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Red Internacional

DEBATE.La Lista del Pueblo: ¿Qué expresa su irrupción y qué desafíos políticos plantea?

La Lista del Pueblo sacó más de 850.000 votos y logró elegir a 27 constituyentes ¿Qué expresa la irrupción de esta lista independiente? ¿Cuál es el carácter de este fenómeno? ¿Qué posibilidades nuevas se abren para las aspiraciones de la rebelión ahora que esta lista posee un importante peso en la Convención Constitucional?
Intentaremos responder estas preguntas.

Juan ValenzuelaProfesor de filosofía. Partido de Trabajadores Revolucionarios.

Domingo 23 de mayo | 01:57

Lo que expresa la alta votación de la Lista del Pueblo

La alta votación de la Lista del Pueblo expresa el rechazo que cientos de miles de personas sentimos a la cocina del 15N de 2019, que impidió que la rebelión popular lograra derribar al gobierno de Sebastián Piñera y convocara a una Asamblea Constituyente Libre y Soberana para implementar un programa para terminar con toda la herencia de los 30 años y la dictadura. Pero también expresa la ilusión en que es posible conquistar las aspiraciones de la rebelión en el terreno que derivó de la cocina del 15N. Es esta conciencia contradictoria la que se expresa en la votación a los activistas y dirigentes sociales de la Lista del Pueblo.

Como sabemos, los partidos políticos y figuras dirigentes reunidos esa noche del 15N -desde la UDI al Frente Amplio-, firmaron el “Pacto por la Paz y una Nueva Constitución”, el que estableció los principios básicos con los cuales funciona el actual proceso constituyente, por ejemplo, el quórum de 1/3 o la intangibilidad de los tratados internacionales, lo que incluye a los tratados internacionales. La forma de decidir el destino de la rebelión -sin preguntarle a nadie, entre gallos y medianoche- generó una importante desafección y repudio hacia esos partidos de parte de los sectores populares que protagonizaron la revuelta. Rafael Montecinos, explica cuál era la posición de los actuales miembros de la Lista del Pueblo cuando estaba en curso la rebelión:

Nosotros íbamos por el derrocamiento del Gobierno de derecha. Siempre estuvimos de acuerdo con un cambio de Constitución, pero en base a una Asamblea Constituyente, no así, como se cocinó. Los partidos políticos le salvaron el pellejo a Piñera y por eso no estuvimos de acuerdo.

La Lista del Pueblo transformó la denuncia a los partidos políticos de la cocina en una lucha contra todos los partidos: Manuel Woldarsky Gonzalez, abogado electo constituyente, plantea en su página web:

«Ante el hecho evidente de que los partidos políticos han devenido en una casta que no representan los intereses de la sociedad, sino que únicamente vela por los suyos propios, y de que el pueblo en la revuelta de octubre de 2019 no contó con más respaldo que sus propias fuerzas, surge la necesidad de buscar una representación directa y participativa de la ciudadanía».

Ahora bien, la Lista del Pueblo, una vez realizado el desvío del proceso constituyente de la cocina, eligió “igualmente (…) ir con listas de independientes” porque pretendía “llenar todos los espacios posibles” objetivo que en palabras de Rafael Montecinos habrían logrado.“Tendremos la oportunidad de hacer cambios reales”. “Seguimos deslegitimando el acuerdo del 15 de noviembre, pero lo que se hizo ya se hizo. Y ahora llenamos ese espacio”, declaró este dirigente fundador.

Esta es una idea base de la Lista del Pueblo: que “las personas debemos tomar un lugar fundamental en la redacción de nuestra nueva Constitución y en la creación del nuevo Chile”. Declaran: “Queremos ser nosotros y nosotras, el Pueblo, quienes redactemos y conduzcamos los destinos del país y que juntos y juntas lo levantemos. Unidos y unidas avanzamos”. Esta definición tiene bastante coherencia con su composición: dirigentes y activistas sociales, muchos de ellos emergidos en la rebelión popular de 2019.

Es de esta manera que la Lista del Pueblo busca unir dos cuestiones contradictorias entre sí: primero el elemento ya mencionado de una desconfianza con lo que fue la cocina y los partidos políticos que la gestaron; y segundo, la ausencia de una perspectiva alternativa al proceso constituyente actual para amplios sectores sociales que fueron protagonistas de la rebelión. La Lista del Pueblo ofrece jugar en el proceso, eventualmente, cuestionar las reglas del 15N, pero por sobre todo no caer en los vicios de los partidos de la cocina. Los que la votaron, al mismo tiempo que desconfían de los partidos de la cocina, creen que hay muchas cosas por lograr en la actual convención.

