Política Chile

CONVENCIÓN CONSTITUCIONAL

La Convención hoy ¿Qué política deben defender los revolucionarios?

A casi 2 meses del inicio de la Convención y en medio de las discusiones electorales a parlamentarias y presidenciales ¿Qué política deben defender los revolucionarios frente a la Convención Constitucional? Esta pregunta toma especial relevancia ahora, por el camino que ha seguido la propia Convención, de subordinación al régimen y encauce del desvío.

Miércoles 8 de septiembre | 16:27

Provoste, Sichel y Boric dan la tónica de la coyuntura actual, tendiente a la moderación. Sin grandes eventos de la lucha de clases que irrumpan aún y un clima electoral con escándalos que, por el momento, se lo come todo. El Partido Comunista y el Frente Amplio por un lado, buscan capitalizar este clima reformista, la Lista del Pueblo, por otro, se desmorona por todos sus flancos y trata de dejar en pie algo de lo que algún día fue. Aun así existen sectores de masas que observan atentos y que incluso registran esperanzas en que estas mediaciones cumplan algo de las demandas de la Rebelión de Octubre.

La Convención Constitucional sigue siendo un excelente laboratorio para ver en concreto qué tan lejos quieren llegar estos partidos y organizaciones en la pelea contra el régimen heredado de la dictadura. A poco andar la Convención ha mostrado ya sus límites; la declaración de la Vocería de los Pueblos que inauguró un “ala soberanista” en la Lista del Pueblo, planteando explícitamente el problema de la soberanía de la Convención y la libertad a los Presos de la revuelta, fue traicionada y sepultada por sus propios firmantes la primera semana de sesiones, y vergonzosamente coronada con dos declaraciones en que los convencionales solicitaban tramitar la liberación de los Presos a los poderes constituidos, al mismo tiempo que se comprometían a respetar la separación de poderes del régimen. Lo mismo podemos decir del Partido Comunista, que tras entrar por la ventana al acuerdo del 15N, discutió en su Congreso rodear de movilización la Convención. El propio Jadue como pre candidato lo declaró a los cuatro vientos; nada de eso ocurrió, ni Jadue logró llegar a ser candidato presidencial ni el PC movió un solo dedo por movilizar alrededor de la Convención. Si hoy la Convención camina a los ritmos del régimen, respeta los poderes constituidos, discute cosas reglamentarias y se esfuerza por mostrarse como otra institución “seria” y ordenada, a pesar de las rabietas de la derecha, es en gran medida gracias a la colaboración directa del PC, el FA y la Lista del Pueblo.

I) Basta de tregua con el régimen y la Derecha ¡Ningún mecanismo de control a la Convención! ¡Fuera los representantes políticos de Pinochet! ¡Revocabilidad ya!

Es evidente ya para todos que el PC, el FA y la Lista del Pueblo no buscaron desarrollar ninguna pelea que los contrapusiera a los poderes constituidos, lo cual redundó en la reafirmación del nefasto acuerdo del 15N. Los Convencionales de izquierda aceptan y validan estos mecanismos de control; el caso del Frente Amplio es escandaloso, el voto de Atria junto a la derecha y al ex Concertación por preservar los ⅔
o si se quiere, el apoyo del Frente Amplio a la derecha para que integrara la mesa de la Convención La Lista del Pueblo, el Partido Comunista y el Frente Amplio deberían desconocer todos estos acuerdos y mecanismos de control antidemocráticos, solo así se podría discutir en serio las transformaciones que demandó Octubre, y que los propios Convencionales dicen querer representar.

Pero no basta con desconocer estos mecanismos, de hecho para poder hacerlo hay que romper la tregua con la derecha. Hay que sacar ya a los elementos reaccionarios de la Convención. Convencionales como Arancibia y Marinovic, dignos representantes de los sectores más privilegiados y recalcitrantes, deberían ser expulsados no ya de las comisiones, sino de la propia Convención. El caso de Arancibia que fue votado por su bancada para estar en la Comisión de DDHH, constituye una provocación en sí misma y muestra la “seriedad y respeto” con que trata la derecha el problema de los DDHH.

