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La renuncia de Sergio Moro abre una fuerte crisis en el Gobierno de Bolsonaro

La renuncia del ministro de Justicia abrió este viernes una fuerte crisis política en el Gobierno de Bolsonaro que se suma a la pandemia y la crisis económica. El ascenso y caída de Sergio Moro ilustran muy bien los cambios dentro de los bloques y las fuerzas autoritarias y golpistas en los últimos años y especialmente en los últimos meses.

Leandro Lanfredi

Trabajador petrolero | Rio de Janeiro

Viernes 24 de abril | 17:07

El discurso de renuncia de Moro proporcionó innumerables acusaciones contra Bolsonaro, con argumentos sobre el riesgo para el Estado de derecho democrático y acusándolo de interferencia en los organismos estatales. Cada elemento de su discurso parecía una señal para alimentar a los sectores políticos que actúan desde el golpe institucional contra Dilma Rousseff en 2016, pero ahora para tirar a Bolsonaro.

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Esto quedó claro en el discurso de Moro desde las menciones iniciales sobre la crisis por la pandemia y sobre los gobernadores (hoy en oposición a Bolsonaro), todo lo cual apunta a una nueva alineación del "príncipe del Lava Jato" con las fuerzas que en varias ocasiones en los últimos años estaban en su antípoda. ¿Cómo actuarán los militares en medio de esta situación? ¿Seguirán sosteniendo a Bolsonaro?

El magistrado de la Corte Suprema, Celso de Mello, ya había exigido que el presidente de Diputados, Rodrigo Maia, se pronuncie sobre los pedidos de impeachment [destitución parlamentaria], y dijo que debían ser sacados del cajón y tirados a la basura o puestos a votación, decisión que es facultad exclusiva del presidente de la Cámara baja. ¿Qué irá a hacer?

El Gobierno de Bolsonaro es uno de los que menos se fortaleció en el mundo con la pandemia. Otros gobernantes lograron una "hipoteca" de popularidad y esperanza de las masas, en base al clima de "unidad nacional" en la lucha contra el virus. Bolsonaro es uno de los pocos que perdió popularidad, aunque haya ganando uno u otro punto percentual en las últimas semanas. Su presión para controlar a la Policía Federal y quitar al popular ministro de Justicia Sérgio Moro recibe todas las fichas de una apuesta total. Después de haber destituido al ministro de Salud Mandetta la semana pasada, y de la renuncia de Moro, uno de los últimos rastros civiles que quedan en el Gobierno, el ministro de Economía Paulo Guedes, está cuestionado también.

Podemos estar rumbo a un momento decisivo del Gobierno de Bolsonaro. Ni bien terminó el discurso de Moro hubo cacerolazos en varias ciudades del país. En los grupos de redes sociales del movimiento obrero de todo el país, la base bolsonarista expresó importantes rupturas. Es evidente que Bolsonaro sufrirá también en las clases medias debido a esta renuncia. Hay que ver cómo impacta en las policías y entre los trabajadores precarizados, incluso en las bases evangélicas, todos insuflados en una "antipolítica" que tenía como héroes gemelos a Bolsonaro y a Moro. También hay que ver las consecuencias en el Parlamento, con el que ya tenía muchos enfrentamientos. Por ahora, con la apertura de la "caja de Pandora" prima la incertidumbre. Incluso gente muy convencida como el pastor Magno Malta han hecho posteos neutrales, midiendo las reacciones de una inmensa fractura en el Gobierno.

Antes de la renuncia de Moro no eran pocos los analistas que veían en las reuniones de Bolsonaro con Roberto Jefferson y otros representantes del "gran centro" parlamentario un intento de buscar los votos necesarios para frenar un impeachment, y ver si es o no posible reconstruir alguna base parlamentaria para Bolsonaro.

Sérgio Moro fue uno de los padres de un régimen en construcción que ya no es el de la difunta Constitución de 1988. Un régimen en el que se concentra cada vez más poder en manos de poderes sin voto, autoritarios y arbitrarios. El sufragio universal se degradó con el impeachment de 2016 y con elecciones manipuladas en 2018, cuando la población tuvo frustrado su derecho de votar a quien quisiera por la proscripción a Lula, el candidato con más intención de voto. Con las manos de Moro se creó jurisprudencia para ampliar el autoritarismo del Estado, con el intento de reducir el derecho al habeas corpus para la defensa e incluso el intento de instaurar la impunidad para las policías, una medida racista y asesina. Las grandes empresas estatales como Petrobras fueron atacadas para abrir el camino a actores internacionales, multinacionales.