Debates de programa

La Lista del Pueblo propone avanzar al objetivo político mayor “un Chile con igualdad de género, plurinacional y digno. Un país empoderado y dueño de sus riquezas naturales, que invierta en el mayor patrimonio que tiene: su propia gente”. Este planteamiento, para la Lista del Pueblo, es posible de realizarse a partir de un cierto equilibrio entre Estado y mercado. Así lo explican:

«...no cabe la disyuntiva entre el mercado y el Estado, ambos son pilares del desarrollo, sin embargo, el abuso de los oligopolios y monopolios, las penumbras del mercado y la inexactitud de las leyes y teorías económicas que se sostienen sobre la base de creencias inaceptables como el egoísmo humano y la mano invisible, nos indican que no se justifica socialmente una defensa dogmática del mercado y la competencia. El mercado sólo debe ser visto como uno más de los instrumentos que operan en la actividad económica».

Como vemos, para la Lista del Pueblo, el problema no es el capitalismo sino el abuso de oligopolios y monopolios. Un sector de los capitalistas, pero no la explotación capitalista como tal. Se trata de un programa antineoliberal, pero no anticapitalista.

Nosotros -quienes militamos en el Partido de Trabajadores Revolucionarios- somos socialistas y anticapitalistas y pensamos que tanto la posibilidad de realizar las aspiraciones democráticas de las y los trabajadores y los sectores populares (terminar con el machismo de la Iglesia, lograr el derecho a autodeterminación del pueblo mapuche, etc.) como la posibilidad de arrebatarle las riquezas naturales a los grupos capitalistas, pasa por una ardua lucha de clases en la cual la clase trabajadora logra desarrollar todo su potencial: por ejemplo, el método de la huelga general que se expresó el 12N de 2019. Una ardua lucha de clases, que puede desarrollarse hacia choques mayores con la clase capitalista e imponer medidas de carácter anticapitalista, como la expropiación sin indemnización de ciertas megaempresas en manos de transnacionales o grandes grupos económicos locales y la gestión obrera y popular de esos recursos. Es con una gran fuerza social y métodos combativos que se puede derrotar la voluntad de los capitalistas acostumbrados a dominar y a la impunidad.

Por eso, en 2019, planteamos que la realización de las demandas de la rebelión requería de un órgano constituyente mil veces más democrático que la actual Convención Constitucional: una Asamblea Constituyente Libre y Soberana convocada por las organizaciones obreras y populares sobre las ruinas de este régimen, con un delegado cada diez mil habitantes, con derecho a votar y ser electos a cualquier residente en el país desde los 14 años, etc. Sostuvimos que los capitalistas iban a resistirse frente a cualquier medida que afectara sus intereses en esa Constituyente: por esa razón, impulsamos -al mismo tiempo que la consigna de Asamblea Constituyente Libre y Soberana-, organismos de autoorganización como el Comité de Emergencia y Resguardo en Antofagasta. De esa manera buscamos preparar batallas mayores que se vislumbraban en el camino. Para nosotros, si se extendían los organismos de autoorganización, podían desarrollarse las bases de un futuro gobierno de trabajadores de ruptura con el capitalismo.

En parte lo que impidió que se desarrollara ese camino, fue el papel de la CUT que inmediatamente después del 15N eligió la vía de una tregua con el gobierno.
También el PC que sin firmar el “Pacto”, rápidamente avaló el proceso de desvío. Por esa razón la mayoría de las y los trabajadores no propusieron ese camino, pese a que se produjeron avanzadas experiencias de autoorganización y autodefensa como el comité de emergencia y resguardo en la ciudad de Antofagasta.

Cuando se instaló el proceso constituyente, nosotros, sin renunciar a nuestros objetivos, consideramos necesario poder intervenir del proceso eleccionario que se abrió, con el objetivo de defender un programa revolucionario, aun primando las ilusiones del desvío. En contra de cualquier visión testimonial de lo que debe hacer una izquierda socialista y revolucionaria de la clase trabajadora, el PTR participó en las elecciones obteniendo más de 52.000 votos sólo en constituyentes. Pero acá se expresa una diferencia con la Lista del Pueblo: nosotros no sostenemos la idea de que la Convención da la oportunidad de realizar cambios reales. Sin la fuerza de millones de trabajadores y pobres en las calles, es imposible asestar cualquier derrota seria a los grandes grupos económicos y a las fuerzas represivas que sostienen sus intereses. Por eso no creemos que el hecho de que “las personas” tomen un lugar central en la redacción de la nueva Constitución sea una especie garantía de realización de aspiraciones populares como sostiene la Lista del Pueblo.

