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Monarquía

Murió Felipe, esposo de la Reina Isabel de Inglaterra

Tenía 99 años. Fue príncipe consorte desde 1952. Había tenido que huir de Grecia con sus valijas reales cuando se proclamó la República. Sus visitas a las Malvinas.

Viernes 9 de abril | 09:21

“Con profundo dolor, su majestad la reina anuncia la muerte de su amado esposo, su alteza real el príncipe Felipe, duque de Edimburgo”, dice con pomposa prosa real el comunicado del Palacio de Buckingham.

El príncipe Felipe, marido de la reina Isabel II, murió este viernes a los 99 años y se convirtió en una de las noticias del día en todo el mundo. Inexplicablemente la realeza, institución reaccionaria si las hay, todavía tiene mucha “prensa”.

Como marcan los designios de la nobleza, Felipe nació príncipe de Grecia y Dinamarca. Pero su familia tuvo que huir meses después, cuando se proclamó la república en ese país. Se refugió cerca de París.

Más tarde conocería a Isabel y se casarían en una pomposa boda, a pesar de las duras consecuencias de la guerra para su país. Cuando esta llegó al trono en 1952, se convirtió en príncipe consorte y tuvo que dejar la carrera en la Marina Real.

Sin embargo, nunca abandonó su traje de monarca imperial. Una de sus primeras giras fue a bordo del yate real Britannia, con el que llegó a las Islas Malvinas el 7 de enero de 1957. A ese enclave colonial británico llegó nuevamente en 1992.

Junto a la reina Isabel fueron el pilar de la monarquía en los últimos 70 años, todo un récord.

Los medios conservadores se encargaron de seguir los “interesantes” avatares de su vida: eventos sociales y políticos, supuestas “infidelidades”, viajes. En 2017 se retiró de las actividades públicas tras haber participado en más de 22.000 actos oficiales. Alta ocupación.

Hoy los medios recuerdan algunas anécdotas que revelarían una faceta “problemática” del príncipe. Como cuando le preguntó a un joven británico que venía de viajar por Papúa Nueva Guinea: “¿Habéis logrado que no os comieran?”. En otra ocasión, “un niño le confesó que quería ser astronauta y el duque le respondió que estaba demasiado gordo para volar”.

Hay decenas de estos comentarios públicos que destacan por su racismo y misoginia. Entre ellos algunos como que los chinos destacan por sus ojos rasgados, los escoceses son borrachos, los nativos de Nueva Guinea son caníbales, los caribeños son piratas, los aborígenes australianos se matan a flechazos. Todos comentarios dichos en público.

En otra ocasión, cuando se encontraba en una fiesta organizada en Londres por la oficina de la Commonwealth, se dirigió a un invitado afrodescendiente y le preguntó: “¿De qué exótico lugar del mundo procede usted?”. El interlocutor era lord Taylor de Warwick, y le respondió: “Soy de Birmingham”.

También destacan en el repertorio varios comentarios de carácter misógino.

Las anécdotas muestran parte de su pensamiento, es cierto. Pero son un detalle al lado de las tropelías de la monarquía imperialista británica.

Felipe siempre reivindicó su “sangre azul” y origen monárquico. Por eso viajó mucho pero cuando se le preguntó si le gustaría visitar la Unión Soviética, dijo: “Me encantaría visitar Rusia, aunque esos cabrones asesinaron a la mitad de mi familia”. Lo decía en referencia a la suerte que corrieron los Romanov, emblemas del zarismo.

Para los próximas días se esperan que se realicen las ceremonias protocolares. Aunque teniendo en cuenta la pandemia, seguramente la Corona volverá a gastar millones a pesar de la crítica situación que vive el Reino Unido.






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