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“Estallido social y una Nueva Constitución para Chile”: reflexiones al calor del despertar de octubre

El profesor Mario Garcés, conocido historiador, publicó en marzo de este año el libro “Estallido social y una Nueva Constitución para Chile”, con la editorial LOM, como parte de una serie editorial llamada “18 de Octubre”.

Daniel Vargas

Antofagasta, Chile

Jueves 6 de agosto | 17:11

En el libro Garcés reflexiona al calor de los acontecimientos de octubre. Partiendo con un escrito elaborado al cuarto día de iniciadas las protestas, desarrollando los elementos que articularon el descontento que estalló en protesta en la medida que se desarrollaban los acontecimientos de la semana del 18 de octubre, con el alza del pasaje del metro, los estudiantes saltando torniquetes, la respuesta del gobierno, la represión y el estallido.

Señala el académico que a partir del sábado 19 hay un giro más profundo, con enormes manifestaciones públicas, concentraciones en plazas y grandes avenidas, además de que se empiezan a generar saqueos a farmacias y supermercados, además de la extensión de la protesta hacia las provincias.

Del mismo modo da cuenta del carácter espontáneo de las protestas y la ausencia de una dirección, indicando que “desde el punto de vista de las clases populares y sus luchas, esta movilización que conduce a un <> se hace sin convocante central, sin orgánicas conocidas (ni partidos, ni la CUT, ni coordinaciones territoriales), por lo que adquiere un > carácter espontáneo que hay que matizar, en el sentido de que los estudiantes secundarios y diversos movimientos sociales generaron sus propios procesos de organización y de expresión pública que preceden a este estallido… Todas estas luchas tienen un alto valor, pero carecen hasta ahora de instancias de coordinación y unificación suficientes”.

El libro es un documento profundamente interesante porque fue escrito al calor de los acontecimientos, en la medida que se fueron desplegando las fuerzas de la movilización, tomando los primeros días de protesta, el rol de la juventud, el desarrollo de la movilización con los paros nacionales y la fragua y efectos del acuerdo por la paz.

Sin embargo, nos quisiéramos dar licencia para aportar observaciones a la visión del profesor Garcés en tanto que éste, estimamos, desatiende el rol que jugaron las dirigencias sindicales de los principales organismos de trabajadores, y de cómo tiende a asimilarla a el conjunto del movimiento obrero, con lo cual deja libre de responsabilidad que éstas y los partidos políticos que las dirigen tuvieron en el estallido por su negativa a impulsar la movilización hasta el final, sacando de sus reclamos la lucha por la Asamblea Constituyente y por la salida de Piñera.

Otro punto que nos parece necesario apuntar es a propósito del proceso constituyente. El proceso abierto con el estallido tendió a desviarse mediante el Acuerdo por la Paz, el cual pretendió canalizar el descontento popular mediante los mecanismos ordinarios de la democracia republicana. En tal sentido el plebiscito no solamente se trató de un desvió del descontento, sino que además es un completo desvío del reclamo popular por una Asamblea Constituyente, ya que el proceso como está encaminado (incluso luego de la suspensión de abril y postergación para octubre del 2020) hacia una Convención Constitucional, es decir como una institución derivada del poder constituído y no como un poder efectiamete constituyente, sobre esto existen múltiples notas y polémicas que dan cuenta de las enormes trabas que tiene el proceso. En este aspecto podríamos pensar que la mirada de Garcés parece demasiado feliz sobre el proceso, celebrando que este proceso, de conjunto, ya sería parte de un proceso constituyente.

Con lo anterior pareciera quedar exentos de responsabilidad a la oposición y al resto de los partidos políticos que participaron en la discusión o en la firma del Acuerdo por la Paz (como el Partido Comunista o el Frente Amplio) y que terminaron salvando al régimen esa madrugada del 15 de noviembre, pero que además tienen la dirección de los principales organismos sindicales del movimiento obrero, con lo que no sólo son partes responsables del acuerdo y el desvío, sino que de mantener la poderosa fuerza del movimiento en cuarentena.

Hay otro elemento que estimamos se pierde en el análisis de Garcés, que dice relación con el rol estratégico que ocupa la clase trabajadora respecto de otros sectores o franjas de lo que Garcés llama el movimiento popular, en donde iguala diversos movimientos, como el estudiantil, docente, feminista, mapuche, como si fueran todos distintos movimientos que tienden a confluir espontáneamente en el estallido.

Sin embargo, esto obvia que la clase trabajadora ocupa un lugar estratégico en la economía, por lo que el protagonismo estratégico que debe tomar la clase trabajadora es fundamenta y en tal sentido no puede equipararse mecánicamente con otros movimientos.

Los trabajadores, en tal sentido, tienen una posición estratégica, y para los trabajadores de los principales resortes de la economía, como la industria, los puertos o la minería, tienen un especial poder de fuego.

Si ese poder de fuego se hubiera unido y profundizado, tal y como tendió a pasar con el paro nacional del 12 de noviembre, como una alianza de clase a la combatividad de los sectores populares, en unidad con las demandas de diversos movimientos, que expresan la lucha de mujeres, mapuche, estudiantes, etc., hubiéramos tendido a superar la revuelta.

En este sentido, pensamos que Garcés, al restar peso al desvío y a la responsabilidad de los partidos que salvaron al régimen y no tomar el rol estratégico de la clase trabajadora, confía en el buen camino de un proceso constituyente feliz, y que, por tanto, lo que propone es que los movimientos sociales generen las condiciones para una asamblea constituyente, o constituyente popular, que permita al pueblo influir en los cambios constitucionales.

Por esta visión alegre del proceso constituyente el profesor termina sugiriendo la existencia de cierta forma de dualidad de poder en “algunos sentidos, pero no lo suficiente como para producir una definición del conflicto en el corto plazo, en la medida que el pueblo vive su propio proceso de rearticulación, que toma más tiempo que el que facilita la coyuntura”; extrañamos que Garcés se refiriera más profundamente a los diversos organismos que surgieron al calor de la revuelta.

Finalmente, un elemento contradictorio del trabajo de Garcés dice relación en el rol de la protesta como parte del repertorio de acción de los sectores movilizados. Esto porque Garcés tiende a simplificar las formas de lucha señalando que “los repertorios de acción han sido especialmente <>, marchas, cabildos, asambleas territoriales, actos culturales, concentraciones; así como también, en un registro ambiguo respecto de los actores implicados, saqueos e incendios de supermercados, cadenas de farmacias y algunas tiendas y multitiendas; ataques a los frontis de los bancos, telefónicas, oficinas de AFP, hoteles de lujo, etc.”. Estas son, en parte, líneas lamentables del trabajo de Garcés, pues tiende a hacer sentido al discurso de control, orden y represión para criminalizar la protesta y el legítimo derecho a manifestarnos.

A pesar de las diferencias y de los elementos contradictorios que hemos señalando, podemos manifestar que el libro “Estallido social y una Nueva Constitución para Chile” abre un rico debate en torno a las lecciones que nos puede dejar el histórico proceso de lucha.

En este sentido, un gran mérito del libro es que relata, desde una trinchera de izquierda, un fenómeno histórico que millones protagonizamos, además de denunciar fielmente la represión de la policía y la responsabilidad del Estado en la violación a los DD.HH., como de desnudar el desvió que se esconde detrás del Acuerdo por la Paz, el rol del gobierno, etc.






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