En medio de una larga situación de "crisis orgánica", donde no emerge una nueva hegemonía en el carcomido e imposible regreso al "lulismo", ganan poder fuerzas sin voto. En los últimos años fueron ganando más y más poder la Corte Suprema, el Banco Central, las cúpulas de las iglesias, y crecientemente los generales. Eso pegó un salto en medio de la pandemia, el "presupuesto de guerra" da un nivel de poder al Banco Central nunca visto, y los militares ahora coordinan no solo el combate a la pandemia sino el programa "pro-Brasil" de medidas económicas, un programa fuertemente criticado por el ultraliberal ministro Guedes.

Como expresión de las fuerzas sin voto, autoritarias, tuvo lugar el ascenso meteórico de un juez de la ciudad de Maringá, Sérgio Moro, y un fiscal público de la ciudad de Pato Branco, Deltan Dalagnol, promovidos por la corporación mediática Globo, por las iglesias, la masonería, los generales, el gran centro parlamentario, los "tucanos" del partido del expresidente Cardoso PSDB (que fueron blindados en la investigaciones de la operación judicial dirigida por Moro, la Lava Jato), y por el imperialismo. Eran "gigantes". Pero fueron heridos por la "Vaza Jato", un escándalo que filtró escuchas y hackeos, que comprobaron lo que tantos como Esquerda Diario denunciaron: que la operación era políticamente interesada y autoritaria.

El Poder Judicial hasta ahora dio lugar a los uniformados como árbitro de la política nacional. Esto lo vimos en distintos episodios, desde el conflicto del bolsonarismo y tropas milicianas en las policías contra algunos gobernadores. Esta dinámica que venía dándose hasta ahora, pegó un salto cualitativo con la pandemia, con una tutela militar funcionando cada vez más como árbitro sobre distintos poderes. Está claro que la Corte Suprema busca disputar ese lugar, como se vio en la decisión unánime de sacarle poder al Ejecutivo Federal (también del jefe de Gabinete y general, Braga Netto, no solo de Bolsonaro) para que sean los gobernadores e intendentes los que decidan sobre las cuarentenas. Hoy el autoritarismo judicial, a través de Moro, hizo una jugada inmensa que vuelve a barajar las cartas y deja abierto el alineamiento de los militares. ¿Tendremos una oposición bolsonarismo-militares versus Lava Jato y golpismo institucional, o los militares dejarán al bolsonarismo en el aire?

La cuestión a mensurar es que incontables actores golpistas concentran mucho poder, sean el exministro Moro, la Corte Suprema, el presidente de Diputados Rodrigo Maia. Hay que medir también el poder de los generales, lo que es algo nuevo en la realidad de los últimos meses. Ya no está en debate el poder de los generales, sino su tamaño y extensión. Cómo se mueva el péndulo de los conflictos que se den de ahora en más depende de la acción de las clases sociales, y también de la decisión de los generales de cuatro estrellas.

Ahora hay generales por todos lados. Casi todos los ministerios están dirigidos por militares, y cuando no son directamente ministros, ocupan puestos clave en ellos. El propio Ministerio de Justicia de Moro tiene como número dos al Secretario de Seguridad Pública, el general de cuatro estrellas Guilherme Teophilo. El número dos del Ministerio de Salud también es un general. Vale destacar que Teophilo tiene el mismo rango que los generales Heleno, Villas boas, Mourão, Braga Netto, Ramos, y del Almirante Bento (ministro de Minas y Energía). Hay militares esparcidos por todos lados, incluso en los consejos de administración de la Caixa Económica y de Petrobras, en Anvisa y en incontables organismos estatales.

¿El hechizo autoritario se está volviendo contra Bolsonaro después de haberse vuelto contra Moro? El ex ministro fue cercado por Bolsonaro que quiere total control sobre la Policía Federal (que actúa en las investigaciones judiciales) para blindarse a sí mismo, a los suyos, y por qué no a sectores del gran centro parlamentario con los que busca un nuevo alineamiento. Este mayor control del Gobierno por Bolsonaro y la pléyade de generales y almirantes no ocurre porque Moro haya atacado a Bolsonaro y los suyos. Moro empezó a presentar puntos de oposición, adoptó el aislamiento social y había apoyado al exministro de Salud Mandetta en la anterior crisis. La mayor crisis se puso de manifiesto en el gran feudo del juez, la superintendencia de la Policía Federal, hacia donde se trasladó la disputa.

