Géneros y Sexualidades

ESPECIAL 8 DE MARZO

Marxismo y feminismo: “El Calibán y la bruja” de Silvia Federicci

Realizamos esta serie de reseñas y reflexiones en la Izquierda diario en preparación de un nuevo 8 de Marzo día de la mujer trabajadora intentando responder a los debates que plantea el movimiento de mujeres y feminista en la actualidad. El calibán y la bruja de Silvia Federicci publicado el año 2004 nos parece que instala importantes discusiones que desde el marxismo revolucionario y el feminismo socialista buscaremos abordar. El estudio de la importancia del trabajo doméstico y del periodo de “transición” entre el feudalismo y el capitalismo, el concepto de acumulación originaria, el rol reaccionario de la iglesia y la caza de brujas serán algunos puntos de reflexión. Daremos también una visión de la crítica que realiza la autora al feminismo radical y realizaremos un contrapunto con algunos de sus planteos.

Martes 14 de febrero de 2017 | 10:50

Escrito por: Alejandra Valderrama y Ginger

I

Reponer el concepto marxista de acumulación originaria

Silvia federicci parte su reflexión acentuando que debemos repensar el concepto de acumulación originaria de Marx desde el punto de vista de su repercusión en la vida de las mujeres en el periodo de gestación de las condiciones materiales que dieron paso a la asunción de un nuevo sistema de producción y de relaciones sociales: el capitalismo.

Silvia federicci menciona que estos aspectos incluyen “ i) El desarrollo de una nueva división social del trabajo que somete al trabajo femenino y la función reproductiva de las mujeres a la reproducción de la fuerza de trabajo ; ii) la reproducción de un nuevo orden social patriarcal , basado en las exclusión de las mujeres del trabajo asalariado y su subordinación a los hombres , iii) la mecanización del cuerpo proletario y su transformación en el caso de las mujeres , en máquinas de producción de nuevos trabajadores (…) La acumulación originaria no fue, entonces, simplemente una acumulación y concentración de trabajadores explotables para el capital. Fue también una acumulación de diferencias y divisiones dentro de la clase trabajadora, en la cual las jerarquías construidas a partir del género, así como las de la “raza” y edad, se hacen constitutivas de la dominación de clase y de la formación del proletariado moderno”

La autora menciona que ya en la baja edad media en los países bajos la burguesía fue aliada de la nobleza para reprimir las revueltas de los campesinos pobres. Lo que Engels retrata en “Las guerras campesinas en Alemania” fue un antecedente que toma la autora para mostrar la importancia del rol de las mujeres que se resistieron a un nuevo modelo de producción que las subordinaba y que en su respuesta son reprimidas brutalmente.

La relación de producción y reproducción

Otro de los puntos que la autora toma en su estudio fue el proceso de separación entre la esfera de la producción y reproducción en la historia de las mujeres. Este proceso no podía ser si no ejerciendo la violencia Estatal declarada de parte de las clases poseedoras que fueron minando la participación de las mujeres en la producción dentro de la aldea comunal, forma social particular en la baja edad media.

Silvia Federicci menciona “Las mujeres también se vieron perjudicadas por los cercamientos porque tan pronto como se privatizó la tierra y las relaciones monetarias comenzaron a dominar la vida económica, encontraron mayores dificultades que los hombres para mantenerse; es asi, que se las confinó al trabajo reproductivo en el preciso momento en que ese trabajo se estaba viendo absolutamente devaluado. Como veremos, este fenómeno, que ha acompañado el cambio de una economía de subsistencia a una monetaria en cada fase del desarrollo capitalista puede atribuirse a diferentes factores. Con la desaparición de la economía de subsistencia que había predominado en la Europa pre- capitalista, la unidad de producción y reproducción que había sido típica en todas las sociedades basadas en la producción –para- el- uso llego a su fin; estas actividades se convirtieron en portadoras de otras relaciones sociales al tiempo que se hacían sexualmente diferenciadas. En el nuevo régimen monetario, solo la producción para el mercado estaba definida como la única actividad creadora de valor, mientras que la reproducción del trabajador comenzó a considerarse algo sin valor desde el punto de vista económico e incluso dejo de ser considerada un trabajo (…) La importancia económica de la reproducción de la mano de obra llevada a cabo en el hogar, y su función en la acumulación del capital, se hicieron invisibles, confundiéndose con una vocación natural y designándose como “trabajo de mujeres”. Además, se excluyó a muchas mujeres de ocupaciones asalariadas, y en el caso que trabajaran por una paga, ganaban una miseria en comparación el salario masculino medio. Estos cambios históricos- que alcanzaron su punto mas alto en el siglo XIX con la creación de la ama de casa a tiempo completo redefinieron la posición de las mujeres”

La construcción de un nuevo modelo de feminidad se corresponde con un cambio en el modo de producción, del paso de un modo de producción a otro enmarcado en la lucha de clases y en que las mujeres, campesinas pobres, trabajadoras, fueron protagonistas. Con esta discusión Silvia Federicci intenta reponer la importancia de la reproducción para el desarrollo capitalista, como un trabajo invisibilizado.

