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Red Internacional

Asia. Levantamiento en Sri Lanka: meses de protestas hicieron huir al presidente del país

Ya son más de 4 meses de protestas en la isla al sur de Asia que han aumentado su intensidad los últimos días, sacando al presidente Gotabaya Rajapaksa a causa de la enorme magnitud que tuvo la protesta popular, con miles de manifestantes ingresando al palacio presidencial. Las revueltas y levantamientos que habían tenido una pausa durante la pandemia, demuestran con la situación de Sri Lanka, que la inflación y el empeoramiento de las condiciones de vida de las masas trabajadoras son terreno fértil para que la lucha de clases se reactive a nivel mundial.

Nancy LópezProfesora. Agrupación Nuestra Clase

Viernes 15 de julio | Edición del día

Son 22 millones de habitantes en Sri Lanka y para la aplastante mayoría los últimos meses han significado un deterioro significativo en sus condiciones de vida. La crisis económica que se vive es la peor desde su independencia en 1948, cuando la isla era aún una colonia británica llamada Ceilán.

Desde marzo las protestas sólo han aumentado: frente al alza en un 80% del valor de los alimentos durante el último año, haciendo casi desaparecer el arroz de las vitrinas siendo un alimento básico en el sur de Asia.

Se suma una fuerte escasez de combustible, que provocó que el gobierno prohibiera su venta a fines de junio, excepto para servicios esenciales. Sin embargo, por ejemplo los taxis no son considerados servicios esenciales, por lo que se han multiplicado los trenes abarrotados con gente desplazándose a sus trabajos incluso sentados unos sobre otros, o pacientes enfermos con imposibilidad de llegar a los Hospitales por la escasez de movilización.

Colas interminables para adquirir productos básicos, que muchos de ellos están siendo entregados de manera racionada, largos cortes de energía y muchas otras medidas que vienen de la mano con el desplome de sus divisas, acabándose los dólares para la importación de bienes esenciales como alimentos, combustible o medicinas.

Es así que la inflación creciente hizo estallar la movilización en las calles Sri Lanka desde marzo. El 31 de aquel mes los manifestantes ya habían avanzado hasta la residencia privada del presidente y en aquella ocasión, el 1 de abril, Rajapaksa declaró emergencia pública nacional y otorgó a las autoridades poderes para detener a personas sin orden judicial y bloqueó las plataformas de redes sociales, junto con una fuerte represión policial y la detención de cientos de manifestantes que desafiaron el toque de queda.

Desde abril también el gobierno dejó de pagar la deuda externa al Fondo Monetario Internacional, al cual adeuda más de 50.000 millones de dólares, y a contrapelo de lo que en mayo planteó su primer Ministro quien se había comprometido a buscar un nuevo plan de rescate económico de parte del FMI.

Es aquella situación de conjunto la que provocó las imágenes viralizadas a nivel mundial, donde este sábado 9 de julio miles de manifestantes ingresaron al palacio presidencial obligando a Gotabaya a abandonar el país y presentar su renuncia al día siguiente.

Durante todos estos meses, una demanda sentida era la renuncia del presidente, acusado como responsable de la grave crisis económica. Eran varios los miembros de su poderosa familia que se encontraban en el poder y ya en mayo había renunciado Mahinda Rajapaksa, el exprimer ministro y hermano mayor del presidente. Este martes 12 de julio lo hizo el también otro hermano de Gotabaya, ministro de finanzas Basil Rajapaksa.

Repudio a la represión

El viernes 8 de este mes, tras una protesta organizada por estudiantes universitarios, se decretó un toque de queda en varias partes de la Provincia Occidental donde se encuentra la capital, pero las duras críticas por la respuesta de mayores restricciones a las masivas protestas, obligaron al gobierno a dar pie atrás el día siguiente. Sin embargo, este jueves 14 se ha vuelto a implementar la medida.

