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Red Internacional

Elecciones. Histórica derrota de la derecha: Gustavo Petro nuevo presidente en Colombia, ¿qué significa?

Con un 99,83%% de las mesas escrutadas el centroizquierdista Gustavo Petro ganó las presidenciales con 50,48% de los votos contra el derechista Rodolfo Hernández que alcanzó el 47,26%. Se trata de un resultado que expresa el odio a la derecha en su conjunto, no solo a la uribista, que se expresó ya en la primera vuelta. Rodolfo Hernández que intento mostrarse como un outsider también fue visto como parte de esa derecha rancia colombiana. Petro asume el 7 de agosto.

Milton D'LeónCaracas / @MiltonDLeon

Domingo 19 de junio | Edición del día

Al momento de escribir este artículo, a la hora de conocerse la casi totalidad de las mesas escrutadas, Gustavo Petro suma más de 11 millones de votos, cosechando no solo su caudal electoral, sino que concentró también el voto del mal menor por el odio a la derecha ante un escenario de mucha polarización.

En cuanto a las regiones, Petro predominó, además de Bogotá, en toda la Costa Caribe, la Costa Pacífica y parte de la Amazonía (Putumayo, Amazonas, Vaupés y Guainía). Con respecto a los porcentajes en varias de las principales capitales del país, Gustavo Petro ganó en Barranquilla (64,16 %), Cartagena (67,46), Cali (63,76) y Bogotá (58,59). Mientras tanto, el candidato de la derecha, Rodolfo Hernández, conquistó los votos de Medellín (62,55 %) y Bucaramanga (73,58).

Este domingo Gustavo Petro gana con muchas expectativas para amplios sectores de la población sobre quienes siembran esperanzas. Es que estas elecciones se realizaron bajo el espectro de las rebeliones del 2019 y del 2021 que enfrentó al Gobierno de Iván Duque y el régimen político. Una explosión social sin precedentes cercanos en un país donde se fueron acumulando tensiones internas a la par del acentuado deterioro de las condiciones de vida de millones de personas, acelerando todo un proceso que tuvo como resultado la irrupción del movimiento de masas que estremeció a toda Colombia. Desde la explosión social el candidato del Pacto Histórico era el mejor posicionado para capitalizar el malestar de la revuelta y así se expresó tanto en la primera vuelta como en el balotaje de este domingo.

La victoria de Petro corta toda una etapa en un país donde la derecha tradicional nunca ha perdido las riendas políticas, manteniendo históricamente su alineamiento con Estados Unidos y constituyendo uno de sus principales bastiones en la región.

Desde la primera vuelta y más aún en el balotaje los ojos de América Latina estaban puestos en las elecciones presidenciales de Colombia de este domingo, una región marcada por una polarización, inestabilidad y fragmentación política. Con este resultado en Colombia se mantiene a la tendencia de esta segunda oleada débil de gobiernos de centroizquierda y “populistas” que surgen como consecuencia de desvío de levantamientos y revueltas populares como el gobierno de Gabriel Boric en Chile, o producto de la propia crisis política y social como Pedro Castillo en Perú o directamente.

Petro surge también del desvío de la revuelta que se inició el 28 de abril de 2021 extendiéndose por varios meses y que sucedió a la eclosión social de noviembre de 2019. Desde entonces el clima político dio un giro brusco y consecuentemente el electoral, hacia donde buscaron encauzar la explosión social, temerosos que una caída abrupta del gobierno de Iván Duque abriera una crisis sin precedente y envalentonara al movimiento de masas a ir por más y no sólo la caída de un gobierno. Como escribiera Alejandro Gaviria, académico y ex precandidato: “Hay mucho malestar. Podría ser mejor tener una explosión controlada con Petro que dejar el volcán embotellado. El país está pidiendo un cambio”.

Así, el nuevo flamante presidente permanentemente buscó contener la revuelta, con políticas de derecha muchas veces, lanzándose incluso contra los que él llamó como “los revoltosos”, que no querían dejar las movilizaciones de calle. Pidió más de una vez que se levantara el paro, o en su defecto solo los bloqueos, que venía a ser la misma cosa.

En su camino a la presidencia, Gustavo Petro, para hacerse más potable fue estableciendo alianzas políticas con sectores tradicionales haciendo un corrimiento cada vez más hacia al centro político. Para garantizarse sus votos por izquierda y por existir un sector importante que lo cuestiona por su adaptación política, Petro optó por llevar candidata a la vicepresidencia a Francia Márquez, la mejor posicionada, y que incluso durante la consulta electoral obtuvo un gran caudal de votos, de fuerte ascendencia y apoyo de los movimientos populares y sociales.

Dado el resultado de las elecciones legislativas de marzo de este año, Gustavo Petro tendrá que crear amplias coaliciones en ambas cámaras del Congreso para poder gobernar estrechando alianzas con sectores más tradicionales, ya que en el parlamento en las últimos legislativas no alcanzó una fuerte representación más allá de que creciera en escaños.

En ese sentido es que Petro ya antes de las elecciones afirmó que llamaría a un gran acuerdo nacional: “Si gano las elecciones voy a convocar a un gran acuerdo nacional con una arquitectura basada en diálogos regionales vinculantes. E indudablemente toda esa dirigencia del centro, e incluso Álvaro Uribe o quienes designen, van a ser convocados al diálogo que el presidente citará buscando las reformas.” Así Petro anticipaba que incluso se convocaría al propio uribismo, más allá de si éste sector acceda al llamado, es todo un simbolismo político el llamado de Petro. Francia Márquez, la flamante vicepresidenta también afirmó en la cadena Caracol, apenas se conocieron los resultados electorales, que llamarían a un pacto nacional, incluyendo al sector de Álvaro Uribe.

Como escribimos en un artículo durante las elecciones en la primera vuelta, Colombia debe verse en el espejo de Chile con la elección de Gabriel Boric. El flamante presidente chileno, que centró grandes expectativas de un pueblo y una juventud que había estado en las calles, no tardó ni dos meses para frustrar las esperanzas de amplios sectores con sus acuerdos con el establishment, el régimen político y con los militares chilenos. No cambió prácticamente nada, no sacó a los presos de la revuelta, pero sí avanzó en militarizar la Araucanía, reprimió las marchas de la juventud, no permitió el uso del dinero de las AFP en función de las necesidades populares. En fin, un recorrido fugaz para nada cambiar en la situación del pueblo de Chile lo que lo llevó a perder rápidamente 20 puntos de popularidad. Petro no será menos.

Por eso decimos que la lucha por la conquista de las demandas populares que dieron origen a la rebelión social continúa planteada y es en las calles. La clase trabajadora y las grandes mayorías populares, de la juventud, campesinas, indígenas solo puede confiar en sus propias fuerzas.

No habrá solución a la cuestión de la tierra, a las grandes demandas de los pueblos originarios, de las comunidades afrodescendientes, al problema estructural de la vivienda, de la salud, educación, de las demandas históricas de la clase trabajadora, del problema que azota a la juventud con la desocupación crónica, del hambre de millones, de las masacres llevadas a cabo por unas Fuerzas Armadas asesinas y sus bandas paramilitares, de los pagos oprobiosos de la deuda externa que ahorca de la mano del FMI y del sometimiento del imperialismo, sino no es con el pueblo trabajador organizado y movilizado con total independencia política y de clase.




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