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SEMANARIO

La palabra como arena de la lucha de clases: la flaite Tere Marinovic llama flaite al sujeto social de la revuelta

Alejandra Decap

Alexander Rebolledo

La palabra como arena de la lucha de clases: la flaite Tere Marinovic llama flaite al sujeto social de la revuelta

Alejandra Decap

Alexander Rebolledo

Hace algunos días, el programa Café Cargado conducido por Checho Hirane tuvo como invitada a Teresa Marinovic, constituyente electa por el Distrito 10 ーcon un programa político de extrema derecha y una preocupante segunda mayoría. Teresa Marinovic es licenciada en Filosofía y fue profesora universitaria. Entró como independiente a la convención con un cupo del Partido Republicano. Conservadora en lo valórico y liberal en lo económico, la constituyente electa se ha caracterizado por un discurso que ella identifica como “políticamente incorrecto”, con un estilo que se asume polémico y frontal (al reproducir prejuicios machistas y xenófobos, tan solo por mencionar algunos) pero que en verdad remite a sentidos comunes y clichés ーcomo demuestra su slogan “Viva Chile Libre”.

En este programa, ambos derechistas conversaron sobre la situación política nacional y la configuración del organismo del cual Marinovic formará parte: la convención constitucional.

Checho Hirane le pregunta a Marinovic su opinión sobre las declaraciones de algunos constituyentes en la prensa. Ella responde: “¿Cuál de todas? ¿Esta señora de la expropiación?”. Checho afirma: “Sí, que va a expropiar y qué se yo”. Marinovic se queda en silencio mirando un punto fijo. En su rostro: una expresión teatralizada de indignación. Luego responde con la siguiente pregunta: “Checho, ¿tú sabes lo que es un flaite?”. Hasta aquí, resulta evidente que la pregunta de Checho buscaba la identificación inmediata de la señora de la expropiación: Maria Rivera, militante del MIT y constituyente por la Lista del Pueblo.

Antes de hablar de María Rivera, o de los flaites, Marinovic explicó que para ella, la expropiación es un robo. Esta relación de ideas no es menor; la sinonimia propuesta por la constituyente entre ‘nacionalización´, expropiación´ y ´robo´, expresa el fuerte componente discursivo-ideológico de la ultraderecha ante la urgencia popular de romper con el “Chile de los 30 años”. Recordemos que Marinovic ha manifestado en varias ocasiones su apoyo al Partido Republicano de Kast, y esta entrevista no es la excepción: “se me reconoce cercana al Partido Republicano por mi simpatía e identificación con José Antonio, básicamente”.

Para Marinovic en Chile “no hay una situación crítica o de hambre”, pese a ser el cuarto país con mayor desigualdad en el mundo. Esta abstracción lleva a Marinovic a la Convención Constitucional con el objetivo de salvar, en un intento quijotesco, la constitución de Pinochet y su legado. No olvidemos que tiene el 78,28% del apruebo en su contra, y que su sector no obtuvo ni siquiera el tercio del veto que tanto anhelaban.

Pero que hayan perdido en estas elecciones no significa que su clase no continúe gobernando el país. Invirtamos de inmediato la fórmula: la derecha de Marinovic y la burguesía a la que sirven son los ladrones y saqueadores. ¿No son ellos los que han expropiado y siguen expropiando, viviendo a costa del trabajo ajeno? ¿Echando mano del tesoro público y hasta haciendo depender la estabilidad de su “libre” mercado de nuestros propios ahorros individuales?

El silogismo es simple: todos los que roban son flaites. La burguesía roba la fuerza de trabajo. Conclusión: la burguesía es flaite. Lo interesante de esta inversión, es que nos disputamos el significado del vocablo flaite (reconociendo su dualidad) en la medida que Marinovic quiere instalar un significado que identifique un sujeto social (el flaite) como enemigo. El “robo” (expropiación) que denuncia Marinovic se condice muy bien con la definición de flaite que entrega posteriormente, y que no es nueva en su discurso. Para ella, es necesario delimitar la zona del “otro social”: el “flaite”, que exige derechos sociales.

El objetivo del discurso de Marinovic es oponer a la pequeño burguesía, permanentemente aplastada por la burguesía y el gran empresariado, al resto del pueblo trabajador, explotando en ella los prejuicios reaccionarios y la paranoia social y represiva del “combate” contra la “delincuencia”.

Por lo mismo nos interesa el vocablo flaite y particularmente la definición 一basada en impresiones y lugares comunes de la ultraderecha一 que entrega Marinovic para el concepto:

Carácter dual del vocablo flaite

La palabra “flaite” es una construcción social de múltiple significado. Se popularizó durante los años 90 y principios del 2000, pasando de ser una palabra restringida al coa (argot de las cárceles chilenas) a ser una de uso extendido en la población, principalmente en la juventud.

