Política Chile

COLUMNA DE OPINIÓN

La carrera presidencial del proceso constituyente

Se acerca el día del plebiscito fijado en el itinerario del Acuerdo por la Paz y Nueva Constitución cuyo resultado parece estar definido. Los partidos que buscan mantener el modelo neoliberal se preparan para defenderlo.

Joaquín Romero

Santiago de Chile

Martes 1ro de septiembre | 08:43

A poco andar del inicio oficial de las campañas de cara al plebiscito de octubre ya es notorio que el resultado parece estar claro . Hasta ahora incluso las encuestas ligadas al gran empresariado reflejan que la opción del apruebo ganaría a todo evento y con una alta participación: El 85% saldría a votar aunque sea el peak de la pandemia y cerca del 70% se decantaría por la opción de cambiar la constitución pinochetista.

Este escenario encuentra a las filas oficialistas en un intenso debate que parece inclinarse cada vez del lado de quienes creen que para evitar ser derrotados, lo mejor es colocarse del lado ganador y llamar a un gran consenso nacional. En este marco es que ha resucitado de la muerte un conocido articulador de los consensos de la era de la transición y que varias veces permitió salvar a los gobiernos de la vieja Concertación con votos de la derecha en el congreso: Pablo Longueira.

La apuesta de Longueira es bastante simple y ha incluso convencido al ultraderechista José Antonio Kast de que la batalla para la que habría que prepararse es garantizar ganar al menos el tercio necesario de la futura convención constitucional.

Para esto sería clave capitalizar un supuesto electorado de centro, que el gobierno habría perdido con su obstinación en rechazar el retiro del 10% de las AFP, que estaría huérfano con los partidos de la ex-Concertación, estos últimos incapaces de generar un liderazgo creíble y que se resiste a aglutinarse en el Frente Amplio para evitar ser arrastrados por Jadue, el único que día a día sale fortalecido.

Longueira busca despejar rápidamente el dilema existencial de la derecha para que esta centre su atención en el lugar donde realmente se están colocando las fichas respecto a encabezar el proceso político, o sea: la elección presidencial que ocurrirá mientras se desarrolle el proceso constituyente.

La polarización hace difícil la tarea al centro, incluidas las pretensiones centroizquierdistas del Frente Amplio, que se han visto difuminadas. Sin embargo, lo que para unos es una complejidad, es la oportunidad de otros de hacer negocios. La polarización puede reducir la oferta de competidores y avanzar a que el escenario presidencial se despeje de forma más rápida para preparar un plan más certero respecto a cómo maniobrar en este escenario convulsivo, lo que requiere de un liderazgo claro en cada sector.

Si la derecha logra el tercio de bloqueo, lo que con un candidato presidencial definido sería más probable, podría obstaculizar así cualquier transformación real que pueda tener dicha convención confiando en que la centroizquierda timorata permitirá dilatar las discusiones hasta el infinito y para eso no es necesario ser confrontacionales sino que basta con que todos quieran cambiar algo para que nada cambie.

Lo que no quiere decir que el plebiscito sea un hecho irrelevante. Sin duda, con el resultado en mano es más fácil definir las apuestas y quienes salen fortalecidos. De ahí que esta campaña hacia el apruebo o rechazo parece tener más aires a primaria presidencial, con actores que han decidido romper el “silencio republicano” que generalmente se mantiene hasta las elecciones municipales para adelantar sin escrúpulos las pretensiones de llegar a La Moneda. Mientras más cerca esté el plebiscito más difícil será ingresar a la carrera presidencial o posicionarse de cara a todas las elecciones que se avizoran para el 2020.

Si algo demuestra que el Acuerdo por la paz y la Nueva Constitución fue un desvió para evitar un cambio más profundo, es el hecho de que el empresariado no se muestre particularmente intranquilo por el resultado, como si pusiera atención en quien lo capitaliza. De ahí todas las maniobras para confundir a la opinión pública buscando lavar la imagen de reconocidos defensores de la dictadura como demócratas responsables: Longueira reconocido discípulo de Jaime Guzman , Joaquín Lavín un Chicago Boy que siendo ministro de educación reconoció lucrar con ella y Evelyn Matthei hija de un miembro de la Junta Militar, todo esto para buscar llegar a un gran acuerdo con la “socialdemocracia” para dar estabilidad al país.

La derecha hoy se viste tácticamente de conciliadora para dotarse de un liderazgo que carecen tras el derrumbe de la imagen de Piñera, y que pueda permitirles volver a la ofensiva para derrotar las demandas de la rebelión de octubre.

Mientras el Frente Amplio busca darle a la campaña del apruebo el aire épico como si se tratase del plebiscito del 88, donde ellos ahora interpretan el rol de musicalizar el gran acuerdo entre la derecha y la concertación, la frase de Marx parece resonar más clara que nunca: “la historia se repite primero como tragedia y después como farsa”.

Una voz que agrupe las demandas de la rebelión de octubre

El convulsivo escenario económico y político a nivel internacional, en un país cuya economía depende en gran parte de lo que ocurra en los países más desarrollados, parece difícil poder consolidar un gobierno estable que garantice una salida “democrática” dentro del actual sistema que permita dar alguna solución de fondo en los marcos de la institucionalidad vigente.

De ahí que se hace necesario que la rebelión logre dotarse de una voz política capaz de agrupar a todos quienes se movilizaron activamente contra la herencia de la dictadura y evitar que la ilusión de amplios sectores de que el plebiscito pueda significar un cambio sean capitalizados por quienes buscan evitarlo.

Porque si este apoyo al Apruebo lo termina capitalizando la vieja concertación y la derecha, lo usarán para desarmarnos. Por eso desde el Partido de Trabajadores Revolucionarios no nos prestamos para esta farsa con la que buscan disfrazar de triunfo un proceso que a todas luces es un desvío para evitar que podamos realizar un cambio radical a este modelo. Por eso mantenemos la lucha por una verdadera Asamblea Constituyente Libre y Soberana y nos jugaremos por legalizar una alternativa de la Izquierda Anticapitalista de los Trabajadores que no permita que la rebelión sea silenciada.






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