Es impresentable ver cómo la derecha pide la cabeza de Constituyentes como Rojas “Pelao Vade”, mientras hace vista gorda con Arancibia. Un representante político de la dictadura, el edecán de Pinochet que viajó a defenderlo a Inglaterra, un Convencional que fue cabeza de la rama más reaccionaria del Ejercito, que se entusiasmaba con “salir a matar comunistas” es un insulto que esté dentro de la Convención ¡Debe ser revocado! ¡Fuera Arancibia de la Convención! ¡No más tregua con la Derecha! ¡Fuera los representantes de Pinochet de la Convención! Que los convencionales de izquierda en la Convención, decreten la ya salida de Arancibia de la misma, no puede ser que mientras la derecha pide la cabeza del Convencional Rojas, la izquierda no pueda siquiera sacar a Arancibia de la Comisión de DDHH, ni que decir sacarlo de la Convención. Pero de nuevo, esta perspectiva es imposible si la izquierda en la CC sigue subordinada al acuerdo del 15N y a los poderes constituidos.

La derecha aprovecha el revés del Constituyente Rojas “Pelao Vade” para buscar meter más mecanismos de control y censura a la Convención: el Congreso, el Tribunal Constitucional, Corte Suprema, etc. Todos mecanismos antidemocráticos. Atria, del Frente Amplio, les hace la segunda desde la Convención; usan la petición de cargo de Vade para que la Convención ni siquiera pueda decidir su reglamento frente a un caso como este. Por el contrario, se trata de ampliar la experiencia democrática de las masas, y sean ellas las que mediante el voto popular puedan revocar a sus propios convencionales.

II) ¡No más privilegios para los políticos del régimen! ¡Que todo parlamentario, convencional y cargo de elección popular gane igual que una profesora!

Hoy lo que queda de la Lista del Pueblo (o Pueblo Constituyente) se estremece bajo una crisis fulminante, que la emparenta en tiempo récord a todas las prácticas que juró combatir. Si un sector de la Lista del Pueblo se hubiera anclado a la lucha por la libertad de los Presos de la revuelta en la Convención, o hubiera batallado consecuentemente contra la subordinación a los poderes constituidos; si la Vocería de los Pueblos -por ejemplo- no hubiera traicionado su propia declaración de entrada a la Convención, un sector de la Lista del Pueblo podría hoy levantar cabeza por encima de todo el debacle en curso, y mostrarse como alternativa. Los convencionales de la Lista del Pueblo deberían ya, si quieren realmente mostrar su disposición a combatir las prácticas de los políticos del régimen, decretar de inmediato que todo cargo de elección popular no gane más que una profesora o trabajador calificado, y sea revocable.

Por otro lado, el Partido Comunista y el Frente Amplio han hecho demagogia desde hace mucho con bajar el sueldo de los parlamentarios ¿Por qué aun los cargos de elección popular siguen pagando sueldo de gerente? La discusión de las asignaciones en la Convención, que efectivamente usó la derecha como campaña de desprestigio a la Convención, es una cortina de humo al problema de fondo, a saber: que este régimen genera y sostiene una casta de políticos corruptos y privilegiados con sueldos millonarios, mientras el pueblo trabajador se sostiene con seguro de desempleo, IFEs, sueldos de hambre o sus propios ahorros previsionales. ¡Basta de estos privilegios! Que todo cargo de elección popular no cobre más que una profesora o trabajador calificado ¡Que la Convención fije de una vez los sueldos de cargos de elección popular!

III) ¡Voz y voto para la Juventud!

Los grandes excluidos son sin duda las y los jóvenes. Aquella juventud que saltó los torniquetes y que dio el puntapié inicial a la Rebelión, no se le permite votar ni presentar candidaturas. Históricamente los secundarios y la juventud en general han sido excluidos de todas las decisiones políticas, se les arrebata ese derecho que han ganado luchando en tomas, paros, mochilazos y pingüinazos ¡Voz y voto para todos los mayores de 14!

Las juventudes del Partido Comunista también plantean esto, y junto a figuras convencionales de su sector exigen a la Convención que los mayores de 16 puedan participar del plebiscito de salida es absolutamente insuficiente: que los mayores de 14 puedan participar íntegramente en todas las votaciones nacionales y locales, sin excepción alguna. Si el Partido Comunista y la izquierda en la Convención realmente quieren que la juventud pueda participar políticamente ¡Que voten ya mismo, voz y voto para los mayores de 14 en todas las elecciones del país!

IV) Por la presencia de las luchas obreras en la Convención ¡Por un pliego obrero de demandas!

