MINERO ASESINADO

Nelson Quichillao con sonrisa fresca y cariñosa, minero que pierde su vida a manos de la policía opresora

La vida de un minero guarda además de excavaciones profundas, ilusiones de una vida mejor, hombres y mujeres de un inmenso valor.

Zikuta

Santiago de Chile

Viernes 31 de julio de 2015 | 17:55

Días atrás el sobrino de Nelson Quichillao, le expresaba a un medio de comunicación: “Mi tío tenía una sonrisa fresca y cariñosa, una amabilidad que pocas personas parecen tener, siempre jugó con nosotros, cada vez que nos visitaba nos entregaba de su tiempo y dedicación. Desde que fue niño, por necesidad partió a la mina con su hermano mayor, cargado con una mochila con la ilusión de contribuir al bienestar de su familia, que por complejos momentos económicos pasaba, pero la policía le arrebató la vida”. Estas fueron parte de las palabras de uno de los familiares más cercanos de Quichillao, palabras que relatan parte de la vida y las cualidades de Nelson, trabajador que a manos de la policía chilena perdió su vida tras un impacto de bala de nueve milímetros.

Pues bien, sabemos que la subcontratación es parte importante de lo que hoy da vida a las mineras chilenas, la herencia que desde la Dictadura Militar se mantiene, día a día se constituye en una condición para los trabajadores y trabajadoras en el país, y en específico en CODELCO, donde el 70% de los trabajadores están subcontratados. Condición que permite al empleador directo, el “empleador real” no responsabilizarse de los derechos y deberes que a este le corresponde. Trabajadores que de “segunda categoría”, muchas veces jóvenes salidos de colegios técnicos, que a su primera experiencia deciden internarse en las labores de la profundidad minera como técnicos electricistas, entre otras muchas tantas cosas. Hombres de avanzada edad, con manos, y cuerpos curtidos de tanta tierra, de una fría oscuridad que cubre horas y horas de trabajo, de poca luz en los rostros porque el sol se perdió entre picotazos dados, excavaciones que muchas veces hacen olvidar la pesada jornada.

La producción minera desarrolla a su alero una cantidad importante de actividad comercial, ciudades enteras dependen del desarrollo minero, Rancagua, Calama Antofagasta, entre otras ciudades son expresión de esto. Las familias mineras son sustento muchas veces de estudios de hijos, de gastos de hogar, de alimentación de una vida entera.

Innumerables son los relatos de jóvenes, hombres y mujeres del pueblo trabajador que han decidido emprender la decisión de ir a trabajar a las minas. ¿Cuántas veces no hemos escuchado a cercanos referirse a que “en la mina se paga bien” o que “la distancia de la familia se compensa con el dinero que ahí se gana”? Pues grandes son las ilusiones que desde los y las trabajadoras se desarrollan en cuanto al sector laboral de la minería y que Nelson no fue la excepción, desde niño partió al norte del país con la idea de contribuir a la economía de su familia, no sólo trabajó en las dependencias de CODELCO los últimos días, como obrero minero supo del trabajo, una vida entera destinada.

Las balas que impactaron a Nelson Quichillao por la policía no sólo son balas que han asesinado a un segundo obrero en gobiernos de Bachelet, sino son balas que desde el subcontrato, la precariedad laboral, la precarización de hombres viejos y jóvenes, día a día amenazan ser incrustadas en los miles y miles de cuerpos de quienes conformamos la clase trabajadora de este país, de los sectores más desposeídos de esta sociedad.

En memoria de Nelson Quichillao, Rodrigo Cisternas, Juan Pablo Jiménez, Manuel Gutiérrez, quienes con “sonrisas frescas y cariñosas” han dejado enseñanza de lucha.






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