Política Chile

CANDIDATA CONSTITUYENTE

Javiera Márquez: “Necesitamos representantes que sean de la clase trabajadora”

De opinión firme y aguda, la periodista y candidata a constituyente por el distrito 8 traza sobre el debate lo esencial de considerar los espacios colaborativos y territoriales gestados desde el pueblo frente a las próximas elecciones.

Yasna Rex

Periodista y publicista, Usach. Colaboradora de Cultura

Sábado 6 de marzo | 08:50

En la foto Javiera y su perro Tujachevski.

Creció en una familia numerosa y unida, en la que era habitual escuchar temas de Víctor Jara, Violeta Parra y una amplia lista de artistas de la Nueva Canción Chilena. Tras la pérdida de su padre a los 8 años, partió a vivir junto a su madre y hermanos a la casa de su abuela, espacio que terminó por forjar su carácter. Hoy a sus 33 años, Javiera Márquez abre las puertas de su hogar en Maipú para entablar un diálogo profundo a semanas del proceso constituyente, en el que resulta imposible no reparar en la presencia de un perro muy grande.

Tujachevski, como lo llama Javiera, salió de la calle. “Es mi compañero fiel”, dice entre risas recordando como tomó en brazos al pastor que pesa alrededor de 38 kilos el primer día que lo vio. El nombre proviene de un referente histórico. “Tujachevski contribuyó mucho a construir el Ejército Rojo, fundado por León Trotsky, un ejército proletario para la revolución mundial, que venció a 14 ejércitos imperialistas. Tujachevski, fue consecuente, él murió con los principios de la Revolución Internacionalista y se opuso a los métodos sanguinarios del estalinismo. Me impactó mucho como figura, porque siempre nos mostraron como un imposible el vencer a los ejércitos de los Estados capitalistas, como acá, en Chile en los años´70.”

- En ese sentido, ¿Hay una figura que te inspirara a tomar un rol activo en los cambios sociales y política?

- Mi familia en general es de izquierda. Tengo una tía que sigue siendo activista, en el fondo era algo que existía dentro de mi ambiente. En la universidad una compañera me mostró la organización en que milito (PTR), pero así como figura cercana no directamente, sino más a través de la cultura.

- Durante tu formación como periodista tuviste una participación significativa en las demandas educativas ¿Por qué crees que ha costado en Chile declarar la educación como un derecho y no un servicio?

- Lo que dejó de herencia la dictadura es que no se conciben los derechos sociales como tal, sino como servicios. Hay un negocio enorme en torno a la educación, no sólo respecto a los colegios privados y universidades, también la iglesia tiene mucho peso en la educación, recibe fondos estatales por subvenciones y cuando hay negocios de por medio son fuerzas que entran en pugnan. Nosotros estuvimos dispuestos a perder el año, a mí me echaron de la universidad durante ese proceso, pero creo que todos sentíamos que era posible hacerlo (educación gratuita). Lamentablemente los dirigentes que hay del movimiento estudiantil y los referentes de movimientos sociales siguen siendo militantes de estrategias que no rompen con las que en la historia han probado fracasar.

- ¿Cómo es eso?

- Por ejemplo, el Partido Comunista que encabezaba la federación a través de las Juventudes Comunistas y Camila Vallejo, su apuesta fue trasladar la política al espacio del Parlamento. El 25 de agosto con el paro de 48 horas que hubo, el Gobierno después de negarse a sentarse con el movimiento estudiantil llamó a los dirigentes a La Moneda y no exigieron la educación gratuita, de hecho, desmovilizaron. Bajaron las movilizaciones.

- Dentro de esa misma línea, ¿las becas solucionan el problema o todavía hay vacíos?

- Creo que es un desvío, en el fondo apuesta a dividir a las personas que están más decididas por conseguir ese derecho social de las personas que van a acceder a ese beneficio. ¿Entonces qué haces? A toda la masa la divides entre los que reciben el beneficio y a los que no, los criminalizas por movilizarse.

Javiera remonta al año en que el Frente Amplio forja sus filas en las universidades. El debate por la educación gratuita resonaba con fuerza entre la juventud y dirigentes de la reciente fuerza política veían la posibilidad de exigir la gratuidad bajo el gobierno de Bachelet.

- La Concertación ha sido tan responsable como la derecha de los 30 años de profundización del régimen que quedó de la dictadura. La privatización de la educación, créditos, carreteras, puertos, fueron privatizándose a partir de la democracia pactada, entonces pienso que las becas no contribuyen. Debería ser un derecho el tener acceso a una educación continua desde la cuna hasta la tumba, porque las personas siempre tenemos capacidad de seguir aprendiendo.

