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Red Internacional

Toda la prensa oficial celebra los resultados del Estudio Nacional de Opinión Pública del Centro de Estudios Públicos, recientemente publicada. La encuesta arrojó una baja en el apoyo a las movilizaciones y un respaldo mediocre a la Convención Constitucional. ¿Qué esconden los números?

Fabián Puelma@fabianpuelma

Viernes 17 de septiembre | 00:45

“Baja el apoyo ciudadano a manifestaciones iniciadas el 18 de octubre de 2019”. “Chilenos piden privilegiar acuerdos en la Convención Constitucional, que debuta con 24 puntos de confianza”. “Significativa baja de quienes creen que la democracia funciona mal en Chile”. Así titula El Mercurio los resultados de la encuesta CEP.

“La crisis de octubre de 2019 parece haber ido perdiendo relevancia a ojos de la población”, es como celebra la prensa oficial. Las conclusiones se basan en la comparación con los resultados de la misma encuesta, pero en diciembre de 2019 en pleno estallido social. Si en ese momento un 62% apoyaba las movilizaciones, hoy lo hace un 42% (versus un 40% que las rechaza).

Claro. Lo que hubo desde ese entonces hasta ahora es que se asentó el desvío institucional de la rebelión que cocinaron los partidos en el “Acuerdo por la Paz”. Eso, sin considerar que la pandemia significó un giro brusco que cambió el panorama social y económico del país.

Por eso no es de extrañar que retroceda el apoyo a las manifestaciones, como suele suceder en momentos de reflujo luego de ascensos de la lucha de clases. Además, hay que agregar que ha sido un resultado minuciosamente buscado desde el establishment al encorsetar todo al camino institucional. En ese terreno se manejan perfectamente los dueños de Chile y, por tanto, es un terreno fértil para atacar y debilitar las banderas del estallido.

Sin embargo, sería una superficialidad decir que todo volvió a como era el pre-estallido. “Vemos una vuelta a la percepción y actitudes pre estallido”, es lo que pretende Carmen Le Foulon del Área de Opinión Pública de la CEP, que tradicionalmente ha sido uno de los centros de estadio favoritos del gran empresariado.

Chile vive un intento de transición hacia un nuevo régimen político post estallido y pandemia. El resultado todavía se mantiene abierto y la volatilidad política es uno de los rasgos de esta etapa transitoria. Resulta evidente, sí, que el momento de revuelta se cerró y hay que analizar cómo las contradicciones profundas de la etapa que vivimos se expresan en nuevos fenómenos políticos y tendencias de la lucha de clases.

Hay que ver las cifras más finas y no quedarse sólo en los titulares. Un 62% de los encuestados justificó el marchar como forma de protesta. Y como hemos planteado, desde hace unos meses que existe una tendencia subterránea, pero persistente, de mayor conflicto sindical y procesos de organización. Y estas luchas cuentan con simpatía popular.

Son síntomas aún pequeños, pero que se ven de aquí a allá. Uno reciente lo vemos en la huelga de las y los trabajadores subcontratados del aseo, lavandería y mantención del Hospital Regional de Antofagasta. Se trata de una huelga legal por mayores sueldos y condiciones laborales ante una concesionaria que ha sacado cuentas alegres en sus negocios. Diversos gremios del Hospital han solidarizado con la lucha. Sus acciones han sido titular de El Mercurio de Antofagasta. El gobernador Ricardo Díaz respaldó la movilización. Diputadas como Catalina Pérez, además de otros parlamentarios y concejales han hecho lo mismo. Como Partido de Trabajadores Revolucionarios, con el candidato obrero Lester Calderón como principal referente, venimos apostando con todo a que esta lucha triunfe y que permita abrir un debate político regional sobre las concesiones en la salud y las condiciones laborales que aquejan a la mayoría.

Es que no se entiende cómo en un momento de plena recuperación económica, en donde las principales empresas han obtenido utilidades históricas durante el primer semestre y donde el empleo asalariado se recupera llegando a 912.000 los nuevos trabajadores contratados, los salarios sigan marcando niveles de miseria. Una de las paradojas es que al mismo tiempo que salía la encuesta CEP, en la cual subió la percepción económica entre la población (con un 30% que responde que su situación es buena o muy buena y 53% ni buena ni mala); la Fundación Sol publicaba su estudio “Los Verdaderos Sueldos de Chile”, que arroja que el 50% de los trabajadores en el país gana menos de $420.000.

Obviamente, la buena percepción económica es producto de los retiros y los IFE. Pero ya las y los senadores se preparan para rechazar el cuarto retiro y todos los grandes empresarios y analistas burgueses presionan para terminar con los subsidios.

¿Estamos viviendo una recomposición sindical y un nuevo momento de luchas obreras? El fortalecimiento objetivo de la clase trabajadora producto de la recuperación del empleo; el aumento de expectativas producto de la recuperación económica y las históricas utilidades de las empresas este semestre; una conciencia política distinta post estallido (que pese a todos los intentos del régimen no han podido borrar); combinado con la amenaza de ataques por ajuste fiscal, abre un nuevo escenario para pensar la lucha de clases.

Es por esto que, como hemos dicho, para enfrentar la ofensiva de la derecha contra la convención y el intento de sellar definitivamente los dos tercios por el Frente Amplio y la centroizquierda, es totalmente inoficioso apelar a una defensa de la Convención, sobre todo si amplias masas la ven con lejanía. Las frases para la galería, como los llamados a “rodear” la Convención y la pelea chica del Partido Comunista con el Frente Amplio, rápidamente se las lleva el viento si no se toman medidas concretas para que la recomposición de la actividad de la clase trabajadora, se transforme en potencia política.




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