Cuando se trata de derrotar los intereses del capital, hace falta otra cosa: la fuerza de millones de trabajadores y sectores populares en las calles para enfrentar además al aparato represivo que defiende esos intereses y la propiedad privada capitalista. Ese camino es posible si las y los trabajadores empiezan por resistir a los despidos, a través de la coordinación y la unidad de acción; si pelean por la libertad de los presos políticos de la revuelta, si se desarrollan comités para pelear por nuestras demandas. Desde esos espacios es necesario exigirle a las burocracias sindicales -como la CUT- que rompan su tregua con el gobierno e impulsen acciones de movilización, paralización, preparando la huelga general para enfrentar a este gobierno asesino. Ese camino -el del frente único obrero y el de la alianza con los sectores populares- es el que puede prepararnos para conquistar una verdadera Asamblea Constituyente Librea y Soberana sobre las ruinas de este régimen, es decir, una Constituyente que pueda sesionar sin que siga operando el poder ejecutivo del presidente de la república o instituciones contramayoritarias como el Tribunal Constitucional, una constituyente en la que no existan trabas para abordar ningún tema.

Todavía está por verse si este será el camino que escoja la Lista del Pueblo. Con 27 constituyentes tiene un importante margen de acción. Pero la primera semana después de las elecciones hemos escuchado declaraciones contradictorias. Su candidato más votado, Francisco Caamaño, declaraba que “La Lista del Pueblo dijo que no iba a transar con la derecha, pero no sé qué tan cierto sea eso, porque por lo menos hay que llegar a mínimos comunes. No estoy hablando de que hay que ceder en todo. Pero hay mínimos comunes que se deben establecer, porque deben dar estabilidad en el país”. Por otro lado, Rafael Montecinos, fundador de esta lista, declaraba que “nunca vamos a conversar con la derecha. Sabemos que los constituyentes cuando empiecen a redactar la Constitución, van a tener que conversar con personas, no con los partidos”. ¿Pero se puede hablar con una persona de un partido como si no fuese de ese partido o sector? Y, por otro lado ¿qué tendría de “mejor”, por ejemplo, conversar con una “persona” que no es de un partido pero que defiende la herencia neoliberal de los 30 años? Recordemos que en la lista de “independientes no neutrales” se presentaron varias “personas” allegadas al poder de los 30 años. ¿Cuáles son esas personas con las cuales se puede conversar?

Fuente: La Tercera

Unidad de acción

Con independencia de estos debates programáticos y estratégicos, creemos que es necesaria la más amplia unidad de acción con las y los compañeros de la Lista del Pueblo en pos de objetivos comunes particulares que respondan a los intereses de la clase trabajadora y los sectores populares. María Rivera, en una entrevista a El Mercurio, señalaba que para ella sería ideal condicionar el inicio de las sesiones de la Convención a la liberación de los presos políticos. Eso no se lograría sólo con la fuerza de los convencionales. En sus palabras hace falta “que se convoque a una huelga general en Chile, una movilización nacional que exija la liberación de los presos políticos”.

Fuente: El Mercurio

Nosotros no coincidimos con María Rivera en el camino que escogió de hacerse parte de la Lista del Pueblo a la que su organización define como “un espacio de unidad de activistas que venimos de las movilizaciones sociales para presentar propuestas en las elecciones a Constituyente y para luchar porque los independientes del pueblo entren a la futura Convención Constitucional”, devaluando el programa en la caracterización de lo que es esta lista: un programa que defiende la reforma del Estado existente y renunciando a batallar porque un programa obrero y socialista, anticapitalista, tenga un referente político claro. El MIT prefiere usar un discurso ambiguo de “grupo de activistas proveniente de las movilizaciones” oara lograr una identidad entre su organización y la Lista del Pueblo, una identidad que les importa más que el hecho de que el programa de esta Lista tenga componentes que lo asemejan mucho al programa del Frente Amplio y el PC.

En una apuesta distinta a esta, quienes militamos en el PTR impulsamos una Lista de Trabajadoras y Trabajadores Revolucionarios con un programa socialista y anticapitalista y con una postura explícita favorable a la construcción de un partido político revolucionario (incluso en la papeleta, aparecimos como Partido de Trabajadores Revolucionarios). Consideramos que se trató de un acierto táctico que nos ha permitido empezar a emerger como partido político en la ciudad de Antofagasta, acumulando una tradición de lucha, bastiones y referentes políticos, como nuestro compañero Lester Calderón, dirigente sindical de la fábrica de explosivos Orica que se postuló a gobernador.