En el corazón de la revuelta

El viernes 18 de octubre de 2019, cuando estudiantes de secundaria irrumpían como onda expansiva en las estaciones de metro, hubo algo en el adormecimiento de la ciudadanía que hizo clic. Durante los meses posteriores el gobierno de Piñera fue remecido a tal extremo que desplegó las Fuerzas Armadas, Carabineros de Chile y PDI a las calles, convirtiendo la Plaza Dignidad y las principales arterias del país en un campo de represión ante el derecho de libre expresión.

Javiera, como periodista de La Izquierda Diario, cubrió la otra vereda de los hechos, esa tergiversada por los mass media.

- Como comunicadora, ¿Qué observaste en la Zona Cero?

- Había una sensación que a todas las personas las movía algo profundamente grande para estar ahí, porque era un riesgo enorme. O sea, estábamos viendo muertos, torturados, desaparecidos, mutilados e igual la gente llegaba. En el fondo fue un aporte lo que hicimos los comunicadores, porque evidentemente los medios de comunicación estaban tratando de criminalizar la protesta, donde habían niños, ancianos, personas con discapacidad física y gente tratando de protegerse de la represión, pero con una mezcla entre rabia y esperanza.

- ¿La gente participaba?

- Cuando uno le preguntaba la gente quería hablar. Era bacán ver que nos reconocían porque La Izquierda Diario recién cumple 6 años en marzo. Fue una pelea instalar el diario de alguna forma, los seguidores, haciendo comunidad.

- ¿Qué diferencia a La Izquierda Diario de otros medios?

- Ponerse a disposición de otra perspectiva, que no es la perspectiva de los empresarios al comunicar ni de las instituciones que avalan este orden social. Lo que ofrecemos es una lectura, una interpretación de lo que está pasando en la realidad y un espacio para las causas populares.

El diario es parte de una red con portadas en 14 países, en 8 idiomas, donde se suben alrededor de 15 notas diarias escritas por militantes, voluntarios, trabajadores y estudiantes que ven en sus páginas una tribuna para informar lo que pasa a nivel nacional e internacional desde sus experiencias, muy distintas a las esbozadas por medios masivos alineados a la institucionalidad gubernamental y privada.

El trabajo y los roles de género

Su primer contacto con el mundo laboral fue a los 15 años volanteando los fines de semanas. Ancló cabos y comprendió lo que implica del subcontrato. “Comencé a cachar que era subcontratada por una agencia que me mandaba a otro lado a cumplir funciones”. Fue el puntapié inicial para sumergirse en la búsqueda de conocimientos que la impulsó a participar durante su etapa universitaria contra la precariedad del subcontrato, acciones acrecentadas cuando tuvo contacto con las trabajadoras del aseo de la Usach y contratistas del cobre.

- Hacíamos grupos para apoyar (compañeros de carrera y militancia). Me empapé de todo el debate que implica el subcontrato de régimen laboral. Lo que permite en el fondo es la división de las filas de los trabajadores que pueden ser de una misma empresa físicamente, pero por rut de figura legal son de empresas distintas. Más del 70% de trabajadores de Chile trabajan en régimen de subcontrato.

En mina El Teniente. Javiera Márquez y su compañera de tesis Jimena Colombo.

- ¿Cómo ves las diferencias en las condiciones laborales entre mujeres y hombres? Más ahora que la crisis sanitaria produjo un retroceso de 10 años en la fuerza laboral femenina

- Veo que hay dos formas de discriminación aguda. Una es la brecha salarial que en Chile bordea el 30%, pero hay otra en que no todos los trabajos son de alguna forma accesibles para las mujeres. Hay una especie de sesgo en el mercado laboral, se contratan más mujeres para servicios, mientras que para producción, cosas de industrias, contratan varones. De hecho, hace poco sacamos una nota de una niña que estudió en un liceo técnico en Antofagasta construcción y le dijeron, después de hacer la práctica, que no iban a contratarla por ser mujer.

- Estuviste en El Teniente conociendo la realidad de las mujeres que trabajan en la minería. Durante el tiempo ahí, ¿había un trato diferente hacia las mujeres por sus superiores o compañeros del mismo rango?

- Cuando entré a trabajar ahí, lo hice bajo condición de una empresa externa para implementar una norma de igualdad de género, entonces estaban con un ánimo de tratar de ser políticamente correctos, por lo que no vi la parte más cruda de la discriminación, pero sí cuando hice mi tesis. Las mujeres contaban cómo el régimen de turno les afectaba su vida familiar, pues seguían siendo responsable socialmente del cuidado de los hijos, sobre todo las trabajadoras subcontratadas que entraban a labores de producción, les pasaba que aprendían un oficio y después no trabajaban en ese oficio, las mandaban a hacer otras tareas.

- ¿Qué tareas?

- Una de estas niñas había aprendido a manejar maquinaria pesada y terminó en la fundición. Ellas contaban de ciertas tareas que no les permitían hacer, pero también presencié un ánimo de querer cambiar esa cultura.

