Economía

TRIBUNA ABIERTA

Marx en tiempos de coronavirus

Qué implicaciones le significan a las clases sociales la reducción de actividades de todo tipo.

Sábado 21 de marzo de 2020 | 21:18

El covid-19 está reprimiendo la actividad productiva en gran parte del mundo, empero, no es cualquier actividad productiva de la que estamos hablando, sino que ésta, al estar operando en el marco del capitalismo, tiene un significado único y particular. Más allá de hacer un recuento en términos de crecimiento lo que le costará al mundo la crisis impuesta por el nuevo coronavirus, de lo que se hablará aquí es de qué implicaciones le significan a las clases sociales la reducción de actividades de todo tipo.

Hablar de capitalismo es comprender que la economía está constituida por tres esferas: la esfera de la producción, la esfera de la circulación y la esfera de la reproducción. La esfera de la producción no es otra cosa que todo trabajo cuyo fin sea la producción de bienes y servicios. La esfera de la reproducción alude al consumo y disfrute de aquellos bienes y servicios para asegurar la reproducción de la especie humana. Finalmente, la esfera de la circulación es aquella en la que se da el flujo de capital, dinero y mercancías.

La particularidad de estos tres aspectos en el capitalismo, no obstante, es que ambos se encuentran supeditados a la acumulación de capital: producción de bienes y servicios para el capital; consumo y disfrute de bienes para el capital. Por lo tanto, para que ambas esferas de la economía capitalista operen normalmente, necesitan que haya fuerza de trabajo puesta en marcha, en otras palabras, que la clase trabajadora acuda a sus puestos de trabajo.

La necesidad de desplazamiento de la fuerza de trabajo es también producto del modo de producción capitalista. En otros modos de producción anteriores, fuerza de trabajo y medios de producción se encontraban materialmente ligados. Por ejemplo, el siervo recibía protección de su señor feudal, por lo que vivía dentro del feudo. Con la llegada del capitalismo allá por el siglo XV-XVI, los siervos pasaron a ser asalariados: ya no estaba bajo la jurisdicción de su señor feudal, pero ahora no recibían de su protección, por lo que medios de producción y fuerza de trabajo quedaron oficialmente divorciados.

Dicha separación histórica entre medios de producción y fuerza de trabajo se problematiza (y mucho peor en esta coyuntura) si somos capaces de dar cuenta de que la vida humana se encuentra subordinada y encadenada a la producción y reproducción del capital, so pena de muerte. Marx (1867) sería el primero en darse cuenta de ello:

“El propio mecanismo del proceso de acumulación, (…) esto es, de los asalariados que transforman su fuerza de trabajo en fuerza creciente de valorización al servicio del creciente capital, y que por tanto se ven obligados a perpetuar la relación de dependencia que los liga a su propio producto, personificado en el capitalista”. (pág. 763).

Son las clases trabajadoras las que más han de preocuparse, no por convertirse en un vector del COVID-19, sino por su patente dependencia política salarial que tienen con los capitalistas. The Independent señalaba hace una semana sobre la cuerda floja en la que se encuentran posicionados las clases trabajadoras. Una realidad sutil, pero brutal. No trabajar para el capital (producción) es no tener capacidad para satisfacerse (reproducción).

La introducción de la discusión sobre la informalidad económica complejiza el análisis. Si el capitalismo es una relación social de producción salarial, entonces la informalidad no significaría que estos trabajos escapen de la dinámica de subordinación y dependencia bajo el capital (habría que saber qué porcentaje de los trabajadores en negocios informales son asalariados y qué tantos otros son empleadores); incluso, sea esta fuerza de trabajo la más indefensa a la hora de decretar cuarentena: por un lado sus capitalistas no se verían obligados a acatar el asueto laboral, poniendo en riesgo la salud de esta población, mientras que por el otro lado se encuentran económicamente dependientes del capital como todos sus congéneres.

En estos momentos de paro no sólo la clase trabajadora es la que sufrirá, sino que la clase capitalista también lo hará (y donde más le duele): al no haber fuerza de trabajo que ponga a trabajar todo su capital invertido no puede haber generación de ganancias; la esfera de la circulación estará coartada: por una parte, no habrá muchas mercancías que vender, y por otro lado, pocos consumidores que tengan la capacidad de comprar. En el momento en que el salario de los trabajadores se vea interrumpido —en este caso, por la amenaza que supondría una cuarentena—, las tres esferas de la economía capitalista (producción, reproducción y circulación) se estarían también interrumpiendo; si bien, no de manera definitoria, sí parcial y momentáneamente.

Es por ello por lo que la burguesía financiera y productiva retira despavorida sus capitales de las principales bolsas de valores del mundo; inconsciente y accidentalmente, su actuar confirma la tesis marxista de que el trabajo es la única y verdadera fuente de riqueza: a falta de trabajadores no hay producción, no hay distribución, no hay consumo y, finalmente, no hay acumulación.

Pero no todo es separación y desconexión entre los principales nodos aeroportuarios, escolares y laborales del mundo, sino hasta lo contrario.

Una de las principales aportaciones de Marx es su teoría sobre la enajenación del trabajo, que no es otra cosa que la alienación que sufre la clase trabajadora al estar insertados de forma continua (casi perpetua) en estas labores de producción y reproducción del sistema, cuya consecuencia no sólo ha sido la separación histórico-política entre medios de producción y fuerza de trabajo, sino también entre los sujetos y los objetos, entre hombres y naturaleza.

Alegremente, las cuarentenas —en un evento social pocas veces atestiguado—, han proporcionado, a las personas confinadas en sus localidades, momentos y espacios esporádicos de reunificación. Una vez interrumpido el engranaje económico, las personas se han colaborado conjuntamente desde sus balcones: Italia, China y España han registrado cantares al unísono por parte de su población recluida en un esfuerzo por incrementar la moral.

Concluyendo. Si el coronavirus es una gran amenaza, no es sólo porque afecta a ambos lados de la ecuación, tanto capitalistas como trabajadores, sino porque el capitalismo se detiene sin detenerse: la producción, distribución y consumo de los bienes y servicios tambalea y se pausa; lo que no se detiene es esta dependencia histórica furtiva, a la vez que flagrante, que tienen los trabajadores con el capital.

Referencias:

Marx, K. (1867). La ley general de acumulación capitalista en El capital (Vol. 3). México: Siglo XXI.






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