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Red Internacional

Elecciones presidenciales.Programa de Kast: anti mujeres, LGTBIQ+, mapuche y migrantes.

El llamado a la “libertad de acción” que emitió Sichel a los sectores de la derecha nucleados en “Chile Podemos Más”, no fue solamente la confirmación de la debilidad del candidato presidencial del oficialismo. Ese comunicado demostró que los sectores del “rechazo”, los fanáticos del modelo heredado de los 30 años, estarían inclinando su apoyo hacia un candidato que expresa con mayor honestidad lo más rancio de la clase dominante chilena: José Antonio Kast. Hoy miramos su programa desde una perspectiva feminista socialista.

Martes 9 de noviembre | 07:14

José Kast es una candidatura que partió con un apoyo minoritario y hoy, inflado por las encuestas y la necesidad de una carta presidencial más fuerte para la derecha, ha utilizado como punto de apoyo y se ha fortalecido mediante los prejuicios e ideas conservadoras de un sector de la sociedad, levantando un programa que no nos garantiza sino más miseria para la clase trabajadora y el pueblo, y tiempos de bonanza para el gran empresariado.

Conocidas son varias de sus políticas abiertamente xenófobas, discriminatorias y de corte autoritario, consignadas en su programa de más de 200 páginas de verborrea neo-conservadora. Una de las medidas más chocantes es la idea de construir una zanja en la frontera para frenar la migración ilegal. Sin embargo, no se detiene ahí. Propone también el indulto a violadores de derechos humanos, como su amigo personal Miguel Krassnoff -a quién a defendido varias veces de manera pública-. Recordemos que aquel genocida y torturador, condenado a 800 años, fue procesado por desapariciones, asesinatos y también por ejercer violencia político-sexual contra mujeres militantes de izquierda.

En materia medioambiental plantea mantener cuestiones tan nocivas para el planeta como mantener las centrales termoeléctricas a carbón, poniendo en duda la crisis climática en curso. No contento con eso, propone además retirarse del Consejo de Derechos Humanos de la ONU y cerrar el Instituto Nacional de Derechos Humanos.

Mujeres y feministas de varios sectores han salido a debatir con el programa del ultraderechista Kast, planteando como argumento central la desaparición de las mujeres como sujetas de derecho en dicho programa, sumado además a una completa ausencia de políticas públicas hacia la población LGBTIQ+. Una de las medidas más gráficas es la eliminación del Ministerio de la Mujer -medida que además vulnera la adhesión del país a tratados internacionales de protección de los derechos de las mujeres- generando un “Ministerio de la Familia”.

Pese a que desde su comando salieron al paso de aquellas críticas, la fusión de ministerios se mantiene tal cual. Por supuesto, sabemos que la propuesta de reducir las políticas y el rol de la mujer al espacio de la familia, no es casualidad ni tampoco una medida inocente. Es una manera de llevarnos nuevamente al rol de madres y cuidadoras, relegarnos al espacio privado y reducir nuestra injerencia en el mundo de lo público, es decir, de lo político.

Sin embargo, sería una lectura institucionalista plantear que la anulación de las mujeres y población LGTBIQ+ pasa exclusivamente por la eliminación del Ministerio de la Mujer. Las propuestas que hablan de las mujeres en el apartado de Familia, son tomadas de forma directa del programa de Ignacio Briones; están ligadas a perpetuar nuestro rol de “víctimas”, y a entender la “equidad de género” -pese a que el texto íntegramente se manifiesta contra la “ideología de género”- desde la perspectiva de facilitar el acceso a espacios de poder en el mundo político y empresarial. “Empoderarnos”, pero para sostener un orden que nos oprime.

Los núcleos fundamentales del programa de Kast son la “Ley, orden y seguridad; la libertad, y la familia”. O bien, podríamos decir: una República autoritaria y neoliberal en extremo; la libertad económica para los empresarios; y la familia heterosexual “bien constituida”. Progenitores de sexo opuesto, casados, con hijos (no hijes). Porque Kast y compañía no solamente son contrarios al lenguaje inclusivo: se excusan en el argumento de estar “en contra de la corrección política” de la “agenda progresista” para defender sus discursos de odio a la comunidad LGTBIQ+, con especial énfasis en la población trans.

La libertad para Kast es la libertad de explotar, la libertad del lucro y la ganancia capitalista. Nada más. Lo manifiesta como “libertad propietaria y productiva”. Porque la libertad de las mujeres y personas gestantes para decidir sobre sus propios cuerpos es rechazada explícitamente en su texto programático, incluso señalando que buscará eliminar la despenalización de la interrupción del embarazo y restringir aún más el aborto en tres causales, dando mayor espacio a la objeción de conciencia.

