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Red Internacional

Cordobesismo: Modelo para desarmar. “La hegemonía del agronegocio se relaciona con el predominio de Unión por Córdoba"

Entrevista a Cecilia Quevedo, Doctora en Ciencia Política. Investigadora Asistente del CONICET. Instituto de Estudios en Comunicación, Expresión y Teconologías UNC y María Florencia Valinotti. Doctora en Ciencia Política. Becaria Post-doctoral de CONICET. Instituto de Investigaciones Sociales, Territoriales y Educativas.

Miércoles 18 de mayo | Edición del día

LID: En sus estudios, analizaron la estructuración de dos conglomerados urbanos, General Cabrera y General Deheza, a partir de un entramado económico jerárquico encabezado por Aceitera General Deheza. ¿Cómo consideran que inciden las políticas de la provincia en la configuración de este núcleo?

FV-CQ: Lo primero que hay que decir es que la tendencia a la mono-producción en la provincia de Córdoba está ciertamente acompañada por las políticas provinciales que impulsaron un modelo de desarrollo instituido en base al agronegocio, beneficiando a determinados sectores vinculados a ese modelo. En ese marco, el conglomerado General Cabrera y General Deheza jugó un papel decisivo a partir de dos actores económicos dominantes: Aceitera General Deheza y una industria manisera con gran capacidad exportadora. Esto requiere dos niveles de análisis: uno económico-productivo y otro político-institucional.
En cuanto al primer nivel de análisis, en las últimas décadas en estos territorios del sur de Córdoba comienzan procesos de expansión, consolidación e incorporación al proceso de agriculturización desde el período censal 1988-2002 en adelante, de acuerdo al análisis realizado por Maldonado y Cóccaro (2006). En la actualidad, si bien la provincia de Córdoba tiene la mayor cantidad de superficie sembrada en comparación con otras jurisdicciones del país con maíz, garbanzo y alfalfa, el maní y la soja ocupan lugares preponderantes. En cuanto a la producción de maní, según el último Censo Agropecuario (INDEC, 2018), Córdoba tiene una producción de 368.890,3 hectáreas en 691 explotaciones agropecuarias con 2.224 parcelas, lo que representa casi 90% del total país, relevado en 410.675,9 hectáreas.

En lo que concierne puntualmente al núcleo productivo Deheza-Cabrera, el emplazamiento de AGD y un conjunto de “Industrias de Selección de Maní” han configurado a este territorio como un nodo de acumulación en torno al cual se articula la producción y se organiza el espacio regional. Estas localidades funcionan como polos centralizando los procesos de procesamiento e industrialización parcial de la materia prima proveniente de la región circundante. Es por ello que, en la división regional del trabajo, estos pequeños municipios emergen como importantes demandantes de trabajo asalariado, de servicios científicos-tecnológicos y técnicos especializados, entre otros. El paisaje construido muestra a estos territorios como lugares donde el progreso económico individual es posible en un contexto social provincial donde la ofensiva del capital ha propiciado que los derechos laborales elementales se consideran casi un privilegio (Valinotti, 2020).

En cuanto al segundo nivel de análisis, desde el punto de vista político-institucional, al menos desde los últimos diez años, momento en el cual el sector manisero mejoró notablemente su performance exportadora, es notable su jerarquización en términos de la relevancia de los intereses sectoriales en la formulación de políticas públicas provinciales. Solo para dar un ejemplo: a comienzos del 2021 el actual Ministro de Industria, Comercio y Minería de la provincia de Córdoba, Eduardo Acastello, celebraba el records de exportaciones que logró el denominado “cluster del maní” durante el año 2020 en pleno auge de la pandemia, al tiempo que daba cuenta de la activa participación de la Cámara Argentina del Maní en la construcción de la nueva matriz productiva de Córdoba de cara al 2030 (Accastello, Entrevista Radio Vos, 2021). Del mismo modo, es posible pensar la hegemonía productiva del agronegocio en relación con el predominio político-partidario que ha mantenido en la provincia Unión por Córdoba y los vínculos que ha desarrollado el ex-senador Urquía, uno de los dueños de AGD, con este partido (Krakowiak en Página12, 26/06/2008).

LID: ¿Consideran que hay otras configuraciones similares en Córdoba y en el país?

FV-CQ: Una de las hipótesis que orienta actualmente nuestras investigaciones es que las lógicas de acumulación del capital agro-industrial favorecen la concentración en determinadas localidades de algunos procesos parciales de industrialización, al tiempo que otros espacios son organizados como proveedores de materia prima. En ese sentido, las dinámicas económicas que caracterizan a algunos pueblos y localidades del agronegocio que funcionan como nodos de acumulación tales como Deheza-Cabrera no podrían replicarse en otros espacios. No obstante, podríamos preguntarnos por las dinámicas que adquieren otras actividades que, de manera combinada junto con el agronegocio, se inscriben en una matriz extractivista, por ejemplo, las granjas industriales porcinas, la cría de ganado mediante feedlots, entre otras.