La Asociación de Abogados de Sri Lanka ya afirmó en un comunicado que el toque de queda "estaba claramente dirigido a acallar la libertad de expresión y la disidencia", mientras Rohini Marasinghe, director de la Comisión de Derechos Humanos del país, también afirmó con anterioridad que estaba “alarmado” por las órdenes dadas al Ejército del país de preparar a las tropas para mantener en orden las calles.

El pueblo de Sri Lanka, al igual que hemos visto en cada levantamiento popular de cualquier país del mundo y como de cerca lo hemos vivido también en Chile, no ha recibido más que represión en respuesta a meses de agravios.

Todo está por verse

Este lunes 11 de julio se hizo oficial la renuncia del presidente, a través de una carta recibida por el primer ministro Ranil Wickremesinghe, la cual se supone se haría pública en este viernes 15 de julio, cuando el primer ministro y actual presidente interino, asuma formalmente como presidente. Esto es lo que mandata la constitución del país, pero bien se sabe que ya ha habido protestas previas en la residencia del propio primer ministro, por lo cual no se espera que su asunción sea muy bien recibida por las masas que hoy se encuentran en las calles.

Sin embargo, esta situación durará pocos días ya que han anunciado que los parlamentarios votarán un presidente el próximo miércoles 20 de junio. Pero ¿cuál es la apuesta que está planeando la clase dirigente? Formar un “gobierno de unidad”, compuesto por los múltiples partidos políticos del régimen de Sri Lanka, que tenga como principal tarea recomponer la situación económica a través de un nuevo préstamo del FMI.

¿Qué exige el FMI? una serie de ajustes, reformas estructurales drásticas y de gran alcance según varios analistas internacionales. Por ejemplo, un recorte amplio del déficit fiscal, es decir, disminución de los gastos del Estado, poniendo fin a restricciones de importación, aumento de impuestos indirectos y privatización o venta de empresas estatales. Todas ellas, medidas que solo serán aún más perjudiciales para las y los trabajadores y el pueblo empobrecido de Sri Lanka.

Los trabajadores y trabajadoras de Sri Lanka ya habían hecho una huelga general el 28 de abril, paralizando en general las actividades laborales del país y con una participación destacada de maestros y maquinistas del ferrocarril, así como trabajadores bancarios. El 6 de mayo hubo una segunda huelga nacional, donde nuevamente paralizaron las oficinas y el transporte público.

El 6 de julio, 3 días antes de la huída de Gotabaya, el secretario general de la Unión de Maestros de la estación de Tren, Kasun Chamara, anunció que la huelga de 24 horas programada para implementarse desde la media noche del 5 de julio, había sido suspendida.

Las y los trabajadores, deben tomar el ejemplo de los trabajadores que sobre todo en Europa han salido a la huelga: los ferroviarios de Francia, los aeronáuticos de España, los aeronáuticos y portuarios en Alemania, los ferrocarriles en Gran Bretaña. La huelga general debe servir a las y los trabajadores para tomar medidas inmediatas desde sus lugares de trabajo, que enfrenten la crisis desde sus propios intereses, dejando de confiar en las falsas soluciones del parlamento actual, que solo beneficiarán al Fondo Monetario Internacional, a costa de los más pobres.

La pandemia, además de agravar las condiciones de vida de las familias trabajadoras, impuso una pausa obligada a diversos procesos de rebeliones y levantamientos a nivel mundial, en Chile, Ecuador, Colombia, Perú, Haití, Bolivia, etc. Sin embargo, la pelea de los trabajadores y el pueblo de Sri Lanka, muestran cómo aquella tendencia no se ha borrado del mapa y muy por el contrario, se ha intensificado. Y por lo tanto la clase trabajadora junto a los sectores populares, debemos plantearnos cómo enfrentar aquellas situaciones para dar una salida que reemplace el orden existente y no termine en un recambio gubernamental que imponga nuevas medidas pero donde sigamos siendo las y los trabajadores y el pueblo pobre quienes paguemos la crisis, y no los grandes capitalistas.




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