La burocracia sindical, después de la paliza que recibió en la elección de convencionales (donde figuras como Barbara Figueroa, Mario Aguilar o Luis Mesina no lograron ser electas) se retiró de la escena política. En el intertanto la CUT en una raquítica elección, sacó al Partido Comunista de la presidencia y puso al Partido Socialista. Hoy reaparece la burocracia sindical en la escena política, después de la tregua retornan desde la CUT con una propuesta constitucional a la Convención, en nombre de la clase trabajadora. La burocracia sindical dice que busca darle valor al trabajo en la carta magna, y representar los intereses de los y las trabajadoras frente al proceso constituyente. ¿Pero donde se discutió esa propuesta? ¿Cuántos y cuáles sindicatos hicieron asambleas o consultas a sus bases? No es democrático así, si las direcciones sindicales realmente quieren que las y los trabajadores puedan discutir un nuevo Chile, que se convoquen asambleas en los lugares de trabajo, presenciales o por red, que se discuta en cada sindicato un pliego de las y los trabajadores a la Convención.

Para la burocracia sindical su propuesta es simplemente un insumo para una nueva Constitución, y de lo que se trata es que un pliego así sirva para discutir en las bases sindicales y lugares de trabajo puntos como negociación ramal, fin al subcontrato, paso a planta, salario de emergencia, etc. Queremos un pliego que nos permita organizarnos y coordinarnos, unir las luchas separadas por el régimen, las recientes movilizaciones de salud, de la minería y de sectores de profesores; todo, en el marco de un plan de lucha ascendente, que se encamine a la Huelga General ¿Están dispuestos los partidos de la izquierda en la CC y las direcciones sindicales a garantizar una pelea así?

Pero ante todo, esto permitiría abrir la perspectiva de unificar las luchas obreras, aun desperdigadas y sin conexión, en la perspectiva de hacer irrumpir a la clase obrera en la escena política. La derecha comienza a retomar el timón del debate nacional, solo la irrupción de amplios sectores de la clase obrera con sus métodos de lucha, puede voltear el tablero y hacer girar la situación de conjunto. Es criminal que la burocracia sindical no convoque a una movilización y paro nacional para unificar esta fuerza, y tener un plan propio, un auténtico pliego obrero de demandas.

¿Cómo seguir con la Convención?

La Rebelión demostró que lo posible depende de la correlación de fuerzas. Mientras más fuertes éramos en las calles, más tambaleó el régimen y más estuvo dispuesto a ceder. Cuando sectores de la clase trabajadora empezaron a entrar en la rebelión, y se abre la dinámica del 12N, el régimen entró en pánico.

Sabemos también, que la derecha nunca aceptaría estas propuestas, y que solo con movilización de por medio, podrían imponerse. Pero eso no significa que no podamos desde ya exigirles a los convencionales de izquierda que dicen querer luchar por un proceso constituyente auténticamente democrático, que sean consecuentes siquiera con eso. El Partido Comunista, el Frente Amplio y la Lista del Pueblo dirán que la derecha y la ex Concertación se opondrán con todo a tales propuestas, pues que rompan con ellos, que son minoría, y llamen a nuevas elecciones a convencionales, unas elecciones auténticamente democráticas, donde todos puedan votar y los cargos sean revocables, ampliando así la Convención en número y alcance a uno cada 10 mil electores, para que más sectores puedan participar, eligiendo más Convencionales todos con salario de una profesora y revocable, sin las trabas del Acuerdo por la Paz.

Los convencionales de la izquierda parlamentaria, si realmente no quieren repetir el rol nefasto de la concertación en la transición pactada de los 90, antidemocrática y neoliberal, deberían luchar por estos puntos democráticos que planteamos.
Pero ninguna de estas medidas en sí misma cambia la naturaleza de la Convención, que es la de un organismo que actúa en los hechos, como un restaurador y oxigenador del régimen. Que teniendo la posibilidad de oponerse a los poderes constituidos, ha decidido ser fiel a su nacimiento del 15N. Si queremos que la Convención pueda discutir de verdad cambios estructurales en el país como acabar con las AFP, nacionalizar el cobre bajo gestión obrera, el derecho a autodeterminación del Pueblo Mapuche, etc, solo puede hacerlo si las masas en movilización se lo permiten, sin ellas, todo es un simulacro que la derecha, los empresarios y las FFAA nunca permitirían en serio.

Solo una enorme movilización, y en última instancia, un Gobierno revolucionario de las masas trabajadoras y populares, puede garantizar un proceso constituyente auténticamente democrático. Mientras la derecha y el régimen estén de pie, nunca lo permitirán, hay que hacerlos caer. Desde el PTR defendemos esta perspectiva, y luchamos por el cumplimiento de todos los derechos democráticos de las masas, que diariamente les niega el régimen, para avanzar en el camino por derribar el capitalismo y conquistar un Gobierno de los Trabajadores y el Pueblo Pobre.






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