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Red Internacional

CINE, LITERATURA Y POLÍTICA. La lucha contra el fascismo en Italia: las dos mujeres de Moravia

Desde las clases populares, los partisanos a los intelectuales comprometidos, hubo gran parte del pueblo italiano que enfrentó a ese sujeto llamado Mussolini, hombres y mujeres que rechazaron la guerra, que lucharon contra el fascismo y contra la invasión nazi de su país, sumido en el caos, el espejismo y los bombardeos durante la Segunda Guerra Mundial.

Eduardo Nabal@eduardonabal

Martes 25 de enero | Edición del día
Elsa Morante y Alberto Moravia, en una fotografía en la década de los 50.

Desde los vaticinios de Giorgio Bassani (“El jardín de los Fintzi-Contini” adaptada por un marido e inspirado Vittorio de Sica para la gran pantalla) sobre la llegada del antisemitismo, al compromiso de intelectuales politizados como Alberto Moravia, Pasolini o, a su manera, Visconti o, con sus ideas y venidas, Malaparte (Kapput, La piel), hubo gente siempre dispuesta a anunciar o a testimoniar acerca de los estragos del totalitarismo fascista, las consecuencias del paso de la violencia militarista y la guerra por pueblos, aldeas y, también, grandes ciudades.

Dos grandes escritoras, algo ensombrecidas por la fama lograda por su marido, el celebrado Alberto Moravia, escribieron desde el pasado lejano hasta la actualidad más ácida y sangrante sobre el fantasma de la alianza entre Hitler y Mussolini y sus consecuencias sobre la población civil.

La más comprometida de las dos fue, sin duda, Elsa Morante, nacida en un barrio popular de Roma y afinada periodista de los sucesos de su época. Elsa y Alberto, dos de los grandes escritores de la década de los cincuenta y sesenta fueron amigos de gente como el citado Pasolini (que también hablo de la perpetuación de la burguesía y la herencia del fascismo), y algunas de sus obras mayores fueron llevadas a la pantalla. Con más éxito en el caso de las novelas de Moravia, como “Dos mujeres”, “El desprecio” o “El conformista” (sobre un atormentado psicópata que desfila entre los meandros del fascismo en Italia y que dio origen a una de las mejores películas de Bernardo Bertolucci).

Aunque la prosa de Morante trazó un imperecedero tapiz sobre el dolor y el derrumbe de familias y comunidades rurales enteras ante la llegada del fascismo, mezclando la belleza formal y la crudeza en los detalles en sus obras mayores, como “La Historia”, un libro sin parangón. Su novela “Araceli”, en la que indaga con fluidez en los orígenes españoles de su abuela, recibió el premio Médicis.

Por su parte Daccia Mariani, la segunda esposa de Moravia, más apreciada en su tiempo como guionista de grandes películas, se interesó por la reconstrucción elegante, documentada e incisiva de la historia lejana de Italia con novelas tan cuidadas como “La larga vida de Marianna Ucria”, con un claro tamiz y talante feminista y fue cronista de antiguos y no tan antiguos episodios más o menos verídicos recogidos en libros como “Isolina, la mujer descuartizada”, “Clara de Asís” o “La peste, el hombre y las dos amigas en Sicilia”, reeditadas por la Editorial Altamarea como algunas crónicas de Moravia y libros breves de Pasolini (“La aldea de Romains”).

Algunas de sus mejores obras de teatro siguen sin traducción o reedición al castellano y, aunque mujer audaz y de gran talento, nunca alcanzo la arrolladora fuerza expresiva ni la personalidad de Morante (pasando del “yo” al “[email protected]”) ni la astucia, algo oportunista, del propio Moravia.

El escritor casi nunca estuvo con esas mujeres con las que se casó, que se enamoraron “de un modo intelectual” de ese prosista comprometido. El carácter atormentado y la prosa incendiaria de Morante contrastan con la vida de Moravia junto a Mariani, que le acompañó en importantes viajes al final de su vida y lo puso en contacto con grandes realizadores del cine italiano de la época.

El tiempo va recuperando la prosa incendiaria de estas dos mujeres que, cada una, con su propia personalidad y estilos muy dispares, se aproximaron a un hombre mundialmente famoso y, sobre todo, diseccionaron una realidad social sangrante.

Aunque no fue Elsa Morante la única que dio un punto de vista valiente y feminista a esos años de resistencia a la ocupación fascista también Renata Vinagno en su inolvidable novela “Agnese se va a morir” nos cuenta el periplo de una anciana ayudando a los partisanos en medio del sonido de las bombas.




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