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Red Internacional

EDUCACIÓN.Infancia en el capitalismo chileno: Los “niños primero” es sólo un slogan

El debate a propósito de la tozuda postura del gobierno de volver a clases plantea no sólo discutir en torno a la pandemia y las posibilidades de contagios que esto implica, sino también, y que está evitando el gobierno a toda costa, es preguntarse por la condiciones de la infancia en Chile, en un país que despertó luego de 30 años de desigualdades para decir basta, un Chile que también relega a su infancia a una experiencia que está lejos de demostrar que “los niños son primero”.

Sábado 22 de agosto de 2020 | 09:06

La postura intransigente del ministro Figueroa, representa el más claro desinterés de este gobierno por la realidad que miles de niños y niñas viven hoy en contexto de pandemia, en donde las desigualdades sociales se han agudizado.

Se espera volver a clases sabiendo que los niños y, por ende, sus familias, se contagiarán, pero intentan argumentar que no son personas con factores de riesgo, sin embargo, 51 niños han muerto en Chile por coronavirus, además de los 143 casos de niños registrados que han sufrido el Síndrome Multisistémico Inflamatorio Pediátrico, con el cuál se inflaman diferentes órganos del cuerpo, se producen síntomas intestinales y puede existir inflamación neurológica, según el propio Minsal.

Desde el momento que comenzó de la pandemia, los niños y sus condiciones de vida han quedado relegados a políticas productivistas sin considerar las condiciones de vida y emocionales en donde se encuentran inmersos.

Desde el gobierno, por medio del Ministerio de Educación, se impone toda una política de mercado que busca continuar la producción, es decir, que continúen sus aprendizajes de manera online en casas en donde no hay computador, ni internet, ni el plato de comida para poder tener las energías necesarias para aprender. La pandemia vino a exponer la cara más terrible de la infancia en Chile, en donde el desempleo, el encierro, el aumento de la violencia intrafamiliar, el hacinamiento, entre otros factores, han hecho que los niños y niñas más pobres sufran las más terribles experiencias y desigualdades de un sistema capitalista que privilegia ante todo la economía en vez de las vidas humanas, sin importar lo que con ellas pase, y para qué hablar de las vidas más pobres e indefensas.

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“Los niños primero” es sólo un slogan

Este gobierno se ha llenado la boca con la demagogia de que para ellos la prioridad son los niños. Sin embargo, no ha realizado ninguna política pro infancia en pandemia, como la implementación de materiales y recursos para su aprendizaje o la implementación de educación emocional y afectiva cuando muchos se ven necesitados ante el estrés del encierro, violencia intrafamiliar o la pérdida que han vivido de algún ser querido, entre otros.

Para el gobierno es fácil predicar tapando bajo la alfombra una realidad histórica en Chile. La miseria y pobreza que lleva a miles de niños a dejar sus estudios para trabajar, o que sin mayores posibilidades para desarrollarse, reproducen la miseria, violencia y drogadicción que los rodea.

El SENAME es prueba de aquello, un organismo que bajo el amparo del Estado y de todos los gobiernos de turno, desde la Concertación hasta Chile Vamos, vulnera sistemáticamente los derechos de niños y niñas que deberían ser resguardados. La miseria y violencia que viven dentro de los centros de reclusión, que ha llevado a incluso muertes, casos de prostitución infantil, la falta de educación y salud, expresan la verdadera visión que tienen los estados capitalistas frente a la infancia: son sujetos a los cuales hay que manejar y moldear para los fines históricos del capitalismo, la producción del capital, la producción de la riqueza que terminará en las manos de unos pocos.

Si bien, el gobierno propuso un proyecto de ley para cambiar el SENAME, por un servicio nacional de reinserción escolar titulado “Servicio de Protección Especializada”, que sigue estando en las competencias del Ministerio de Justicia, cuando el problema de la infancia es de orden educativo y formativo, en ningún caso punitivo.

En su proyecto, buscan crear programas que contribuyan a la modificación de la conducta delictiva y la integración social de los individuos, sin embargo nada garantiza un cambio de enfoque y parece ser un cambio más bien administrativo, pues los niños siguen siendo vistos como objetos de protección y no como sujetos de derecho, expresión de ello es que gendarmería seguiría como institución a cargo de los centros, además que la propuesta sigue siendo privada como lo es ahora, manteniendo un financiamiento basado en la subvención, que es la actual responsable de la precarización y empobrecimiento de las condiciones de vida de las y los niños en los centros, entre otros. Demostraciones de que el proyecto de ley sólo busca cambiarle el nombre a una institución que debe desaparecer.

La realidad de miseria, hambre, abuso, drogas, prostitución y violación que sufren niños y niñas pobres en Chile, y en el mundo, son la más terrible expresión de la desigualdad que el capitalismo produce en la sociedad. Porque la realidad que viven las y los niños no es producto sólo de lo que les otorga la familia, sino que, por sobre todo, son el resultado de un sistema social y económico desigual, en donde la riqueza que miles producen va a parar a unos pocos multimillonarios que viven a costa del resto. La miseria es producto de la pobreza y la desigualdad, y ésta es producida por la explotación de unos pocos sobre el trabajo, vida e infancia de millones.




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