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Educación pública

La beca de gratuidad en la educación (de mercado) de Bachelet muestra su insuficiencia: 69 mil estudiantes perdieron la beca por atrasarse en la duración de sus carreras

Han pasado 5 años de la reforma a la educación pública que consagró la beca de gratuidad en universidades acreditadas, y que al año siguiente se extendió a institutos profesionales y técnicos. Cientos de miles de estudiantes accedieron a este beneficio, pero 69 mil jóvenes lo perdieron por demorar más tiempo del formal en egresar. Y donde el 20% de estudiantes con la beca se han visto obligades a suspender sus estudios. ¡Vamos por la gratuidad universal, financiada integralmente por el Estado!

Martes 31 de agosto | 07:49

Cerca de 68.654 estudiantes han perdido la gratuidad en los últimos 5 años, según la Subsecretaría de Educación Superior, desde que fue implementada la beca de gratuidad en el segundo gobierno de Bachelet. Gobierno que tomó la demanda del 2011 por educación gratuita y la cocinó con la Democracia Cristiana y la derecha para entregar una beca que sigue las lógicas de mercado en la educación.

Diputadas como Camila Vallejos, Karol Cariola, y diputados como Giorgio Jackson y el ahora candidato presidencial Gabriel Boric fueron parte de esta cocina con Bachelet. Recordemos que desde que eran dirigentes estudiantiles se negaron a luchar por la Educación pública gratuita financiada integralmente por el Estado, y defendían el “arancel diferenciado”, que significa que cada uno pague según sus ingresos. Propuesta que niega de facto el derecho a recibir educación pública de calidad y que perpetúa el mercado en los centros de educación superior.

El 2016, esos mismos partidos políticos, el Frente Amplio y Partido Comunista, a la cabeza de las principales federaciones estudiantiles, defendieron con uñas y dientes la Reforma de gratuidad de Bachelet. A pesar de que decenas de estudiantes discutimos en asambleas que no era la demanda por la que llevamos años peleando, estos dirigentes estudiantiles dieron la espalda una vez más y de forma antidemocrática la apoyaron desde el Confech.

Millones de personas acogieron la demanda histórica por educación gratuita el 2011, y que resurgió para la rebelión popular del 2019, 8 años después. ¿Por qué?

La crisis de la educación pública

La lógica neoliberal de la educación heredada de la dictadura de Pinochet, y profundizada por los gobiernos de la Concertación ha desmantelado a la educación pública, y ha hecho un negocio de este derecho fundamental. Las universidades deben autofinanciarse para mantenerse, lo que significa subir los aranceles año a año, precarizar a sus funcionarias/os, prefesoras/es, y estudiantes, y vender proyectos a empresas privadas.

Si bien con la beca gratuidad han entrado miles de estudiantes que antes solo tenían como opción endeudarse con el maldito CAE, ésta no cumple con las necesidades de todes. Como decíamos más arriba, en estos 5 años que lleva, 69 mil estudiantes la han perdido y un 20% ha suspendido sus estudios, muchas veces por no tener los recursos suficientes para poder vivir y estudiar. Sobre todo cuando somos les jóvenes quienes somos arrojades a los trabajos más precarios, como deliverys, comida rápida, call center, etc.

Hoy, después de una pandemia, la educación de mercado vuelve a mostrar parte de su crisis. Miles de familias durante todos estos años siguen complicadas por no contar con los recursos para poder costear los estudios de sus hijes, ya que la beca a la que pueden optar tiene fecha de caducidad, y quienes más se ven afectades son justamente, las familias más pobres, ya que no cuentan con las mismas condiciones que sus pares para poder terminar una carrera en los años formales de duración.

¡Organicémonos por una educación pública gratuita, democrática y no sexista!

Retomemos la bandera del 2011, y de la rebelión por una educación al servicio de las necesidades del pueblo trabajador. Lo que implica que sea gratuita, financiada integralmente por el Estado en base a la renacionalización de los recursos naturales por ejemplo; democrática, o sea que se organice bajo un régimen de cogobierno triestamental, donde estudiantes, funcionarias/os y profesoras/es tengan voz y voto en la dirección de las instituciones, sin autoridades atornilladas por cuoteo político; y no sexista, o sea que cuente con perspectiva de género en las distintas carreras, batallando contra la discriminación machista imperante en las universidades.






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