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La lucha por el agua potable en Quintay

El negocio del agua y la desigualdad es algo que afecta día a día al pueblo de Quintay, quienes se enfrentan a condiciones insalubres por el agua “potable” que sale de las cañerías, versus los privilegios que posee el complejo Santa Augusta.

Almendra Manríquez

Militante de Pan y Rosas

Jueves 30 de enero de 2020 | 14:03

La situación a la que se enfrentan los pobladores de Quintay es invivible y persiste desde el 2016 aumentando tras la crisis hídrica expuesta el 2019, agua café, líquido incoloro pero salado saliendo del grifo de las casas, agua que sirve solo para el baño por su turbiedad, dejando a vecinos a la deriva en con respecto aseo personal, obligándolos a tomar medidas indignas como lavarse “por partes”, comprar agua por bidones o traer agua desde el trabajo para el consumo, y así impedir cualquier riesgo de salud.

Tras la inoperancia de las autoridades por la falta de agua potable vecinos presentan recurso de protección, pidieron prestado y sacaron de sus propios bolsillos el dinero para realizar el estudio que sacaría de toda duda sobre las condiciones del agua. Los resultados fueron preocupantes, superaron los mínimos permisibles de la ley actual, presenta el estado de los cloruros los que llegaron a 1.407,38 miligramos por litro, siendo el máximo permitido de 400 mg/l, se expone el resultado de otros compuestos en el recurso de protección tales como el hierro que se encuentra en 1,71 mg/litro siendo el máximo permitido 0.3 mg/litro, pudiendo llegar a la muerte tras el consumo excesivo este.

Siendo el principal culpable de estos problemas el actual código de aguas que sigue vigente desde la dictadura militar, en que el 90% del recurso queda en manos de privados, que imponen el bien económico ante el bien social, arrebatando los derechos básicos que tenemos como individuos, e invisibilizando nuestros DDHH.

El Complejo Santa Augusta demuestra las diferencias que existen al tener mayor ingreso económico, permitiendo invertir en mantener sus privilegios y vivir en un oasis, mientras vecinos se ven más afectados por el problema de la sequía, el complejo rellena las lagunas que posee el campo de golf en eventos, no tienen el problema del agua turbia. Siendo totalmente indigno que quienes trabajan en el complejo tengan que llevar sus prendas para lavarlas para que no se dañen, algunos sin que los jefes se den cuenta, inclusive al llevarse agua, reduciendo un derecho vital a mera “caridad” de los patrones para poder sobrevivir.






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