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Red Internacional

Primer mes del gobierno. Las turbulencias del primer mes de Boric: ¿Síntoma de un gobierno débil?

El primer mes del gobierno de Boric ha estado marcado por una serie de turbulencias políticas que han desnudado su debilidad . Un gobierno de “dos coaliciones”, cuyo discurso se movió hacia el centro para garantizar la gobernabilidad de un país en el que la humareda de las barricadas no se disipa todavía.

ΙωαχεινSantiago de Chile

Martes 12 de abril | 01:30

La coalición de gobierno

En diversos artículos y columnas de este medio analizamos con detalle, cuando recién comenzaba la carrera a la Moneda, que independiente de quién resultase electo presidente, el gobierno que sucedería a Sebastián Piñera sería uno de carácter débil.

El resultado de la primera vuelta, que mostraba un panorama político fragmentado, llevo al Frente Amplio y al Partido Comunista a sumar a las fuerzas de la vieja concertación, comprometidas con el modelo neoliberal, para garantizar la gobernabilidad de su proyecto político. Dado que la izquierda en el régimen no tiene un peso enraizado en el movimiento de masas que impulso la rebelión, buscaron fortalecerse corriéndose hacia el centro. Pero el peso político ganado no implicó sentar las bases de un gobierno con hegemonía fuerte, como hemos visto en este primer mes desde la asunción constitucional de Boric como Presidente.

Este gobierno de "dos coaliciones" busco expresar un punto en el cual podrían converger distintos intereses comprometidos en sacar al país de la crisis política y económica. Los empresarios , a regañadientes, aceptaron la fórmula pero no sin colocar sus términos sobre la mesa, los que estarían representados por el peso del partido Socialista en el gabinete, especialmente en el ministro de Hacienda Mario Marcel.

La agenda por la que se juegan los empresarios es que los cambios en la constitución no alteren una política que conserve un gasto focalizado del estado. Esto implica que el diseño constitucional debe continuar restringiendo la participación y deliberación popular, de tal manera que se reduzca el número de demandas económicas que la institucionalidad deba procesar.

El otro punto de la agenda empresarial es una política económica basada en un ajuste del gasto fiscal, quitando la política expansiva de ayudas estatales instalada tras la pandemia, se ha impuesto hasta ahora con relativo éxito. Los anuncios económicos del pasado jueves liderados por el ministro de Hacienda Mario Marcel, dejaron bastante claro que la balanza parece inclinarse en favor de los sectores empresariales, lo que no dejó a todos contentos.

El quinto retiro de los fondos de pensiones aparece como la válvula de presión con los que la “izquierda de la coalición de gobierno” ,liderados por el alcalde Jadue (PC), han buscado torcer la vara e incidir en el rumbo del gobierno. Esta pugna entre las “dos almas” del gobierno es la que se ha expresado en las debilidades para responder a la contingencia y la imposibilidad de instalar una agenda política del gobierno. La resolución de dicha pugna por ahora parece inclinarse a los sectores del viejo orden neoliberal.

El equilibrio con el que intenta jugar el gobierno es tratar de quedar bien con dios y con el diablo buscando un punto medio, que no han encontrado, entre los intereses en pugna. De un lado los empresarios que reclaman mayor ajuste fiscal, que baje el consumo para bajar la inflación (y por tanto acabar con los bonos, ayudas estatales y retiros). Del otro lado, los trabajadores y los sectores populares, aún golpeados por la pandemia y la crisis económica, que han hecho perdido poder adquisitivo, sumándose esto a los padecimientos arrastrados de los 30 años que les obligan a endeudarse y sobregirar su capacidad de consumo para acceder a bienes esenciales como la alimentación o derechos sociales que deberían estar garantizados por el estado como la salud, vivienda, educación, entre otros.

Decantarse en favor de estos último requería de un programa de gobierno que impusiese gravámenes a las grandes fortunas y recuperar el control de los recursos naturales para obtener el financiamiento necesario para otorgar los derechos sociales reclamados sin que los trabajadores recurrieron a su propio endeudamiento o a sus ahorros previsionales para costearlos. Pero esto choca con el plan de los empresarios, que es la moneda de cambio que exigen para continuar sosteniendo al gobierno.