II

Las mujeres y la lucha de clases en la baja edad media

Respecto a este punto, es importante tener en cuenta que creer que la historia de las mujeres y la historia de la lucha de clases avanzan por vías diferentes es un error. Y es Silvia Federicci, en el primer capítulo del Calibán, “el mundo entero necesita una sacudida” quien nos clarifica con hechos históricos cuan ligado está el devenir de las mujeres respecto del rol y de la relación que tengan con el modo de producción.

Frente a lo anterior, es Silvia quien saca a flote hechos históricos que evidencian que el feudalismo estaba lejos de ser una estructura ordenada de la sociedad donde cada quien aceptaba pasivamente el rol otorgado según su cuna y demostrando que las insurrecciones de la época eran lideradas por mujeres y hombres campesinos que cansados del abuso de los terratenientes se revelaban organizadamente en búsqueda de las libertades de las que esta estructura social les privaba.

Si bien la lucha de clases como la conocemos hoy no era un concepto sabido de forma teórica por esos años, la práctica por una vida con mayores libertades para hombres y mujeres de las clases menos privilegiadas era evidente, en la lucha contra quienes por codicia les impidieran una vida mejor.

La autora menciona “los motines contra los cercos se transformaban frecuentemente en levantamientos masivos…de un 10% de los motines contra los cercos incluyeron a mujeres entre los rebeldes. Algunas protestas eran enteramente femeninas” por ejemplo “cuarenta mujeres fueron a derribar las verjas y setos de un cercamiento en Waddingham en 1608; y en 1609, en un feudo de Dunchurch quince mujeres, incluidas, esposas, viudas, solteronas, hijas solteras y sirvientas se reunieron por su cuenta para desenterrar los setos y tapar las zanjas… más tarde, en 1641, la muchedumbre que interrumpió en un pantano cercano en Buckden estaba formada fundamentalmente por mujeres ayudadas por muchachos jóvenes. Estos son solo algunos ejemplos de una confrontación en la que portando horquetas y guadañas las mujeres se resistieron al cercamiento de la tierra o al drenaje de pantanos cuando su modo de vida era amenazado”

Es así como Silvia en su recorrido por la oculta historia de la edad media nos devela cómo es que los movimientos de mujeres en contraposición con la estructura feudal y clerical de la época, no estaban ajenos a la lucha de clases.

La caza de brujas: Iglesia- inquisición- politización de la sexualidad

Ante la serie de insurrecciones vividas en la época feudal, es imposible pensar que las entidades de control económico, político y social (la iglesia y los terratenientes) no fueran a operar de manera reaccionaria para defender sus intereses materiales y sus privilegios.

En razón de lo anterior, Silvia federici comenta una serie de políticas y prácticas impuestas por las capas dominantes con la intención de cooptar la gran cantidad de insurrecciones campesinas que sumado a la alta tasa de mortalidad producida por la peste negra, hacen entrar en crisis al modelo. Algunas de estas políticas fueron: la no penalización de la violación a mujeres de clase baja, la legalización de la prostitución y la caza de brujas, que no era otra cosa que el enjuiciamiento a toda mujer que deseara adquirir conocimientos en función de la no reproducción de hijos.

Como podemos ver, en todos los casos las políticas de cooptación de la movilización campesina giran en torno a la desvalorización de la mujer, categorizándola ya no como ser, sino como objeto. Por supuesto este hecho no es casual, ya que es en la premisa “dividir para gobernar” en la que se apoya la clase hegemónica dominante para someter a hombres y a mujeres en una pugna irreconciliable.

Estas son algunas citas que nos pueden permitir evidenciar la realidad de la época.
“a finales, no obstante, del siglo XV, se puso en marcha una contrarrevolución que actuaba en todos los niveles de la vida social y política. En primer lugar, las autoridades políticas realizaron importantes esfuerzos por cooptar a los trabajadores más jóvenes y rebeldes por medio de una maliciosa política sexual, que les dio acceso a sexo gratuito y transformó el antagonismo de clase en hostilidad contra las mujeres proletarias…” “… en Francia las autoridades municipales prácticamente dejaron de considerar la violación como delito en los casos en que las víctimas fueran mujeres de clase baja… la violación en pandilla de mujeres proletarias se convirtió en una práctica común que los autores realizaban abierta y ruidosamente por la noche, en grupos de dos a quince metiéndose en las casas, arrastrando a las víctimas por las calles sin el más mínimo intento de ocultarse o disimular”

Esta es una pequeña muestra de la cooptación a los movimientos campesinos de la época, pero que como bien deja clarificado Silvia federici, no terminan con el avance de la historia y el cambio del modo de producción, es más, se agudiza aún más la violencia generalizada contra las mujeres desencadenándose en hechos concretos como:

“en la Europa de la edad de la razón, a las mujeres acusadas de regañonas, se les ponía bozales como a perros y eran paseadas por las calles; las prostitutas eran azotadas o enjauladas y sometidas a simulacros de ahogamientos, mientras se instauraba la pena de muerte para las mujeres condenadas por adulterio”
“la caza de brujas fue un momento decisivo en la vida de las mujeres; fue el equivalente a la derrota histórica a la que alude Engels, en El origen de la familia, la propiedad privada y el estado (1884), como la causa del desmoronamiento del mundo matriarcal”

Hechos como estos son los que el Calibán pone en evidencia para hacernos comprender que la vida de las mujeres en la transición del feudalismo al capitalismo estaba lejos de mejorar, pues con la llegada del nuevo modelo económico solo se agudizó la pauperización de la mujer y su trabajo.

