunstancias, la economía transita una “estabilidad” ficticia con un alto costo en niveles de actividad, consumo y, obviamente, empleo y salario.

Macri lleva a Donald Trump la promesa de que las ganancias podrán ser retiradas sin trabas para que llegue alguna inversión no especulativa al país. Es el mensaje que dio a los empresarios que asistieron al mini Davos el día del paro nacional en un Puerto Madero militarizado.

Pero esa no es la única condición del capital imperialista. Además, exige mayor flexibilización laboral y reducción del poder de compra del salario para que los proyectos sean rentables. Esa exigencia choca con las urgencias electorales de Cambiemos y con la conflictividad social intensa de los últimos meses.

Aun así, todos los esfuerzos para beneficiar a las multinacionales pueden resultar insuficientes. Trump acaba de anunciar que buscará aprobar una rebaja de impuestos a las corporaciones en el Congreso. Uno de los objetivos es repatriar capitales hacia Estados Unidos. Malas noticias para el macrismo.

Muchos de los problemas argentinos son transversales a toda la región: sólo hay que mirar a Brasil para confirmarlo. Trump atraviesa sus propias dificultades políticas y económicas. Difícilmente Mauricio Macri traiga algo bueno de su viaje que no sea un reforzamiento del dominio imperialista sobre el país.




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