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Red Internacional

Salud. La salud mental en Chile ¿Cómo reciben las familias esta vuelta a clases?

¿Cómo enfrentan los colegios la vuelta a clases de estudiantes y apoderados desde la perspectiva de la salud mental?

La respuesta que planteamos en este artículo es difícil de responder de manera concreta, sin embargo el pronóstico y estudios de los años anteriores sobre la salud mental de nuestro país nos da luces de cómo la salud mental es un gran tema en esta histórica vuelta a clases.

A casi dos semanas de la vuelta a clases presenciales en todo Chile después de dos años de pandemia, varios problemas han salido a la luz, uno de ellos es la falta de infraestructura y recursos en los colegios para recibir a los miles de alumnos que van a los establecimientos educacionales cada día.

Esta precariedad impacta no solo a un nivel material, sino que también a un nivel psicológico que como resultado tiene problemas bastante reales que superan la barrera de los subjetivo, como la violencia y los problemas de género, los ataques de pánico, la ansiedad y problemas más profundos que podríamos considerar dentro de la gama de enfermedades mentales.

Una idea que se repite en los estudios sobre salud mental es que el impacto de la pandemia ha acrecentado los problemas de salud mental, sobre todo en el caso de las mujeres, la realidad en Chile es que después de la pandemia, según el Termómetro de Salud Mental Chile realizado por la UC y ACHS, un 45,9% admite que su estado de ánimo es peor que el que tenían antes de la pandemia, además en la encuesta internacional IPSOS Chile se ubica como el segundo país después de Turquía, que ha empeorado su salud mental en un 56% de sus casos, esto específicamente hacia las mujeres se expresa en que 1 de cada 3 de ellas se siente que su ánimo se ha deteriorado severamente en los últimos dos años.

Es bajo estas preocupantes cifras que las familias rearman sus rutinas para volver a la presencialidad, con mujeres y jóvenes golpeadas por una salud mental abandonada por el Estado, disparada por las condiciones de estrés en las que vivimos cada día. En el estudio “Global prevalence and burden of depressive and anxiety disorders in 204 countries and territories in 2020 due to the COVID-19 pandemic” publicado en la revista The Lancet, se remarcó lo propensa que era la población femenina a vivir este tipo de afecciones y develó que durante el 2020 y 2021 hubieron 53,2 millones de casos más de depresión severa en 2020 (equivalente a un aumento del 27,6%) y 76,2 millones de casos más de desórdenes de ansiedad (un 25% más).

Este escenario no queda por fuera ni de la rutina que tienen que maquinar las familias para volver a llegar a los colegios, alimentar a sus hijos, vestirlos, ir a sus trabajos, ni de la rutina de los profesores que también tienen familias e hijos a cargo.

Otro punto que queda por desarrollar es que padecer una enfermedad mental ya sea transitoria o crónica, implica varios síntomas que se comparten entre diagnósticos y que requieren una cierta re adaptación de parte de la persona, como por ejemplo ver un flujo de gente mayor, alimentarse frente a más personas, hablar en público, acostumbrarse a espacios cerrados y la lista es larga, porque las enfermedades mentales no se viven exactamente de la misma forma para todes.

¿Cómo enfrentan los colegios esta vuelta clases?

Dicho todo esto es importante pensar cómo afecta el problema de la infraestructura de los liceos y escuelas, y el abandono de la educación pública al problema de salud mental a nivel nacional, partiendo por algo tan básico en estos temas como tener contención y orientación psicológica para profesores, alumnos y familiares para los desafíos que la vuelta a clases presenciales pueda suponer. Sin embargo, hoy nos encontramos con hechos catastróficos y aberrantes como que existen colegios que no tienen psicólogas, como los establecimientos de San Miguel que la corporación ha dejado sin psicólogos o bien, casos menos graves pero igual de imposibles como el del liceos en Antofagasta, que tienen dos psicólogos para más de 1000 estudiantes.

A esta situación se suman los usuales problemas de la educación pública como el hacinamiento, las salas oscuras, los baños en mal estado y una serie de problemas que han sido denunciados por distintos medios las y los profesores.

En esta línea desde La Izquierda Diario conversamos con Patricia Romo, dirigente del comunal del Colegio de Profesores de Antofagasta y parte de la agrupación de trabajadores de la educación "Nuestra Clase", nos cuenta cómo ha sido retomar la presencialidad: “Este retorno a clases en pandemia requería un plan integral de adaptación al contexto escolar, no sólo en infraestructura o aseo, sino haciendo una verdadera contención y acompañamiento a les estudiantes más allá de las exigencias académicas (pruebas D.I.A., primeras calificaciones, etc.), sino velando primero por el bienestar físico y mental que de mínimas debiese tener la comunidad escolar, en estos primeros días todos hemos presenciado violencia y peleas en las escuelas, crisis de pánico, crisis de ansiedad, entre otras cuestiones que son producto del protocolo nefasto e insuficiente del gobierno de Piñera, y del desfinanciamiento en que dejaron la educación pública; los cuales son los motivos por los que no podemos atender a nuestros estudiantes de forma óptima e integral”.

Por último arremetió contra el gobierno actual denunciando su actuar comentando que “el gobierno de Boric ha seguido este mal planteamiento sus primeros días en el MINEDUC, señalando la obligatoriedad de que todas las escuelas estén abiertas, sin señalar que toda esta apertura de los establecimientos no se puede hacer apelando a la buena voluntad (o vocación) de los profes, apoderados y asistentes” sentenciando que la única forma de que “haya un retorno digno para nuestros niños y jóvenes es con inyección de recursos, planes que incluyan un financiamiento integral a la educación y en vinculación con las escuelas, y que las escuelas a su vez reciban garantías de democracia en su funcionamiento cotidiano, de tal manera que todos los estamentos de la comunidades educativas sean escuchados”.

Respecto a esto, la falta de recursos a la educación pública atravesada por un abandono a la salud pública y un desprecio a esta suma al problema de violencia de género en los colegios, por el cual las estudiantes secundarias se movilizaron estos últimos días, porque la carga de la moral de la Iglesia y el machismo del Estado pesa en la educación oprimiendo a la diversidad sexual, juzgando a las mujeres que han vivido violencia de gente y perpetuando la violencia hacia las mujeres, que distinto sería si existiese una asignatura que les enseñara a lxs estudiantes a entender todos los procesos de descubrimiento de su cuerpo e identidad en vez de tener charlas de 30 minutos cuyo único foco es la reproducción y que además tuvieran psicólogos disponibles y un sistema de salud que diera a basto con la salud mental de las familias.

Es por eso que la lucha de los estudiantes en contra del acoso y el machismo es una lucha de todxs, pero también lo es la lucha de los profesores contra la falta de recursos, la persecución y el agobio laboral, por esto, es necesario que los estudiantes, profesores y apoderados se unifiquen para luchar por una educación pública de calidad, gratuita, no sexista ni heteronormativa, por una educación sexual integral, al mismo tiempo que luchamos contra la precarización del sistema de salud junto con el resto de sectores de trabajadores.


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