Por otro lado, vale remarcar que el carpetazo para sacar a Moro también es una muestra de la situación política del país, de los poderes autoritarios y sin voto. Su caída involucró el despido del jefe del órgano de espionaje e investigación policial, la PF, y un actor crucial de los movimientos para sacar a Mauricio Valeixo (jefe de la PF) fue el jefe de la agencia de espionaje, la ABIN, bajo el mando del general Heleno. Moro denunció que no dio su firma para la publicación en el Diario Oficial. El control de los infiltrados, espias y escuchas se volvió tan codiciado como controlar la dirección de una empresa estatal.

El hecho es que Moro sale con una postura bien enfrentada con el Gobierno de Bolsonaro, lo que indica que puede haber bases más "sólidas" en su movimiento, en particular de apoyo internacional en las fracciones del partido demócrata estadounidense, pudiendo ser un movimiento más articulado de golpear de lleno a Bolsonaro en un sentido destituyente. Los vericuetos de cómo el imperialismo viene actuando al calor de la crisis política brasileña es tema para una investigación, pero que ese movimiento esté ligado a disputas internacionales es algo que debemos tener en cuenta, especialmente en un año electoral en Estados Unidos y las disputas para debilitar la candidatura de Trump.

Estamos frente a una caja de Pandora de la magnitud de las denuncias contra Temer. Puede caer Bolsonaro o sobrevivir como otra cosa diferente a lo que fue hasta ahora.

Hay divergencias entre los diversos jugadores golpistas sobre el poder que tiene cada uno, pero esto no significa ninguna diferencia cuando se trata de atacar a los trabajadores. El mismo Moro que denunció a Bolsonaro lo blindó todo este tiempo mientras pasaba leyes anti obreras, el mismo STF, que le quitó poderes al Ejecutivo central y se los dio a los ejecutivos locales, votó por amplia mayoría a favor de recortar los salarios de los trabajadores en medio de la pandemia sin la obligación de la negociación sindical.

La grave crisis política nacional se suma a la tendencia del país a entrar en sus peores semanas en la pandemia, multiplicando la inestabilidad e incertidumbre en todos los terrenos.

Lo que emerge de esta crisis es más y más autoritarismo, sea con los colores del Lava Jato o con los de Bolsonaro y los militares. Es por eso que es más imperiosa que nunca una política de independencia de clase. Con este nuevo hecho, la consigna "Fuera Bolsonaro" se expandirá aún más entre las masas, pero es esencial que toda la izquierda y los sectores progresistas del país alerten de la gran operación de sectores fuertes del régimen para poner al vicepresidente, el general Hamilton Mourão, en su lugar, ya sea a través de una renuncia o un juicio político.

Llamamos a todos los sectores de las masas que quieren tirar abajo a Bolsonaro a levantar la consigna “Fuera Bolsonaro y Mourão”, junto a todos los sectores de la izquierda que están de acuerdo en que Mourão no puede ser ninguna alternativa, al contrario, es el camino para un Gobierno directamente en manos de los militares, lo que podría tener consecuencias muy graves. La acusación contra Bolsonaro hoy puede ser tomada incluso por Moro, Globo y amplios sectores del régimen golpista, pero su intención es la de allanar el camino a Mourão y presionar a los militares para que dejen de apoyar al Bolsonaro y tomen el mando. Llamamos especialmente al PSTU y al Bloque de Izquierda del PSOL que venían levantaron correctamente la consigna "Fuera Bolsonaro-Mourão" a hacer una unidad en este punto, luchando por construir una fuerza que rompa con la política de impeachment o renuncia solo de Bolsonaro, que nos lleva a una militarización aún más directa del Gobierno.

Nuestra batalla como Movimiento Revolucionario de Trabajadores (MRT) sigue siendo:

¡Fuera Bolsonaro, Mourão y los militares!
¡Ninguna confianza en Maia, los gobernadores y el STF!
El pueblo debe decidir: ¡por una Asamblea Constituyente Libre y Soberana!






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