La definición del Diccionario de Uso del Español de Chile consigna al flaite como ‘persona de clase social baja y comportamiento extravagante, que es relacionada generalmente con el mundo delictual’.

Si bien muchas etimologías populares indican que el concepto flaite surgiría a partir de un modelo de zapatillas de los años 90 (Air Flight, que en su versión “pirata” eran Flight Airs, cuya pronunciación se asemeja a flaite) o por el verbo “Fly” en inglés que significa volar (relacionando el consumo de drogas y el estar “volado” con dicho sujeto social), estas etimologías nos cuentan más de lo imaginado alrededor del flaite que una localización precisa de su origen. Según Rojas (2015), citando a Morales Pettorino, el vocablo sería una variante de “faite” (del español peruano), cuyo origen también sería anglosajón, pero de la palabra “fighter”, guerrero. Morales Pettorino registra el uso de faite en Chile desde finales de la década del 60, como parte del coa. Candia, en 1998, lo define como ‘delincuente respetado, que viste elegantemente y tiene trato caballeroso’.

La palabra flaite tiene un uso dual; como sustantivo y como adjetivo, en el entendido que define tanto a un sujeto social excluido del sistema por su condición económica, como a una caracterización basada en las prácticas del sujeto flaite que, en la enunciación, siempre se tratará de un “otro social”.

El otro, para Marinovic y el discurso que representa, es entonces el sujeto social que exige derechos sociales:

“Flaite es ese vecino que molesta, que hace ruido, que cree que tiene derecho por sobre los demás y tiene atribuciones para molestar al resto, que siente que su situación es mala por culpa de otros (…) cuando tú ves esta gente que te dice que no, que cualquier persona que le haya ido bien en este país es rica porque ha robado, y por lo tanto, dado que ha robado, tiene lo que tiene y entonces yo puedo legítimamente quitárselo. Una persona que tiene este razonamiento, que justifica esa forma de pensar, es un flaite (...) El envidioso, el resentido social, ese flaite está en todos los lugares de Chile”.

Como parte de las identidades sociales del Chile post dictadura, el flaite es un sujeto marginado como resultado de la agudización de las desigualdades sociales, ya que la ola neoliberal de la dictadura abre un reposicionamiento de la individualización en Chile. Era necesario para la clase dominante borrar al sujeto peligroso: la clase trabajadora y los sectores populares. A punta de asesinatos, desapariciones forzosas, tortura y represión, se buscó desarticular no solamente a los grupos de izquierda sino también a la poderosa organización obrera y popular previa al golpe militar. No fue un proceso exclusivamente de coerción. También buscó instalar en el imaginario colectivo un nuevo horizonte, de ascenso social e individualismo, un sistema meritocrático y subsidiario, donde el centro esté precisamente en la exacerbación del individuo por sobre la sociedad.

En Chile la violencia ejercida por parte de la clase dominante hacia el resto de los sectores de la sociedad es parte de la vida cotidiana, y la jerarquización de las personas por clase social y sus indicadores identitarios (barrios, apellidos, colegios y universidades, apariencia física) configura de manera casi integral la participación de una persona en la vida social. La distribución social del espacio en las ciudades es un correlato de esta violencia, y es menos una violencia simbólica en tanto trazado urbano que una violencia material en tanto exclusión social de clase. La burguesía odia a los flaites y esparce su odio en el resto de la sociedad. El odio al flaite es un odio de clase, y la oposición a su figura crea un nosotros, que no lo somos.

Para Rojas “el faite/flaite (...) de modo análogo al “choro”, debió en un comienzo haber sido el delincuente que, por saber manejar a su conveniencia la violencia, era respetado”. Lo cierto es que hoy flaite no remite en el uso masivo a un delincuente respetado, sino que tiene una clara connotación negativa, en donde incide directamente la valoración peyorativa de la figura del “delincuente” por parte de la sociedad chilena, demonizado por los medios de comunicación en la era de la transición.

