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Red Internacional

MINERIA.Los números con los que quieren esconder el saqueo del cobre

Hoy el precio del cobre ha llegado a máximos desde el 2011 y el saqueo del cobre vuelve al centro del debate. Las mineras dicen que pagan altísimos impuestos. Diversos especialistas dicen que esto no es así. ¿Qué se esconde detrás de esta guerra de números?

Fabián Puelma@fabianpuelma

Martes 9 de marzo | 14:18

Hace 50 años atrás se nacionalizó el cobre. La dictadura, aunque mantuvo formalmente la propiedad estatal de los minerales, privilegió su explotación privada a través del Código de Minería impulsado por José Piñera, el mismo personaje que diseñó las AFP. En 1989 mientras la minería privada representaba aproximadamente un tercio de la explotación del cobre, hoy representa más del 70% de la producción nacional.

Dicen que esto ha impulsado el desarrollo del país y permite al Estado recaudar más impuestos. Pero los datos dicen otra cosa. Recién el 2005 se aprobó un impuesto específico a las mineras y hasta ese momento la mayoría de las grandes empresas del cobre se las arreglaban para no pagar un peso de impuestos.

El impuesto específico aprobado ese año durante el gobierno de Lagos, no sólo era bajísimo, sino que fue negociado con las poderosas mineras a cambio de mantener beneficios en el pago de impuestos, a través de la llamada invariabilidad tributaria. Esto significa que los eventuales incrementos en la tasa de tributación a las mineras no tendrán efectos hasta que venza el plazo de los convenios de invariabilidad. Esto, sin contar las leyes de depreciación acelerada que permiten que grandes inversiones no paguen impuestos.

Pero esto tiene una consecuencia más profunda. Según un conocido estudio de Gino Sturla y coautores que fue popularizado en CIPER, entre el año 2005 y 2010 el Estado “le regaló” US$ 120.000 millones a las grandes mineras privadas, lo que equivale a todo el presupuesto de salud de ese período. Las consecuencias de ese robo, nuevamente, las paga el pueblo como ha quedado en evidencia con la pandemia.

El ex ministro de Hacienda de Bachelet Rodrigo Valdés, como buen “progre” neoliberal cuestionó dicho estudio en una reciente columna en El Mercurio. El Consejo Minero, por su parte, pagó un estudio que sostiene que Chile tiene una de las tasas más altas de impuesto a la minería. Todos los diarios se llenan con datos de cuántos millones aportaron las mineras privadas al fisco durante estos años.

La guerra de números sólo revela los intereses que están detrás. El mismo Valdés tiene que reconocer que “expertos tributarios han hecho ver que la tasa efectiva de impuestos es menor. Lo preocupante es que nadie sabe con certeza cuánto menos”. Y continúa afirmando que “la percepción de que Chile se queda con una parte de la renta minera menor a lo que debiera, parece correcta. Para tener una discusión informada, necesitamos mejores datos”. ¡Sabemos que nos están saqueando, pero no sabemos cuánto!

Pese a esto, nadie ha podido desmentir el argumento central del polémico estudio. La rentabilidad de las grandes mineras es absurdamente alta: se llevan millones y millones de dólares fáciles. Por ejemplo, a los estudiantes de economía les enseñan que los márgenes de beneficio neto de una empresa rentable es de cerca del 12%. Resulta que Antofagasta Minerals, la minera de Luksic, tuvo un margen de beneficio neto de 44,5% durante el 2019.

Por cosas como esta es que la minera de Luksic pasó de valer U$ 11 mil millones a U$ 25 mil millones durante el 2020. Luksic se lleva las ganancias y los trabajadores las consecuencias en su salud. No olvidemos que la famosa "continuidad operacional" permitió mantener los niveles de producción y ganancias de las mineras, pero a costa de sobre-explotaicón laboral y aumento de contagios, condenando a la región de Antofagasta a ser uno de los epicentros de la pandemia.

Por eso, da lo mismo que el Consejo Minero nos bombardee con cifras sobre el aporte de la minería a las arcas fiscales. Lo cierto es que las mineras pagan casi la misma tasa de impuesto que cualquier empresa, pero con una tasa de ganancias varias veces mayor. Y los miles de millones que tributan, no tienen ninguna comparación con lo que ganan.

Incluso si tomamos en cuenta los números que declara Cochilco, el grupo de las 10 mineras privadas más grandes del sector (denominadas como GMP 10), las cuales representan cerca del 80% de la producción de cobre del país, han pagado en promedio US$ 3.474 millones en impuestos por año, a lo largo de los últimos 14 años. CODELCO aportó en promedio US$ 3.814 millones anuales en el mismo lapso de tiempo. ¡Sólo CODELCO aporta más que las 10 gigantes de la minería privada!

Así que, sí. El Estado le regaló (por lo bajo) US$ 120.000 millones a las grandes mineras privadas. Y si esa plata se hubiese destinado efectivamente a salud, no habría listas de espera ni tampoco falta de cama en la pandemia.

Los estudios pagados por el Consejo Minero no son sólo propaganda. También esconden una amenaza. El clásico argumento de que “si se aumentan los impuestos podemos irnos a otros sitios más atractivos”. Y de hecho, así actúan las trasnacionales imperialistas. Ante eso, hay que doblar la apuesta: no los necesitamos.

No necesitamos que vengan y se lleven cerros completos de riqueza, dejando tras de sí precarización del trabajo, enfermedades laborales, comunidades sin agua y ciudades que llegan a récords de contaminación. Todo para que un puñado de monopolios hagan dinero fácil a costa de nuestras riquezas y la vida de nuestra gente. No es sólo el cobre. Es el agua, es el litio, es nuestro futuro.

El camino para dar vuelta esta situación hay que decirlo de frente. La solución no viene por nuevamente, como el 2005 o el 2010, negociar con las mineras un aumento de impuestos a cambio de facilidades de inversión para que siga el saqueo. Debemos luchar por nacionalizar los recursos naturales bajo control de las y los trabajadores y las comunidades. Para que la lucha por salud, pensiones, trabajo, vivienda y educación no quede en palabras bonitas en un papel, sino que sea una realidad. Y para esto, debemos prepararnos para enfrentar a los grandes capitalistas, porque ya nos cansamos de mendigar las migajas que deja el saqueo de los treinta años.




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