Política Chile

VAMOS POR UNA TERCERA ALTERNATIVA

La trampa del régimen para que se olvide la lucha por una Asamblea Constituyente Libre y Soberana

A menos de dos meses de realizarse el plebiscito, en las alturas y en la prensa tradicional la carrera presidencial toma cada vez más fuerza, con Daniel Jadue y Joaquín Lavín enfrentándose como las figuras mejor evaluadas. Centran la discusión más en esto que en el proceso constituyente que se abre. El gobierno de Piñera y los partidos del régimen quieren un proceso lo más controlado posible, para que no se cambie nada de fondo; un consenso más. Es más necesario que nunca impulsar una tercera alternativa, que luche por las demandas de octubre y por una Asamblea Constituyente Libre y Soberana.

Angela GS

Periodista

Viernes 4 de septiembre de 2020

En matinales, noticieros, prensa escrita, en los distintos medios de prensa tradicional, la “carrera presidencial” ya empezó hace días y tiene enfrentados a los alcaldes Daniel Jadue (militante PC, edil en Recoleta) y Joaquín Lavín (militante UDI, edil de Las Condes, quien hace unos días se autodefinió como “socialdemocráta”).

A Jadue le dan un 16% de las preferencias presidenciales espontáneas y a Lavín un 15%. En tercer lugar aparece la también UDI, Evelyn Matthei, quien aumentó del 2% al 8%, posicionándose en tercer lugar y desplazando al ultraderechista José Antonio Kast (7%), líder de Acción Republicana, y a Beatriz Sánchez (5%).

Los partidos del régimen entran en la pugna de la carrera presidencial, a menos de dos meses de realizarse el plebiscito del “apruebo” o “rechazo” de una nueva constitución en el país. Centran la discusión más en esto que en el proceso constituyente que se abre. Todo indica que el gobierno de Piñera y los partidos del régimen quieren un proceso lo más controlado posible, para que no se cambie nada de fondo, y se conserve lo más en las alturas posible, sin discusión, sin las calles, sin cuestionamientos.

Y es que es innegable que será un proceso constituyente convulsionado, y aunque intenten poner el foco en las próximas elecciones presidenciales se espera una participación histórica en el plebiscito de octubre- cuando hayan pasado pocos días de cumplirse un año desde el inicio de la rebelión popular que puso en jaque al mismísimo Gobierno-, donde en encuestas como Espacio Público se afirma que el 78% votará “en cualquier circunstancia” y un 85% respalda garantizar el sufragio de personas con Covid-19.

Serán millones las personas que irán a votar el 25 de octubre. El repudio a la Constitución de Pinochet, a este régimen de la dictadura y autoritario, a los 30 años de saqueo capitalista, de abusos y de precarización laboral, es el principal motor para ir a las urnas; ni qué decir el odio al gobierno criminal y asesino de Piñera, responsable de la muerte de más de 30 personas en la rebelión, de más de 400 casos de daños oculares, de miles de personas violentadas por agentes del Estado, y de cientos de personas que aún permanecen privadas de libertad por haber participado en la revuelta. Todos esos crímenes y violaciones a los Derechos Humanos cometidas por funcionarios policiales, por militares, continúan en total impunidad.

El proceso constituyente- como política de desvío acordada por todos los partidos del régimen y pactada en el Acuerdo por la Paz y Nueva Constitución- se llevará a cabo con esta impunidad, sin juicio y castigo para los responsables materiales y políticos de todas las vejaciones que se cometieron en los meses de revuelta.

Al momento de ir a votar por el “apruebo” y contra la constitución pinochetista que rige la vida de millones, no se puede perder de vista que continúan gobernando los responsables de la brutal represión desatada contra todos quienes se rebelaron, ni que el proceso constituyente se desarrollará mientras los responsables siguen libres y aún no hay justicia para cientos de familias afectadas.

Las ganas de enrostrarle a la derecha y a este Gobierno que la gran mayoría de la población los rechaza, se comparte y se acompaña, pero sería un flaco favor a los poderosos y a los partidos del régimen hacer vista gorda ante las trampas que contiene el proceso constituyente, muy bien diseñadas por los mismos de siempre. Además del cuestionado quórum de los 2/3- que entrega poder de veto a una minoría, como la derecha y empresarios-, hace ya meses que los partidos de la cocina decidieron que no se modificará ningún tratado internacional, es decir, negocios como el de las AFP, que involucra a capitales extranjeros, no podrán tocarse; abogados constitucionalistas, incluso que van por el “apruebo”, defienden que el “modelo económico” no debe ponerse a discusión; tampoco podrán votar las y los jóvenes que despertaron Chile y saltaron los torniquetes, enfrentándose a la represión policial, entra otras trabas y obstáculos ya establecidos, para que nadie cambie de fondo.

Es bajo estas reglas que los partidos de la cocina nos presentan solo dos opciones: convención mixta (50% parlamentarios actuales y 50% de representantes “constituyentes”) o convención constitucional (100% de representantes elegidos); elegir entre la primera opción defendida por Chile Vamos, o la segunda propuesta encabezada por la “oposición”, donde entra también el Frente Amplio y el Partido Comunista, organizaciones que son parte de la cocina y que son incapaces de denunciar las trampas que se impusieron. Al contrario, incitan a que la población crea que el proceso constituyente será una instancia realmente democrática, donde se podrá discutir “lo que el pueblo quiera”, donde se podrán cambiar aspectos de fondo, y donde se podrá “acabar” con la herencia de la dictadura.

Impulsemos un Comando por una Asamblea Constituyente Libre y Soberana

Quieren hacernos creer que la política “del mal menor” es a lo máximo que pueden aspirar nuestras fuerzas, pero la rebelión abierta en octubre muestra lo contrario. Si tuvieron que pactar un acuerdo que ahora plantea la posibilidad de que millones voten si quieren o no conservar la constitución de Pinochet, en un momento de profunda crisis económica y social, y de mucha inestabilidad, fue porque era la única manera de contener el descontento en las calles y evitar que se extendiera la medida de “huelga general”- fuerza demostrada el 12 de noviembre-, lo que podía dar pie a la entrada en escena de los principales batallones estratégicos de la clase trabajadora y, con ello, la posibilidad real de que cayera el gobierno de Piñera y, por qué no, el régimen de los 30 años.

Pero nuestras fuerzas pueden ir por mucho más, pueden ir por las demandas de octubre, y por acabar con el régimen de la dictadura. Si queremos realmente que sea el pueblo trabajador, la juventud que salió a las calles, los sectores populares, las mujeres, el pueblo mapuche, quienes decidan cómo resolver las problemáticas y necesidades sociales que aquejan a las grandes mayorías, es una tarea urgente impulsar una tercera alternativa desde la clase trabajadora y quienes salieron a las calles, que luche hasta el final por acabar con el régimen de los 30 años y por una Asamblea Constituyente Libre y Soberana.

Los partidos que han gobernado durante años, que han administrado y profundizado la herencia de Pinochet, no son alternativas de cambio estructural, ni tampoco la política del “mal menor” a la que lleva la “oposición”, el Frente Amplio y el Partido Comunista. Debemos levantar un tercer espacio, como alternativa a las políticas de la oposición y de la derecha; un comando para levantar en común junto a referentes sindicales, sociales y de vanguardia, que se proponga terminar con la herencia de la dictadura, retomar la lucha de octubre y el “Fuera Piñera”.

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