Función social de la marginalización: fortalecimiento de los aparatos represivos e ideológicos del Estado capitalista

En la demonización de los sujetos marginalizados tuvo gran importancia la crónica roja de los años 90’s y principios del 2000. El excesivo fortalecimiento de las fuerzas represivas del Estado, ya estando en democracia, debía justificarse de otra forma: mediante el miedo y la identificación del nuevo enemigo, el flaite, el delincuente de la calle, que se enuncia siempre como el “otro” fuera del marco de la legalidad. El Estado, en sus funciones represiva (policía y ejército) y de integración (instituciones), desempeñó una marginalización sistemática de estos sujetos. Se trata de una función reproductiva del orden productivo. Teniendo en cuenta esto, la definición de Marinovic responde directamente a la retórica con la que los partidos tradicionales han justificado el continuo fortalecimiento de los aparatos represivos en plena democracia, dirigida a los sectores medios y pequeños empresarios. Pero además, en su definición de flaite quiere traducir al sujeto social que “despertó” en la revuelta y que exigió el fin de la herencia de la dictadura. Al hacerlo, no busca que las fuerzas represivas sometan solamente al sujeto flaite folklorizado de la definición académica, sino a sectores que fueron parte de la reactivación del camino de la lucha de clases en octubre del 2019.

Estructuras de poder: multiacentualidad del signo

Como vemos, la evolución de la palabra flaite en su uso y propagación está directamente ligada a los resultados de las transformaciones estructurales que realizó la dictadura en términos políticos, económicos y sociales/culturales. Que refiere no sólo a actitudes, sino a un sujeto social. Su uso extendido a todos los estratos sociales establece una valoración negativa del término, en tanto las estructuras del poder burgués establecen como una conducta reprochable el acto delictivo y la pertenencia a una clase social baja, a la cual se relaciona el flaite, sin considerar, evidentemente, que la masa subempleada en Chile se verá empujada, si no es al empleo esporádico e inestable, al ejercicio de alguna práctica en la ilegalidad para conseguir sustento.

Sin embargo, el conjunto de actitudes que describe Marinovic no parecen referenciar tanto al sujeto flaite sino a quien “siente que su situación es mala por culpa de otros”. Al conocer el contenido discursivo de la constituyente, sabemos que está intentando aprovechar la convención social de la connotación negativa de flaite para asociarlo a su verdadero enemigo: la izquierda. Para Marinovic y el sector que representa, ser flaite es no respetar la sacrosanta propiedad privada, es ser un “resentido social” y por eso dice que en cada barrio y en cada familia hay uno: porque la revuelta demostró que somos millones en este país que creemos que es necesario terminar con el “Chile de los 30 años”.

Subversión y apropiación

Si bien el uso de la palabra flaite aplica casi siempre para definir las actitudes o a otro sujeto que no es quien enuncia, lo cierto es que con la revolución pingüina y la explosión de las tribus urbanas, se consolidó una estética flaite y una revalorización del concepto como positivo, sobretodo en jóvenes de sectores populares quienes se apropian de la palabra flaite para identificarse como tales, y reivindicar el ser flaite no solo como una estética sino como un código y una comunidad. Actualmente, por dar un ejemplo, muchas canciones de trap y guaracha, producidas en las poblaciones, en home-studios caseros, enuncian la vida flaite con orgullo y volviendo al origen del vocablo, poniendo énfasis en su elegancia y en el desafío a la autoridad que no reconocen como legítima. Podemos comprender que hay un gesto rebelde en identificarse como flaite, precisamente ese otro que el sistema niega, o envía a la periferia de la ciudad.

Pero la apropiación de la palabra flaite por quienes son marginalizados en este sistema, guarda una contradicción, que es la aceptación implícita no solamente de dicha marginalidad sino también de un horizonte de expectativas de vida que no necesariamente es emancipatorio, sino que muchas veces reproduce y está profundamente influenciado por la imaginería capitalista: consumo de artículos de lujo, vestimentas ostentosas, estereotipos machistas. Puede entenderse como la versión chilena neoliberal del lumpen proletario.

Disputarse los significados: la palabra como arena de la lucha de clases

Cada palabra se compone de una dimensión significante (material: la palabra dicha o escrita) y una dimensión significada (abstracta: lo que cada hablante entiende por la palabra). Las academias de las lenguas prescriben los significados arbitrariamente en base a convenciones sociales y proscriben la multiacentualidad de las palabras (acepción individual al momento de la enunciación no ajena a las condiciones materiales y estructurales de cada hablante). En el terreno de la política y la lucha de clases, la disputa de los significados se da de manera constante. Ejemplo es el vocablo ‘democracia’ y la variedad de acepciones que hemos oído y leído de ella en Chile antes y después de la dictadura. “Dictadura para cuidar la democracia”, y “democracia para terminar con la dictadura”.

