Internacional

La marcha por el “No” que incomodó a los unionistas

Aprovechando el último fin de semana antes de la votación del jueves, las campañas a favor y en contra de la independencia de Escocia salieron a las calles para una última demostración de fuerzas.

Diego Lotito

@diegolotito

Martes 16 de septiembre de 2014

Pero la nota de color la dieron las miles de personas que marcharon este sábado por las calles de Edimburgo en un desfile organizado por la radical Orden de Orange, en apoyo al "No" a la independencia de Escocia.

La Orden de Orange es una organización de fraternidad protestante, con peso en el Reino Unido y la República de Irlanda, de carácter abiertamente conservador, que abogó históricamente por defender la pertenencia de Irlanda a la Corona Británica, y actualmente por la ocupación de Irlanda del Norte.

Eran más de 15.000, según las cifras de la policía, que desfilaron marcialmente al son de tambores, flautas, banderas británicas y simbología unionista, mientras la policía los escoltaba.

“La fuerza de los números, formando una de las reuniones de orangistas más grande en tiempos recientes en Reino Unido, no solo demuestra nuestro compromiso con la causa, sino nuestra grave preocupación por la inminente amenaza al Reino Unido que todos queremos tanto”, declaró el líder de la Gran Orden Orangista de Irlanda, el gran maestro Edward Stevenson.

La campaña oficial a favor del “No”, Better Together (“Mejor juntos”), orquestada por los partidos laborista, conservador y liberaldemócrata, se había distanciado lo más posible de la convocatoria de los protestantes, considerándolos unos “indeseables compañeros de ruta”, por miedo a que pudiera provocar que votantes indecisos se decantaran finalmente por el "Sí".

En particular, el temor de los unionistas es que la manifestación ofendiese a la importante minoría católica escocesa, que representa cerca del 17% de la población y en su mayoría son de origen irlandés, e hiciera que acaben inclinándose por votar en favor de la independencia.

Pero sobretodo, por cómo podía caer a los votantes laboristas, que sin duda no les caen en gracia los desfiles al estilo militar de miles de fanáticos religiosos con una ideología profundamente reaccionaria.

Los cambios de la intención de voto entre los trabajadores escoceses

La alianza entre laboristas, conservadores y liberaldemócratas en la campaña por el “No”, tuvo entre sus principales caballos de batalla las advertencias, sino directamente amenazas, por las consecuencias económicas de una eventual secesión. Sin embargo, estas no parecen haber influido demasiado en el ímpetu nacionalista del otrora corazón industrial de Escocia, antigua fortaleza de los laboristas.

Las encuestas muestran que los escoceses de las zonas obreras y con más bajos ingresos, con mayor probabilidad votarán por el “Sí” que en las zonas ricas de Escocia, mientras 1 de cada 3 votantes del Partido Laborista, ya se han definido por la Independencia.

La transformación de la actitud de la clase obrera escocesa hacia la cuestión de la independencia ha sido gradual. La erosión de la base industrial de Escocia desde los años ’80 con la ofensiva thatcherista, junto con el debilitamiento del poderoso movimiento sindical británico y la extensión de la precarización laboral, la desocupación y los bajos salarios, han minado progresivamente la autoridad de Westminster entre los trabajadores escoceses.

Este clima es el que ha permitido a distintos grupos a favor de la independencia afianzarse en los barrios más pobres de Escocia, como el caso de la Radical Independence Campaign, cuyo lema “Gran Bretaña es para el rico. Escocia puede ser nuestra”, han traído una cierta credibilidad juvenil e “izquierdista” al nacionalismo escocés y han incrementado el voto por el “Si” en distritos de clase obrera a través del país.

Esto, muy a pesar de la política de Salmond y los líderes nacionalistas del SNP, que han procurado destacar durante toda la campaña el apoyo de los grandes empresarios escoceses a la independencia, como es el caso del magnate del transporte Sir Brian Souter, dueño del grupo Stagecoach y varias empresas de transporte, como el South West Train. Souter es un multimillonario reconocido por sus actitudes abiertamente antisindicales y por ser un extremista católico, militante anti homosexual y antiabortista.






Temas relacionados

Escocia   /   Referéndum en Escocia   /   Internacional

Comentarios

DEJAR COMENTARIO