Cultura

HISTORIA MAPUCHE

La matanza de Forrahue

El 19 de octubre de 1912, una fuerza policial de 45 carabineros al mando del Mayor Julio Frías, entra al territorio de una comunidad mapuche, en Forrahue cerca de Osorno. Sin remordimientos, la policía abre fuego contra los comuneros, asesinando a mujeres, niños y ancianos.

Viernes 16 de octubre

Contexto Histórico

Derrotada la insurrección Mapuche de 1881, el ejército chileno entra a la Araucanía y despoja a los mapuches del 90% de su territorio. Fueron relegados a pequeñas reservas en terrenos infértiles y poco productivos. No obstante, el despojo no terminaría ahí. A principios del siglo XX, la masiva ocupación de la Araucanía por colonos acentuó aún más las disputas de terrenos. Las “Corridas de cerco” y la ocupación ilegal de terrenos continuó, muchas veces avalada por jueces inescrupulosos. Tal era el nivel de usurpación, que para 1929, solo en el sector de Cautín de 2117 comunidades existentes, 1709 tenían juicios con particulares. En este contexto Histórico se desarrollan los hechos.

Origen del conflicto

El conflicto comenzó cuando el terrateniente Atanasio Burgos Villalobos pretendía legalizar terrenos adquiridos fraudulentamente por su padre, y logró obtener una sentencia judicial para expulsar a los mapuche de las tierras que ancestralmente habían habitado. Los mapuche toman la tierra que les fue arrebatada y por otro lado envían gente a Santiago a realizar todas las gestiones posibles ante las autoridades para recuperar la tierra usurpada. Lamentablemente, dichas gestiones no prosperaron, la complicidad de las autoridades es evidente.

La matanza de Forrahue

El 19 de octubre de 1912, una caravana policial se dirige hacia el Fundo Forrahue, acompañados por un periodista del diario El Progreso y el preceptor judicial Guillermo Soriano, encargado de fiscalizar el desalojo de un grupo de familias mapuche, “ocupantes ilegales” de los terrenos del llamado Fundo Forrahue. Mientras, se acercaban a su objetivo la tensión aumenta al sentirse a lo lejos el sonido de las trutrucas en señal de guerra. El enfrentamiento sería inevitable.

El mayor Frías ordena a algunos hombres adelantarse y explorar el lugar. Los exploradores informan que los inkafo (defensores) están concentrados en la ruka principal y que el camino se encuentra bloqueado con grandes troncos. Con un par de yuntas de bueyes logran despejar el camino y acercarse a su objetivo. Frías ordena desmontar a quince hombres a disponerse en formación de tiradores.

El Mayor Frías, se acercó a la vivienda para ordenarles a los parapetados ocupantes que salieran del inmueble y que no se resistieran, debido a que cualquier acto de defensa sería inútil y traería fatales consecuencias. La respuesta no podía ser otra: “los indios me contestaban diciéndome que estaban todos dispuestos a morir i que ni siquiera me atreviera siquiera a atacarlos [sic]”, relató Frías en sus memorias. Así estuvo unos diez minutos hasta que dio la orden de desalojo.

Es así como los efectivos policiales se abalanzaron sobre las mujeres y los niños que estaban fuera de la casa para retirarlos de la línea de fuego. Pero las malgen y los pichikeche, resistieron heroicamente, defendiéndose con garrotes y tiestos de agua hirviendo, logrando herir a algunos carabineros. Al ser detenidas algunas mujeres, salen de la casa dos wentru, los más “fornidos”. A uno de ellos, Francisco Acum, se le vinieron encima tres carabineros, al respecto, el periodista de “El Progreso” escribe: “haciendo un verdadero derroche de fuerza echó a tierra sus contrincantes, en vista de lo cual, se abalanzaron otros tres carabineros, logrando de amarrarlo después de asestarle algunos golpes en diversas partes del cuerpo [sic]”.

Al verse sobrepasados en el combate cuerpo a cuerpo, Frías ordena a su tropa hacer la primera descarga al interior de la vivienda. Según el mismo Mayor, después de la primera descarga algunos mapuche, armados, salen de la casa y huyen hacia el monte sin hacer fuego sobre ellos. Esto último es, por lo menos, extraño: si tenían armas para defenderse, ¿por qué no las emplearon? ¿o es que dichas armas nunca existieron?

Según Frías y el periodista de “El Progreso”, durante la reyerta (supuestamente) se produce un disparo desde el interior de la casa que hiere en el abdomen a un sargento de carabineros de apellido Arias, en el instante preciso que recibía un garrotazo en la cabeza por parte de una malgen. No se ha podido determinar si la bala que hirió a Arias efectivamente salió de un arma disparada por algún mapuche o fue disparada por otro carabinero en forma accidental (lo más probable).

Frías ordena una segunda descarga. Gritos desgarradores se escuchan desde el interior de la vivienda, no obstante, aquello es probablemente que hubiera una tercera descarga, tal como afirmaron algunos testigos. Queda en evidencia que el procedimiento realizado por carabineros no corresponde a un desalojo, lo que aconteció esa mañana fue una inmisericorde ejecución.

La matanza continúa al entrar a la ruka, un anciano embosca a uno de los tenientes de Carabineros, lo ataca con un garrote, el efectivo policial al verse superado por la fuerza de aquel anciano le dispara cinco disparos en su cuerpo hasta matarlo.

Según el informe del Mayor Frías, leído por el Ministro del Interior el 21 de octubre de 1912 en la Cámara del Senado, los mapuche refugiados en la casa estaban armados de “armas de fuego, otros con palos i horquetas i algunas mujeres con tiestos de agua caliente [sic]”. En el recuento de armas, posterior al desenlace fatal del desalojo, los mapuche supuestamente tenían “cuatro escopetas, un rifle, siete cuchillos, una lanza antigua, tres machetes, dos hechonas, un hacha(sic), un fierro largo(sic), un martillo(sic) i cuarenta i tres garrotes [sic]”. Esencialmente aquel “arsenal” estaba compuesto por herramientas de trabajo que utilizan los campesinos, en su diario vivir.

Como consecuencia del brutal desalojo, oficialmente se habló de 13 asesinados. Sin embargo, contrastando con informaciones de prensa, serían al menos 15 mapuche a los que se les arrebató la vida: 8 mujeres y 7 hombres. Entre estos quince inkafo se encontraba un niño de tan sólo 11 años y tres mujeres embarazadas que sumarían tres vidas más.

Nunca hubo justicia para los comuneros abatidos por la policía, todos los carabineros fueron librados de toda culpa y nuevamente los ricos y poderosos vuelven a forjar sus fortunas a costa del sudor y la sangre de los pueblos originarios.






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