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Aún así, con independencia de estas discusiones de programa y estrategia que podemos continuar, es evidente que la pelea por la libertad de los presos políticos y la huelga general, urge darla en común, y sin duda se daría un importante paso en la lucha contra este gobierno represor que constituyentes como Rivera pongan su bancada al servicio de esa lucha: imaginemos por un instante la enorme crisis lo que significaría para el gobierno y su aparato represivo que la instancia inventada para desviar la lucha como lo es la Convención Constitucional, de pronto declarase que no está dispuesta a sesionar, mientras millones de trabajadores y jóvenes salen a la calle por la libertad de los presos políticos ¿No sería una manera de ayudar a doblegar la voluntad del gobierno represor en lo que respecta a los presos políticos? Pero al no ser la Lista del Pueblo una corriente homogénea en términos políticos y de práctica militante, no es claro que esta vaya a ser la orientación de toda su bancada constituyente. Incluso, en sus documentos se definen como “un movimiento pacifista con profunda vocación democrática” aunque incorporen una cierta estética de la rebelión.

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Como PTR queremos pelear para defendernos de todas las medidas represivas del gobierno. Así como en la comuna de Puente Alto le hemos propuesto a otras fuerzas como la Lista del Pueblo el el Partido Igualdad y otros colectivos locales, impulsar en común la coordinadora contra la represión que más tarde se solidarizó con la lucha de las trabajadoras y trabajadores del CESFAM Alejandro del Río, así como en Antofagasta nos hemos encontrado en luchas comunes con activistas que luego formaron esta lista, en el comité por una Asamblea Constituyente Libre y Soberana y, antes también hemos coincidido con una de sus referentes en el Comité de Emergencia y Resguardo de esa ciudad; en esta nueva etapa abierta después de las elecciones a constituyentes, creemos que experiencias similares de unidad de acción podríamos llevarlas a escalas hasta ahora no vistas. Una primera pelea común debe ser por la liberación de los presos políticos. Todas y todos quienes hemos estado en las calles peleando por que se vaya Piñera y contra las fuerzas represivas podemos unirnos en esta causa.

Esa lucha no puede darse solamente con maniobras en la Convención. Es necesario exigirle a la CUT y buscar coordinar con sindicatos combativos como la Unión Portuaria, la convocatoria a un paro por la libertad de todos los presos políticos de la revuelta y presos políticos mapuche. Con la fuerza de la clase trabajadora activada, con métodos de movilización y paralización, podríamos avanzar a pelear por objetivos cada vez mayores, como la liquidación de todas las cláusulas del 15N impuestas a la Convención Constitucional. Podríamos también pelear en común para que la Convención pueda votar un programa de emergencia frente a la crisis como la expropiación sin indemnización de todas las empresas trasnacionales que se apropian de los recursos forestales, mineros o logísticos bajo control de trabajadores y comunidades.

Para dar esta pelea, quienes militamos en el PTR, impulsamos organismos de autoorganización obreros y populares, comités y coordinaciones de todas y todos los trabajadores y sectores populares que quieren luchar. Es lo que tratamos de hacer en cada lugar donde tenemos trabajo militante. Creemos que a través de eso podemos prepararnos para cuando la clase patronal resista las medidas que afecten sus intereses e imponer la voluntad de la mayoría del pueblo hastiado de los abusos. No hay que olvidar que fue precisamente el paro del 12N el que generó el espanto de la clase capitalista y el gobierno en la rebelión de 2019. La autoorganización y la lucha de clases es lo que puede fortalecer la lucha de la clase trabajadora.
Basándonos en esa fuerza es que queremos pelear por las grandes tareas: por terminar con las AFP, con el saqueo del agua o los recursos mineros, y la impunidad de los represores. Derrotar esos intereses capitalistas implica derribar revolucionariamente este régimen.

Dejar las puertas abiertas -como hace su convencional electo Francisco Caamaño-, a establecer “mínimos comunes” con la derecha en nombre de la estabilidad del país, puede llevar reproducir las viejas prácticas de la política de la transición y las cocinas. Lo planteamos como una alarma. Hay que seguir el camino contrario. Hay que votar la amnistía de todas y todos los presos políticos de la revuelta en la Convención y luego no hay que sesionar hasta que ellas y ellos sean liberados. En simultáneo, es necesario impulsar una huelga general por la libertad de éstos.

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Mientras damos estas peleas en común, es posible continuar los debates programáticos, estratégicos y tácticos necesarios: por ejemplo, por qué tipo de Estado luchamos. Desde nuestro semanario, queremos contribuir al desarrollo de esta discusión de ideas. Para nosotros, como señalamos, el horizonte es romper con el capitalismo y poner en pie un gobierno de la clase trabajadora basado en organismos de autoorganización y poner el horizonte de una sociedad socialista en la que ya no exista la explotación.




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