Internacional

Brasil

Los actos en apoyo a Bolsonaro estuvieron lejos de la masividad anunciada

Algunos analistas hablaban de una versión bolsonarista de la “toma del Capitolio” del 6 de enero que realizaron los seguidores de Trump derrotado en las elecciones de Estados Unidos. Las manifestaciones estuvieron lejos de eso.

André Barbieri

@AcierAndy

Martes 7 de septiembre | 20:12

El 6 de enero los seguidores del expresidente estadounidense, Donald Trump, asaltaron el Capitolio en Washington con connivencia policial mientras el Congreso realizaba el conteo de votos del colegio electoral de las elecciones de 2020. Bolsonaro y sus seguidores de extrema derecha justificaron esa invasión como una "oposición al fraude" en las elecciones que dieron la victoria a Joe Biden.

La admiración por la política de Trump indudablemente llevó a Bolsonaro a imitar su campaña por el voto impreso, sembrando la semilla del fraude electoral que explicaría su derrota. Bolsonaro ya llevó a cabo parte de ese operativo, que consiste en armar el debate nacional sobre si su eventual derrota sólo podría ocurrir producto de un fraude. Pero si es cierto que Bolsonaro quiere crear la versión brasileña del Capitolio -como intentaron hacer Keiko Fujimori y la extrema derecha peruana- hay diferencias sustanciales con este martes 7 y los motivos de la manifestación en sí.

El 6 de enero, Trump quiso demostrar que estaba sobreviviendo a la derrota electoral en la figura del movimiento político de extrema derecha que respondía a él y a nadie más . El objetivo de Trump era preservarse como la principal figura de derecha y dueño político del Partido Republicano a pesar de la derrota, y de hecho lo hizo. No hay ningún político que quiera postularse por los republicanos que no se haya visto obligado a inclinarse ante Trump antes.

En el caso de Bolsonaro, en las manifestaciones de este martes, juega sus fichas para una importante demostración de fuerzas defensivas, que da aliento a sus perspectivas políticas en un momento de debilidad . No sucede después de una derrota electoral, como en Estados Unidos; ni siquiera contenía la misma “radicalidad” de la extrema derecha norteamericana, que de hecho invadió el Capitolio (en Brasilia, las amenazas contra el Supremo Tribunal Federal no se tradujeron en invasiones). Esto se debe a que estamos ante un movimiento reactivo de Bolsonaro, que quiere cambiar el equilibrio de fuerzas entre las instituciones, quitar la presión del Poder Judicial sobre sus aliados e imponer su agenda política.

En la correlación de fuerzas actual, Bolsonaro no tiene posibilidad de “desplegar golpes de Estado”, dada la enorme división en diferentes segmentos de la clase dominante brasileña, la oposición de otras instituciones de la burguesía y la antipatía del imperialismo estadounidense encabezado por el Partido Demócrata.

Además, la situación es bastante diferente a la de Estados Unidos. El autoritarismo judicial brasileño tiene disputas sistemáticas con la extrema derecha que apoya a Bolsonaro, principalmente sobre qué contornos darle al régimen político burgués. Trump no tuvo una oposición similar por parte de la Corte Suprema, cuyo conservadurismo había sido impulsado por nominaciones de ministros trumpistas. En Estados Unidos, el Ejército, uno de los pilares más reaccionarios del país, fue prudentemente apartado por el establishment de la figura del republicano (especialmente después de la foto de Trump con el general Mark Milley, quien fue sancionado disciplinariamente por el Pentágono y el Congreso). En Brasil, la proximidad de los militares a Bolsonaro es mayúscula, con todos los rangos de las Fuerzas Armadas ocupando cargos en el gobierno de extrema derecha.

Dentro del objetivo de Bolsonaro, hasta el momento, las manifestaciones de este 7 de septiembre lo ayudan a demostrar que políticamente tiene el apoyo suficiente para contener ciertas presiones del Supremo Tribunal Federal, pero incapaz de resolver el impasse institucional entre las fracciones de la burguesía. Después de dos meses de convocatoria, las acciones del 7S hasta ahora no se acercan a las de la derecha golpista entre 2015-16.

El acto en Brasilia fue grande, sin ser “deslumbrante”. La presencia de los seguidores de Bolsonaro en la capital fue mucho menor de lo anunciado, considerando que el gobierno concentró todas sus fuerzas para hacer buenos actos. Los bolsonaristas no intentaron atacar los edificios de la Praça dos Três Poderes, donde se encuentran el Congreso, el Supremo Tribunal Federal, además de la casa de gobierno. Bolsonaro aprovechó para insistir, de hecho, en que "todos los poderes son valiosos", y exigió que uno de los miembros del supremo tribunal Alexandre de Moraes (haciendo algún esfuerzo por separarlo del resto de los jueces del STF) debe dejar de acosar y arrestar a sus aliados, o "pedir salir". En São Paulo, el acto también fue grande, pero no lo suficiente para resolver la disputa entre los poderes fácticos.

Aún lejos de los “millones” propagados por los organizadores, el hecho de que toda la concentración en apoyo a Bolsonaro no se traduzca (por ahora) en una masividad decisiva sólo intensifica los choques institucionales sumidos en un impasse. Por un lado, Bolsonaro puede jugar mejor habiendo puesto a sus seguidores en las calles; por otro, el no haber sido “abrumador” deja a sus oponentes dentro del régimen con un margen de maniobra para mantener posiciones. Continúa la reaccionaria situación de disputas entre la derecha y la extrema derecha.

La política de la izquierda revolucionaria es ayudar al surgimiento de la clase obrera como sujeto político independiente de cualquier variante burguesa; para que los trabajadores intervengan con su propio programa. Esto es completamente contrario a confiar en que quienes ya están “navegando el barco” sean los que “tomen el timón”: el STF, quienes dirigen el Congreso y los gobernadores, responsables de la crisis junto con Bolsonaro. El PT y las direcciones sindicales simplemente entregaron el 7S a la derecha. Piden que las instituciones "entren en el campo", mientras Lula articula su campaña con los partidos burgueses de derecha.

El frente único defensivo de las organizaciones de la clase obrera, contra los capitalistas en su conjunto, es la base de un programa de acción para imponer a los capitalistas el pago de la crisis. Para derrotar a Bolsonaro, Mourão y los militares, y derribar sus ajustes económicos, privatizaciones, de hambre y desempleo, la única política independiente es defender la imposición, a través de la lucha, de una Asamblea Constituyente Libre y Soberana, que acentúa los enfrentamientos de clases y ponga todos los problemas socioeconómicos estructurales sobre la mesa, permitiendo a los trabajadores impulsar su autoorganización para enfrentar a los capitalistas, lo que podría allanar el camino para la lucha por un gobierno obrero para romper con el capitalismo.






Temas relacionados

Jair Bolsonaro   /   Crisis política en Brasil   /   Supremo Tribunal Federal   /   Congreso   /   Lula da Silva   /   PT   /   Brasil   /   Internacional

Comentarios

DEJAR COMENTARIO