Por otro lado, evidentemente el impacto del agronegocio en el norte del país ha involucrado amplios procesos de corrimiento de la frontera agropecuaria, especialmente en las provincias de Santiago del Estero, Salta o Chaco. En esta última provincia es significativo el desarrollo de actividad sojera en la región del Impenetrable, puntualmente en el departamento Almirante Brown (que junto al departamento Güemes conforman la región del denominado “Impenetrable chaqueño” por la presencia de monte bajo y espinoso). La localidad de Pampa del Infierno es uno de los sitios estratégicos en los circuitos del agronegocio en donde se instaló un nuevo centro de acopio del grupo industrial AGD. Esa localización del centro de acopio está inserta dentro de una región sumamente afectada por el proceso expandido de producción de soja, de hecho ese fue el cultivo que más superficie ocupó en la provincia del Chaco para el periodo 2020-2021 después de la producción de algodón (Diario Norte, 02/02/2022). En este sentido, si bien Chaco es una provincia con una estructura productiva diferente a la cordobesa, es también preocupante la vorágine de los procesos de agriculturización en un suelo que no es apto para ese cultivo y que lo degrada sistemáticamente (Almirón y Quevedo, 2022). Y lo que nos llama la atención es justamente las formas de reproducción del capital desde las redes productivas del empresariado cordobés en estas zonas extrapampeanas pero progresivamente “pampeanizadas”.

LID: ¿En términos generales, cómo ven el desarrollo del agronegocio en la Provincia?

FV-CQ: El primer aspecto para evaluar el desempeño económico de la actividad es tener en cuenta el grado de expansión territorial del monocultivo de soja que continúa siendo el tipo de producción mayoritaria y que mayores ingresos genera a los productores cordobeses. Los precios del mercado internacional siguen siendo atractivos para el avance cada vez mayor de la soja. En Córdoba, el cultivo de soja representó para el periodo 2019/2020 el %26,99 del área cultivada (SISA, 2019-2020), ubicándose entre la provincia de Buenos Aires (%30,43) y de Santa Fe (%17,45). Durante la campaña 2020/21, Córdoba alcanzó una producción de 13,4 millones de toneladas de soja. En este periodo, el área sembrada fue de 4 millones de hectáreas y lo llamativo es que, a pesar de representar una menor superficie sembrada respecto a campañas previas, ha obtenido rindes que en promedio llegaron a 34,9 quintales por hectárea. En términos económicos, el valor bruto de la producción aumentó del 63,6 % frente a la campaña 2019/20, alcanzando un total de U$S 7.473 millones mientras que el ingreso bruto de los productores llegó a los U$S 4.615 millones (Agroverdad, 10/09/2021).

Por otra parte, en términos generales la expansión de distintas actividades constitutivas del agronegocio comienza a competir por las formas uso del territorio desarrollando diversas estrategias de cooperación empresarial que expresan en diversos momentos relaciones conflictivas.

Todo hace suponer que, salvo escasas políticas puntuales como podría ser la Ley de Bosques, el agronegocio y el tipo de producción que se viene desarrollando tiende a perpetuarse, incluso desde la introducción desde el 2018 de nuevos cultivos como la alfalfa en el norte de Córdoba, que es un interesante caso de estudio porque también utiliza la tecnología Roundup Ready diseñada por Monsanto (Vanoli y Cejas, 2021).

LID: ¿Consideran que entramados como los estudiados por ustedes dificultan movimientos de resistencia?

FV-CQ: Como mencionamos en un episodio de una serie de podcast denominado En pampa y la vía, El agronegocio en pandemia esta actividad genera toda una red de actividades con mucho dinamismo económico, por lo que cuentan con gran aceptación, o lo que nosotras llamamos legitimidad social. De este modo, se ha generado un consenso que se ve reflejado en frases como: “se vive del campo” o “si al campo le va bien nos va bien a todos”. Esta legitimidad bloquea la posibilidad de que existan cuestionamientos y tomen estado público algunas problemáticas asociadas a la actividad, por ejemplo, el impacto socio-ambiental de los agrotóxicos. Por lo que resulta preocupante, la dinámica ambiental y los impactos socioterritoriales que no son problematizados en la actividad. En ese podcast -que nos gustaría que pudieran escuchar- sostenemos que conocer cómo son las demandas ambientales en otras regiones puede contribuir a visibilizar los efectos negativos, entre un conjunto de impactos que hoy no están problematizados, especialmente por la cantidad de puestos de trabajo que generan localmente estos enclaves productivos. La gran pregunta en este modelo productivo hegemónico sigue siendo el interrogante sobre las formas de resistencias, que para nosotras siguen siendo voces bajas, discursos contradictorios o silencios.

El podcast mencionado puede escucharse a continuación:




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