Cultura

El Telescopio

Gladys y la lluvia del 2 de abril

A familiares y víctimas de la inundación del 2 de abril del 2013. A Gladys Noemí Pennacchioni, fallecida el 16 de julio del 2013, víctima número 91. La lluvia es natural, las inundaciones no.

Giuliana Ruiz

Estudiante de Artes| Contraimagen. Integrante de La Red

Domingo 4 de abril | 15:24

Las cinco de la tarde y en La Plata, empezó a llover.
El día había sido todo gris y el desenlace lógico era, claramente, una lluvia. Hasta ahí todo tranqui.

En casa estábamos en modo feriado y en Parque San Martín no se escucha "ni el loro" salvo una cosa, sí. La lluvia de fondo que se había largado con fuerza.
Cinco escalones negros antecedían la puerta de casa. Desde ahí, mamá documentaba la lluvia, que a la hora, ya avanzaba potente sobre la calle y se montaba en la vereda…

-¡Mirá cómo pasan los autos! ¡Revolean todo el agua!- se queja mi vieja. No entendíamos la que se venía pero nos parecía fuera de lo común así que nos saludábamos con los vecinos de ventana a ventana, filmando lo que después iba a ser nuestra peor pesadilla (y también bandera de lucha)

A las horas, en la tele éramos noticia… La ciudad estaba bajo el agua. Parecía una película "La Plata bajo el agua" "Inundación en La Plata" "Arrasados por el agua" decían los titulares. Así hasta que se cortó la luz.

***

A oscuras y resguardados por los cinco escalones negros, todo era desconcierto.
Nosotros, que ya habíamos hablado con Gladys por teléfono, la volvimos a llamar:

  •  Mamá, cómo está el agua ahí? Acá se cortó la luz.
  •  Bien, tranqui, entró recién un poco pero hasta los pies, ahí nomás.
  •  Segura mamá?
  •  Sí, está todo bien, nos vamos llamando.

    Gladys, con su vocecita suave no podía ocultar nada. Aunque dijera lo que dijera, no podía ocultar una pizca de miedo, de desconcierto y de madre que quiere controlar y proteger hasta en los momentos más duros.
    Gladys era mi abuela. La mamá de mamá.

    Pasaron las horas y el agua nunca paró. La música de fondo eran las alarmas interminables de autos que se activaban solos, hacían luces y se iban quién sabe a dónde, arrastrados por la corriente de un agua verde amarronada. El teléfono me interrumpe el panorama:

  •  Jor- Yo no podía escuchar pero mamá abría los ojos marrón oscuro con la misma cara que pone alguien que se ahoga en desesperación. Que se ahoga, sí.
  •  ¿Qué pasó?
  •  Me dijo "llamá a los bomberos que nos ahogamos". Y se cortó.

    Mamá apretaba el teléfono fijo blanco, parecía que lo iba a aplastar con los dedos. Marcaba números tan rápido que yo no llegaba a seguirlos con los ojos.

  •  ¡Buscá el número de los bomberos, defensa civil, algo!

    Yo abrí una guía que pesaba más que yo y entré a buscar. Nadie atendía, nadie daba a basto. El personal de guardia estaba en áreas más complicadas, o simplemente no podía ir porque no tenían con qué.
    No tenían con qué.
    Faltaban insumos, sobraba bronca.

    ***

    Al otro día todos entendíamos que faltaban obras hídricas -nos las debían- y sobraban muertos.
    "Son 48", "52 los muertos en La Plata", "54". Los noticieros parecían un remate y ese día los canales se llenaron de nombres de vecinos. Listas interminables que como en cadena nacional decían "muertos y desaparecidos"
    Yo no entendía mucho. Dos, tres o cuatro personas con el mismo apellido, "qué loco", pensaba con mis 13 años.
    Eran familias enteras. Familias enteras desaparecidas.
    ***

    Gladys llegó a casa cuando bajó el agua, con Jorge y Pico, un perrito medio amargo, que bancó los trapos, cinco horas en el agua.

  •  ¿Cómo estás? - No nos daban las manos para abrazarlos.
  •  Yo escuché…-Te decía Gladys- Yo escuché como el mueble se dio vuelta, y se cayeron todos los platos. Todos.

    Gladys, jubilada, había sacado un préstamo y 15 días antes se había amueblado su casita. Endeudándose porque nuestros abuelos trabajan toda su vida y ni siquiera pueden disfrutar de poner bonita su casa. Que viene una lluvia y te revienta todo.

    ¿Y después del desastre?,¿qué viene? Después, aparecen todos. El intendente Bruera cae desde Brasil, y el gobernador recorre las calles cuando ya pasó todo. Tarde. Y responde bajito a los preguntas que gritan las bocas de los vecinos "Lo vamos a recuperar"

    Las vidas no se recuperan, Daniel. Los muertos no vuelven.

    Pero trascienden. En el grito colectivo de miles, que cada mes y cada año, en la plaza exigen juicio y castigo a los responsables.
    Trascienden. En la organización, en cada asamblea, en carteles que dicen "El Estado es responsable" "Justicia por los 89+"
    Trascienden. En cada mural, en cada pedido de "Verdad"
    Mientras Scioli -gobernador de aquel entonces- es en 2015 candidato a presidente, sí ¿Te acordás?.
    ¿Y en la actualidad? ¡Es embajador!

    Trascienden, en cada pedido por las obras que faltan aún a ocho años del crimen social y también cuando llueve.
    Trascienden en la convicción de que las migajas que nos tira el Estado - un tarrito de lavandina, una botella de agua mineral, un subsidio que era una lotería loca y un circo burocrático- no alcanzan.

    En la convicción de que tanta miseria no puede ser normal. En el odio que enciende la mecha, porque no puede ser que te arrebaten lo poco que construiste durante toda tu vida en un día. En el odio en que el gobierno de turno se excuse por todos los medios en que lo que te pasó fue porque "Llovió mucho"

    Trascienden en la chispa que enciende el fuego, que nos dice que para la resignación, no hay lugar. No hay lugar.

    Que las vidas de les de abajo importan, y que si les de arriba no nos dejan soñar- ni siquiera vivir- Nosotres, no los dejaremos dormir.






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