Política Chile

COLUMNA DE OPINIÓN

Las ilusiones presidenciales del PC y la Huelga General del 30 de Abril

Este fin de semana el Partido Comunista , en la sesión de su comité central, proclamó a Daniel Jadue como candidato a la presidencia. La proclamación ocurre ad portas del llamado a huelga del 30 de abril y con los portuarios negándose a aceptar la nueva cocina del gobierno.

Joaquín Romero

Santiago de Chile

Martes 27 de abril

Este fin de semana el Partido Comunista , en la sesión de su comité central, proclamó a Daniel Jadue como candidato a la presidencia. El acontecimiento se enmarca en una maniobra de la tienda liderada por Guillermo Tellier para cerrar paso al resto de los competidores de la centroizquierda y capitalizar el descontento de la población con la decisión de Piñera de recurrir al Tribunal Constitucional para frenar el proyecto de tercer retiro, y que desató una importante crisis política.

Sin embargo, el PC ha usado poco sus tribunas para agitar la acción de fuerzas que la CUT, dirigida por ellos, anunció hace unas semanas para este viernes 30 de abril. La organización de esta huelga está dejada a la improvisación y poco ha realizado este partido para organizar una demostración de fuerzas a la altura de las circunstancias. El llamado a huelga ha encontrado eco en importantes contingentes de la clase trabajadora, como los portuarios que no esperaron a la fecha programada para salir a las calles a enfrentarse con el régimen por la aguda crisis económica que golpea a las familias trabajadoras.

Por el contrario el comité central de dicho partido decidió destinar sus fuerzas a sobreponerse en la carrera presidencial, en un contexto político en que la candidatura de Jadue se ha estancado frente al fenómeno de Pamela Jiles y la resistencia de la ex concertación y del Frente Amplio de cerrar filas tras el alcalde de Recoleta.

La ilusión del PC reside en que su ventaja en la carrera presidencial puede hacerles ganar un par de puntos programáticos en la actual coyuntura constituyente, sin recurrir a la movilización como apuesta central, relegada al terreno decorativo. Esta ilusión está de antemano condenada a ser un saludo testimonial toda vez que la debilidad de la derecha y el régimen es momentánea. Si la izquierda parlamentaria sigue centrando sus esfuerzos en el escenario electoral pacificando el terreno a Piñera, le da espacio a estos para recomponerse.

La propuesta de Piñera para enfrentar la crisis política, por su parte, es una clara transferencia de recursos públicos a los dueños de las AFP. Es ligeramente "más populista" que el proyecto original del 3° retiro porque incluye un bono de 200 mil pesos para quienes tengan “saldo cero” en sus cuentas de las AFP,, pero que no llegarán a cientos de trabajadores que tengan cualquier monto, por mínimo que sea. Además, a muchos nos ha entrado alguna cotización o algún remanente que rentó en alguna bolsa extranjera unos cuantos pesos, quedando automáticamente fuera de este nuevo “bono”.

Este intento de pasar dinero a la gente para devolverle liquidez a las AFP, es resistido por la oposición que no puede abandonar su posición de instalar un cierto "parlamentarismo de facto" con la calculadora electoral en mano. Son quienes mejor pueden capitalizar electoralmente el descontento de Piñera.

Pero las maniobras parlamentarias se derrotan con otras maniobras parlamentarias. Así llegamos a una suma cero , o ¿alguien cree que el congreso hará algo más que protestar cuando el TC tire por tierra el proyecto o Piñera simplemente lo vete?

El actor más relevante en este momento son los portuarios y el descontento de la clase trabajadora. Mientras Piñera busca orquestar una nueva cocina, este verdadero destacamento de vanguardia no cede en su lucha. Ayer han paralizado cerca de 25 puertos. Por eso enfrentaron hoy una brutal represión. Si la clase obrera irrumpe en escena el escenario cambia de conjunto. Esta volatilidad mantiene abierta la crisis política. Incluso los empresarios como Sutil han salido a decir que están dispuestos a aceptar un impuesto con tal de calmar los ánimos.

Pero las concesiones de nuestro enemigo de clase son maniobras para ganar terreno. Si la izquierda parlamentaria cae en las artimañas, y se mantiene obsesionada con las elecciones presidenciales, continuará demostrando su impotencia como fuerza transformadora.

Nuestra tarea consiste en hacer todo cuanto esté en nuestras manos para derribar estas ilusiones en la generosidad de los "patroncitos". El 30 no debe ser un hito, el enemigo retrocede cuando está débil. Si nos quedamos con las migajas que nos ofrecen en la negociación parlamentaria, o las ilusiones de un programa presidencial, poco podremos ganar para conquistar soluciones de fondo a la actual crisis sanitaria y económica que atraviesa el país.

Para conquistar un impuesto a las grandes riquezas o una renta universal de emergencia, un piso mínimo para comenzar a desarticular el “Chile de los 30 años” necesitamos golpear con todas nuestras fuerzas. No hay excusas, porque las fuerzas están.






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