La libertad de las personas para elegir su género también es rechazada. Junto con ello, en la sección de cultura, el programa de Kast se opone a la libertad lingüística, consignando el “reivindicar el idioma castellano, eliminando el lenguaje de género y de incitación a la lucha de clases, étnica o cualquier doctrina tendiente a la división nacional”.

Es anti-mapuche con todas sus letras: uno de los apartados del programa literalmente se titula “Atrévete a recuperar la Araucanía” donde se exponen medidas como la “utilización de agentes encubiertos, entregas vigiladas y de testigos protegidos” y que “los delitos terroristas (sic) deben tener la calidad de imprescriptibles”.

Además, plantean la “defensa de la familia”, pero su eventual gobierno ofrecería “incentivos y subsidios”, exclusivamente a “las parejas casadas”. Una política que no considera casi al 30% de las familias en Chile, y que es misógina, ya que el 70% de los hogares monoparentales en nuestro país son sostenidos por mujeres.

Las familias migrantes para Kast no importan. Y lo decimos porque en su programa explicita que apuntarán a "crear una unidad especializada de la Policía de Investigaciones que replique el modelo de la unidad de Immigration and Customs Enforcement (ICE) de Estados Unidos, con el objeto de buscar activamente a los inmigrantes ilegales". Sí, ICE, la misma policía que en EEUU mantenía privados de libertad a infantes y adolescentes por ser migrantes ilegales, siendo ampliamente repudiado a nivel internacional. Menos importan las familias más precarias: su programa no reconoce en ningún caso el derecho a la vivienda.

Los principios de la Ley, orden y seguridad para Kast y el Frente Social Cristiano sirven de excusa para aplastar con todos los medios del Estado la organización feminista, obrera y popular. Es que la paz de la que ellos hablan, no es otra cosa que la tranquilidad de imponer un orden social que sólo beneficia a la minoría poderosa y millonaria de este país. Pretenden, con el argumento del resguardo del Estado de Derecho, fortalecer las facultades policiales para “restaurar el orden público”, que significa en realidad mayores herramientas para aplastar la protesta social con represión, sin escatimar en gasto fiscal. Incluso, con normativas especiales para juzgar agentes del Estado que hayan incurrido en delitos ejerciendo sus funciones, insinuando la impunidad para los represores.

Propone aumentar las atribuciones del Estado de Excepción para permitir “interceptar, abrir o registrar documentos, y toda clase de comunicaciones y arrestar a las personas en sus propias moradas o en lugares que no sean cárceles ni estén destinadas a la detención”. Junto con ello, plantea implementar una Coordinación Internacional Anti Radicales de Izquierda (escrito así en su programa) cuya misión sería “identificar, detener y juzgar a agitadores radicalizados’’.

Quizás la única afirmación que nos hace sentido del programa de Kast es que “Nosotros (Kast, Frente Social Cristiano) no vamos a transformar radicalmente nada”. Porque es cierto. No van a transformar radicalmente nada de salir electos: van a perfeccionar la dictadura del capital que gobierna nuestra vida cotidiana.

Para muchos, Kast resultaba hasta hace poco un personaje excéntrico, con una capacidad inaudita para decir aberraciones sin inmutarse, como por ejemplo dar su apoyo irrestricto a la dictadura cívico militar y sus agentes. Un representante de la derecha más delirante. Algunos vociferaban que con el proceso constitucional, el pinochetismo estaba muerto.

No fue así: es la segunda mayoría en algunas encuestas, en otras, la primera. Pese a sus panamá papers, pese a sus mentiras y fake news en los debates. Gane quien gane en las próximas elecciones, lamentablemente se fortalece una derecha profundamente patriarcal y racista, que alienta los prejuicios y discriminaciones entre la misma clase trabajadora, alimentando el odio al migrante, al pueblo mapuche. Pero también se fortalece la idea de que el próximo gobierno y la convención constitucional podrían dar respuesta efectiva a nuestras demandas.

Sin embargo, ningún gobierno nos ha regalado nada, todo lo hemos conquistado con lucha. Sería ilusorio confiar en que este Estado capitalista y patriarcal se va a convertir en un país feminista y socialista por ponerlo en la constitución; o por la paridad de género, o por tener más mujeres en cargos de poder. Si bien hoy podemos conquistar derechos, nada nos garantiza que estos se mantengan: un claro ejemplo de ello es que si sale Kast, muchas de nuestras conquistas, por mínimas y democráticas que sean, serán borradas, aplastadas.

Resulta fundamental poner sobre la mesa que hay otra alternativa. Que la organización de la clase trabajadora, las mujeres, la juventud, y el pueblo mapuche y migrante, es poderosa, y puede echar abajo este orden que exprime nuestras energías, que afecta el medioambiente y nuestra salud física y mental. Acabar con la precariedad en todos los ámbitos de nuestras vidas, y una sociedad completamente diferente, sin opresión y sin explotación, no solamente es necesaria: es también posible.




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