III

La crítica de Silvia Federicci a las feministas radicales

Como vemos Silvia Federicci ubica su análisis tomando como elementos centrales el estudio de las trasformaciones sociales del modo de producción y su relación en la lucha entre las clases, desde ahí el impacto que estos tienen en la vida de las mujeres con un estudio muy minucioso. Pero estos estudios tenían también una finalidad política como ella misma lo plantea, era parte del debate dentro del movimiento feminista.

En la introducción al Calibán y la Bruja polemiza con la posición de las feministas radicales por “su tendencia a dar cuenta de la discriminación sexual y el dominio patriarcal a partir de estructuras transhistóricas, que presumiblemente operaban con independencia de las relaciones de producción y de clase”

Desde el feminismo socialista compartimos que el uso de estas categorías deviene en un planteo a-histórico. Las feministas radicales y teóricas como Shulamith Firestone utilizaron la categoría del patriarcado como una categoría que explicaba el conjunto del desarrollo social en donde la tensión fundamental era la lucha entre los sexos, lo que ella caracterizaría en la dialéctica de los sexos.

Las mujeres constituiríamos una clase social en su conjunto, oprimida por otro grupo sociales: los hombres. La categoría marxista de clase o el impacto de la sociedad de clases en las mujeres serie un elemento tangencial, secundario en relación a esta tensión fundamental según esta corriente. En últimas circunstancias, consideramos que el uso de estas categorías reponen una disyuntiva biológicista que se transforma en un límite teórico y político para entrever una superación concreta de la sociedad patriarcal. Este debate lo aborda Andrea d` Atri en el libro “Pan y Rosas. Antagonismo de clase y pertenencia de género en el capitalismo”.

Un contra punto con Silvia Federicci

Silvia Federicci tiene el gran mérito de haber realizado, entre otras cosas, un estudio profundo sobre el periodo de transición entre el feudalismo y el capitalismo, y de haber repuesto elementos del materialismo histórico para pensar la opresión patriarcal. El reduccionismo con que se entendía el trabajo doméstico fue uno de sus puntos de crítica a ciertos sectores del marxismo.

Nos parece importante aclarar que en el desarrollo del marxismo revolucionario el periodo de transición está lejos de verse como una continuidad evolutiva entre el feudalismo y el capitalismo, esto es al menos ampliamente discutible y creemos que es imprecisa la crítica que realiza Federicci en este punto al marxismo. También puede resultar unilateral ubicar a Marx como quien sostuvo que el capitalismo era “progresivo”, sin ver justamente la dialéctica de la acumulación originaria que se sembró “a sangre y fuego”. Acá también sería necesario ahondar y abrir el debate con la autora.

Para contribuir al pensamiento y debate teórico dentro del movimiento de mujeres, quizás sea necesario abrir una discusión más específica a los análisis que realiza la autora y que quedan entre dichos en el libro El Calibán y la Bruja: sobre el carácter de la propiedad comunal, cuáles eran sus alcances y límites, si estos podemos entenderlos como las primeras formas de gobierno obrero o democracia obrera (como lo plantea Federicci) y como influyó en esto la conformación del campesinado de la baja edad media y las experiencias posteriores con el surgimiento del proletariado moderno.

Las feministas socialistas compartimos que el trabajo doméstico es una pieza fundamental en la cadena de reproducción de la fuerza de trabajo y que le genera ganancias a los capitalistas, ellos se ahorran el cuidado de estas labores para aumentar sus ganancias. Es por esto que consideramos que las tareas de reproducción de la fuerza de trabajo, es decir las labores llamadas “domésticas” deben ser una responsabilidad social garantizada por el Estado, que no tenga que recaer por “naturaleza” en las mujeres, esta es una lucha totalmente vigente.

Una polémica con la práctica política de la autora y su estrategia para la liberación de la opresión a las mujeres merecería un artículo especifico, aun así, nos parecen importantes los aportes que realiza. Hoy diferentes corrientes toman a Silvia Federicci para realizar críticas al marxismo e inclusive justificar lo que en su misma obra el Calibán y la bruja, con herramientas del marxismo , la autora crítica: desligar la lucha de las mujeres de la lucha entre las clases y los cambios en los sistemas de producción a lo largo de la historia.

De estos debates se extraen elementos importantes. En vísperas de un nuevo 8 de Marzo y a 100 años de la revolución Rusa las feministas socialistas, vemos necesario reponer la lucha estratégica por una sociedad que supere a la sociedad capitalista y que termine de raíz con la sociedad patriarcal. Este artículo busca contribuir a esta tarea.






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