- ¿Por parte de las mujeres?

- Por parte de mujeres y hombres. Había un poco más de resistencia a estos cambios, pero también escuchando a los varones, por ejemplo, del costo que tenía en su vida familiar, varios reconocían sufrir el tener que cumplir este rol de minero, que sale de la casa para ir a la mina y perderse por los turnos los eventos importantes de la familia. Trabajan turnos de 12 horas, al final se borran de la relación social que tienen con su familia, hay un costo personal importante y ven en estos cambios que también tienen derecho a disfrutar de la relación con sus hijos.

Javiera es crítica al apelar a la cultura empresarial de las mineras, que por mantener ritmos de producción frenéticos, obligan a los trabajadores "a sacrificar sus vidas para asegurar educación o vivienda a sus familias, cuando estos deben ser derechos sociales, que perfectamente podrían ser financiados con un impuesto a las multimillonarias ganancias de esta industria".

El verde como premisa

Educación sexual para decidir, anticonceptivos de calidad, aborto legal, seguro y gratuito garantizado por el Estado, es parte de la premisa que Javiera plantea. Para ella ninguna mujer debe ser obligada a dar a luz.

Las condiciones laborales o dependencia económica, junto a la imposibilidad de la vivienda como derecho, el nulo acceso a una salud digna y a educación, son el crudo retrato de la mayoría de las mujeres, chilenas o migrantes, lo que incrementa la incertidumbre frente a la proyección de una nueva vida, aún cuando Chile es uno de los países con mayor concentración de riquezas al interior de la OCDE según cálculos del coeficiente de Gini.

- ¿Cuál es tu postura en relación de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres?

- Educación sexual, es lo primero para evitar un aborto, porque nadie quiere exponer su vida, salud, integridad física y psicológica. Los abortos se hacen, lo que debe evitarse es que las mujeres pobres lo hagan en condiciones inseguras porque las ricas pagan por condiciones seguras en clandestinidad.

En la agrupación de Mujeres y Diversidad Sexual Pan y Rosas, fundada en 2008 en Chile, planteamos que es fundamental la educación sexual integral que implique una separación efectiva del Estado con las iglesias, además de incluir aspectos psicológicos, socioafectivos para evitar reproducir estos roles de género desde pequeños, porque también otra cosa que desnudó la pandemia es el tema de los cuidados. Tener hijos no es algo que deba recaer sólo en la madre. La educación sexual tiene que cortar con esos roles de género, permitir vivir una sexualidad con menos tabús, por lo mismo más sana, con más conocimiento para prevenir enfermedades y buscar desarrollar responsabilidad afectiva.

Vimos el ejemplo de la Marea Verde en Argentina, como el movimiento de mujeres propuso un proyecto de Ley que se discutió en el Congreso, pero que fue ganado en las calles, es un enorme ejemplo para América Latina y el mundo.

Eso desde la vereda de las mujeres, a la que suma el caso reciente de las 111 chilenas embarazadas por anticonceptivos defectuosos al que el Estado negó la posibilidad de aborto por no cumplir ninguna de las tres causales, pero también tiene una postura sobre las diversidades sexuales.

- No todos vivimos nuestra sexualidad de la misma manera. Hay formas que para esta sociedad no son legítimas, como ser homosexual, transexual, etc, porque las instituciones no le dan espacio. A la gente que no cabe en la heteronorma no les dan trabajo, arrojándolos a la miseria.

- Tienes un motivo en concreto para ir como constituyente por el distrito 8

- Soy de Maipú, una comuna con una enorme tradición de organización obrera en los 70, experiencia que fue derrotada, pero contra toda esa herencia de la dictadura millones salimos a las calles. Acá la juventud dio un enorme ejemplo de combatividad, pero hace falta una estrategia para vencer. La Convención Constitucional no es lo que queríamos, pero creo que es una tribuna para poner a disposición de miles un programa de lucha para conquistar nuestras demandas. Exigíamos un espacio de decisión libre y soberano, no subordinado a instituciones hechas a la medida de políticos empresariales y golpistas que son una minoría con derecho a veto, con la trampa de los 3 tercios. Por eso debemos retomar la movilización y el camino que abrió la huelga general del 12 de noviembre y la autoorganización que se estaba gestando en cabildos, en comité de emergencias, asambleas territoriales, en distintas instancias en donde la gente tenía la política en sus manos, así, imponer una Asamblea Constituyente en torno a los trabajos, a los territorios y comunidades. Pese a las trampas participamos de este proceso porque vemos que es un espacio para dar a conocer esta estrategia. Nosotros necesitamos representantes que sean de la clase trabajadora y que defiendan sus intereses con independencia política respecto a los empresarios y, eso, no se puede lograr sino es de la mano de los métodos de organización y lucha de las y los trabajadores.






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