La convención constitucional

Este equilibrio frágil se expresa también en las crisis políticas que semana a semana atraviesa la convención. Más allá de la retórica de algunos convencionales, esta institución ha ido moderando, cortando y limando cualquier aspereza que pueda incomodar a la élite, la que no duda en tirar el tejo pasado con una campaña del terror a través de sus medios de comunicación para obtener el texto constitucional más favorable a sus intereses y someter aún más a los convencionales a su voluntad.

Si bien el fantasma de la rebelión no se ha disipado del panorama nacional, el eco de tales acontecimientos ha sido contenido en los laberintos institucionales del régimen constitucional actual, principalmente en la convención constitucional diseñada por los partidos del régimen y cuyo trabajo ha sido materia de debate y desgaste permanente para el gobierno.

La izquierda de la convención intenta sortear un escenario en el cual han tenido que sacar de la discusión la resolución de los problemas estructurales que empujaron a las masas a las calles. A cambio han ofrecido un diseño político poco coherente con la promesa de que en un futuro este nuevo diseño podría resolver dichos problemas. Como los empresarios y los políticos del régimen no estarán conformes hasta que la nueva constitución se parezca lo más posible a la actual, el sacar de la agenda el foco de las reformas estructurales ha disipado el entusiasmo de las masas por la convención.

Lo que ha generado la imagen de una institución cada vez más aislada del sentir de la calle, lo que ha sido utilizado por la derecha en su campaña de desprestigio de la convención, algo que impacta también en el gobierno de Boric, que pese a esto ha decidido decantarse por contentar a los sectores conservadores para mantener la estabilidad de su gobierno.

Una efímera luna de miel

Con esta debilidad de contexto, la luna de miel del gobierno tuvo una duración acotada al proceso previo al juramento de Boric para asumir la presidencia frente al congreso pleno. Sea cual sea la respuesta, la coalición de gobierno deberá optar definitivamente sobre qué bando se apoyará definitivamente.

Las tensiones del flanco izquierdo y derecho en diferentes materias, desde el conflicto en el Wallmapu, seguridad pública, derechos sociales, pese a la estridencia de la prensa, muestran claras señales de hacia dónde se inclina el gobierno. Los anuncios de reactivación económica entregados el día de ayer nos dan una clara señal de hacia dónde termina inclinándose el gobierno.

El difícil panorama económico y la crisis del orden geopolítico mundial, con un aumento de las tensiones entre las potencias, también presenta complicaciones para los empresarios que optaron por una política comercial abierta a todos , coherente con el orden neoliberal , pero que ahora se ven obligados a elegir entre los conflictos en pugna. De ahí que necesitan tener ordenada la casa y le solicitan constantemente a Boric que actúe como árbitro poniendo su capital político a disposición de restaurar el régimen mientras ellos se ponen de acuerdo como ordenar sus negocios.

Podemos entonces excusar a Izkia Siches de la serie de torpezas políticas cometidas en las últimas semanas. Su “falta de manejo” no es más que la expresión de la pugna entre las dos almas de la coalición de gobierno. Por mucho que abunden en la prensa en estos momentos especulaciones sobre su círculo de hierro o de su personalidad, análisis que pueden ser muy interesantes, nada de esto explica el fenómeno de conjunto. Ella solo interpreta el papel de dirigir a un gabinete cuya instalación ha sido la negociación con los poderes reales para preservar el régimen y al mismo tiempo dejar contenta a quienes reclaman por transformaciones más profundas.

El error de cálculo, si es que lo hay, fue pensar que los trabajadores, las mujeres, la juventud y los sectores populares se quedarían tranquilos y expectantes mientras el gobierno resuelve su negociación. Pero si aún se percibe el humo de las barricadas, es que la paciencia ya no es considerada una virtud. Las marchas estudiantiles, la presión de la opinión pública por un quinto retiro de los fondos de pensiones le dejan claro al gobierno que optar por su ala derecha tampoco les saldrá gratis. Y en esa fractura que se abre entre las expectativas de quienes votaron a Boric y la realidad, de que habrá que esperar al menos otra década para ver realizados los anhelos de cambio, es donde el gobierno comienza a tambalear.




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