ESTADOS UNIDOS

La crisis del opio en Estados Unidos y la decadencia capitalista

Reforzar seguridad con frontera sur y aumentar penas contra narcos, medidas de Trump contra las adicciones.

Yara Villaseñor

Socióloga - Militante del MTS @konvulsa

Miércoles 23 de agosto de 2017 | 19:25

142 personas mueren cada día en Estados Unidos por las consecuencias de la adicción a las drogas, 92 muertes son causadas por opiáceos; uno de cada tres habitantes los consume. En la última década, la prescripción de opiáceos se ha cuadriplicado.

Esto ha beneficiado mayoritariamente a las grandes compañías farmacéuticas, que encontraron en la legalización de opiáceos en Estados Unidos. El uso de hidrocodona y el zohydro (dosis potenciada de hidrocodona) deriva en un altísimo porcentaje en paros respiratorios, ya sea inyectado o inhalado. Junto a la oxycodona, son muy recetados para el dolor moderado, severo y crónico en fórmulas como Vycodin o Loratab.

El secreto de los opiáceos es la rapidez con la que generan adicción, inhibiendo al mismo tiempo la producción de endorfinas del cuerpo, abriendo la posibilidad de depresiones fuertes que refuerzan el consumo y dependencia de los opiáceos.

Farmacéuticas como Purdue Pharma o Johnson & Johnson, así como su subsidiaria Jansen Pharmaceuticals han generado ganancias multi millonarias anuales por la venta de estos medicamentos, engrosando fortunas de los capitalistas a costa de las muertes de decenas de miles de trabajadores y jóvenes de las clases bajas.

Trump declaró recientemente que las adicciones a opiáceos representan una emergencia nacional para la Casa Blanca y su gobierno. Entre las medidas para combatir las adicciones destaca el reforzamiento de la seguridad en la frontera con México y el aumento de penas para los narcotraficantes. También un programa de salud, pero su intento de desaparecer el Obamacare y profundizar el gran negocio de la salud privada habla por si solo sobre sus prioridades. Por supuesto, no menciona nada en absoluto sobre atacar las ganancias de las farmacéuticas de la muerte.

Son varios los condados de diversos estados los que han resuelto demandar a las grandes farmacéuticas producto de los altos índices de adicción y muertes que se presentan. Sin embargo, esta medida es totalmente insuficiente contra la política estatal que responde a los planes de enriquecimiento y ganancia de las empresas.

Resulta escandaloso que frente a la situación de dependencia psicofísica de millones de estadounidenses, principalmente jóvenes de la clase trabajadora y de pocos recursos, que es claramente un problema de salud pública, el gobierno responda considerándolo un problema de seguridad nacional y declare, en esta emergencia nacional, la necesidad de reforzar la frontera con México y aumentar las pensar a narcotraficantes.

Este es exactamente el modelo que el gobierno estadounidense ha exportado a México para “combatir” los cárteles del narco y el crimen organizado, que ha profundizado la descomposición disparando la violencia, viéndose incapaz de debilitar al crimen organizado. Todo lo contrario, fortaleciendo sus vínculos intrínsecos con empresarios legales que blanquean las fortunas de los capos y las inyectan en el circuito financiero.

El tráfico de drogas es después del de personas, órganos y armas, uno de los negocios más rentables del mundo. Y Estados Unidos es el principal consumir de drogas a nivel internacional. Casi 50 millones de personas consumen productos derivados del opio en todo el mundo, destacando el consumo de heroína y de morfina. 224 mil de las 311 mil hectáreas cultivadas a nivel mundial se encuentran en Afganistán, primer prodcutor mundial de opiáceos.

¿Qué salida?

La ONU en el 2015 declaró que la producción y consumo de opio llegaba al máximo desde la década de los 30’s debido al incremento productivo en Afganistán, no casualmente sucedido en la década de ocupación militar estadounidense en Medio Oriente y en dicho país.

La solución para combatir la dependencia psicofísica a diversas sustancias no está en incrementar los patrullajes de policía y ejército, continuando con la criminalización de los consumidos de sectores populares mediante un discurso racista y moralino. Sino en implementar impuestos progresivos sobre las fortunas de la industria farmacéutica, en perspectiva de expropiarlos sin indemnización par financiar los programas integrales de salud, prevención y tratamiento de adicciones que requieren los consumidores. La adicción a los opiaceos es una expresión de la decadencia capitalista.

En la era Trump, con el fortalecimiento de los supremacistas blancos y el ataque a las condiciones de vida y conquistas sociales, solo un gobierno de la clase trabajadora multiétnica y los sectores populares que avance contra la gran propiedad de los capitalistas podrá devolver la esperanza a los millones de trabajadores, migrantes, jóvenes y mujeres que hoy ven como se va entre sus dedos su derecho a la salud, a la vivienda y al trabajo digno.






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