El problema surge cuando la disputa de los significados se transforma en una simulación, y tácitamente se configuran significados convencionales entre fuerzas políticas supuestamente opuestas entre sí. Como ocurrió, por ejemplo, con el vocablo ‘paz’ en plena revuelta popular. La oposición, representada por el Frente Amplio y la Concertación, firma un acuerdo con el gobierno de Piñera y los partidos de derecha, que buscaba desviar la irritación de masas y las movilizaciones en curso. No olvidemos que el Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución fue celebrado incluso por Luksic, uno de los grandes millonarios del país: “Dimos un paso importante (…) en paz y con convicción podemos reencontrarnos y recobrar el optimismo”. Entonces, ¿por qué la oposición -de partidos tradicionales- comparte el mismo significado de ’paz’ con el gran empresariado? ¿Por qué no se disputaron el significado de ’paz’ con el gobierno en aquel momento? ¿Había paz en Chile antes de la revuelta?

De cualquier forma, la “victoria” del Frente Amplio en las recientes elecciones nos demuestra que el modus operandi del simulacro de la disputa de los significados entre los partidos tradicionales de izquierda y derecha sigue teniendo éxito. Es más, incluso la “señora de la expropiación”, aún cuando ponga sobre la mesa palabras como “nacionalización” y “expropiación”, nos demuestra que no hay suficiente fuerza material y social para dotar de significación positiva todavía a aquellas palabras en el uso masivo. La burguesía tiene el poder de asignar como negativas e indeseables esas palabras para las masas, en el marco de una convención constitucional que es el resultado del desvío “democrático” del 15 de noviembre.

Es la fuerza de las clases sociales en pugna la que modifica los significados de las palabras, y por lo tanto su puesta en circulación y el efecto que generan en quienes escuchan y producen discursos. Disputarse el significado en el terreno de las palabras es un correlato de la disputa de fuerzas materiales en el terreno de la lucha de clases. Y las palabras son también un motor para la acción.

El vocablo “Flaite’’ es descriptivo de un sujeto marginalizado, excluido del sistema. El odio de la clase dominante a un producto de su propia tiranía, no es más que el fiel reflejo de su sistema hostil. El desprecio de Teresa Marinovic por el flaite, siendo vocera de lo más rancio de la derecha nacional, representa las ideas de esa ーpoderosaー minoría que derrotamos electoralmente pero que aún gobierna el país, que aún comanda los mercados y que aún concentra el poder económico, político y militar. El reformismo de centro izquierda, triunfalista, llama a creer que estos discursos y prácticas de odio están en franca retirada, pero es necesario recordar que la clase dominante chilena ha defendido con uñas y dientes sus privilegios apenas los ha visto peligrar. Y no es necesario volver a la dictadura para ejemplificar; basta con recordar la represión que vivimos desde octubre del 2019, y que existen en Chile presos políticos de la revuelta y mapuche.

Es necesario aquí decir que quienes creen que tienen derecho por sobre los demás, no son los flaites que señala Marinovic, sino quienes efectivamente se arrogan ese derecho: la burguesía, los dueños del país. Quienes sienten que su situación es mala “por culpa de otros” son aquellos que descargan los efectos económicos de la pandemia sobre los hombros de la clase trabajadora, que han lanzado a las familias a exponerse al virus y se han opuesto a casi cualquier medida que busque aliviar la situación actual de las grandes mayorías precarizadas.

“(...) cuando tú ves esta gente que te dice que no, que cualquier persona que le haya ido bien en este país es rica porque ha robado, y por lo tanto, dado que ha robado, tiene lo que tiene y entonces yo puedo legítimamente quitárselo. Una persona que tiene este razonamiento, que justifica esa forma de pensar, es un flaite“.

Lo que invalida Marinovic en esta afirmación es una mirada crítica de la realidad chilena que, sin llegar a vislumbrar una salida estratégica para derribar el orden existente, identifica a la clase dominante y sus modalidades de dominar y controlar la reproducción social del orden productivo. Aquí postulamos que parte de esas modalidades de dominación la conforma la fijación de los significados en el terreno de las palabras (democracia, paz, constitución, expropiación, robo). La clase dominante y su economía burguesa del lenguaje busca significados estáticos e inamovibles. Cuando pierde fuerza en el terreno de las palabras, como ocurrió en las últimas elecciones, reconoce recién y a regañadientes la crisis que ha generado el sistema productivo y reproductivo que defiende. Lo cierto es que estos discursos se enfrentan en las calles, fuerza contra fuerza.

Leer este proceso en clave de una inestabilidad de los significados nos permite reconocer el momento oportuno para entrar en el terreno de las palabras como arena de la lucha de clases. Esto es, procurar ante todo la construcción conjunta de esos significados en una correlación de fuerzas con la clase trabajadora como sujeto social, en miras a motorizar esa fuerza social capaz de terminar con el “Chile de los 30 años” y si nos lo proponemos, con el sistema capitalista en su conjunto.


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Alejandra Decap

Alexander Rebolledo

Licenciado en Lengua y Literatura hispánicas
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