SALUD MENTAL

No era depresión, era capitalismo: una mirada de la juventud anticapitalista

La depresión es una de las patologías a nivel mundial que más complican a la población, sobre todo a las más precarizada. El avance del capitalismo ha significado el deterioro de la salud mental ¿Podemos combatirla? ¿Cómo? este es un pequeño aporte a la discusión de la salud mental desde la mirada de la juventud anticapitalista.

Sábado 26 de diciembre de 2020 | 10:40

La frase “no era depresión, era capitalismo” es una que durante la rebelión del año pasado, incluso desde antes y hasta la fecha, hace mucho ruido, por lo que no es de extrañar que se tome las paredes de las ciudades, carteles, lienzos, las redes sociales, etc. Esto evidencia que hay un sector, sobre todo de quienes fuimos parte de esta rebelión, que nos hace sentido esta consigna, pero ¿por qué nos hace sentido que un problema de salud mental se relacione tanto con el sistema capitalista, al punto que lo hacemos directamente responsable de esta?

Según la OMS (Organización Mundial de la Salud), la depresión es el trastorno mental más frecuente a nivel mundial, más de 300 millones de personas padecen de este diagnóstico, un 70% son mujeres y un 30% hombres, y es considerada la principal causa de discapacidad y de suicidios. Más de 800 mil personas se suicidan cada año y es la segunda causa de muerte para jóvenes entre 15 y 29 años en el mundo, al mismo tiempo que 79% de estos ocurre en los países que tienen bajos y medianos ingresos.

La misma institución informa que en Chile durante el 2017 existían 844.253 personas mayores de 15 años con depresión diagnosticada y con una tasa de suicidio de 11 por cada 100 mil habitantes, siendo el cuarto país del continente con la más alta, pero sumando a les jóvenes de entre 10 y 19 años tienen una tasa de 5,1 por cada 100 mil habitantes.

Las cifras se han ido duplicando, ya que en los 90 era de 2,7 cada 100 mil habitantes, y según expertos para este año la cifra se doblaría. Según el Minsal, en septiembre del 2019, 220 mil chilenos han planificado su muerte y alrededor de 100 mil lo han intentado, de ellos el 20,3% de estos casos corresponde a jóvenes entre 20 y 29 años.

Ante todo esto lo más preocupante que en el mundo más de la mitad de las personas diagnosticadas no reciben algún tipo de tratamiento y en ciertos países, más del 90%. En Chile la situación es grave, ya que el 81% de las personas que necesitan atención por salud mental, no la reciben.

La pandemia y el deterioro de la salud mental

La crisis sanitaria que abrió la pandemia ha significado un terrible deterioro en la salud mental, entre el encierro, la gigante incertidumbre de qué sucederá con el virus, las nefastas políticas de respuesta a la pandemia y otras afecciones, evidenciaron el colapso y precarización del sistema de salud pública.

A esto se le suma la crisis económica que significó un ataque y destrucción de los puestos de trabajo generando una gran angustia en las personas, la que se vio agravada por las acciones de un gobierno que no hacía nada más que solo defender los intereses de los grandes empresarios (ejemplo de ello fue la aprobación de la ley de “protección del empleo” (aprobada desde la UDI hasta el FA y el PC) dejando a más de 2 millones de personas sin sueldo, gran parte de ellas eran trabajadores de grandes empresas como LAN, Ripley, Falabella, Starbucks, McDonald´s, H&M, Jhonson, París, entre otras super “pymes” que se acogieron a esta maldita ley.

Según un estudio realizado por la Asociación chilena de seguridad ACHS y el departamento del Centro de Estudios Longitudinales (CEL) de la PUC, publicado en agosto de este año y catalogado como el primer “Termómetro de la salud mental en Chile”, un 34,6 % de las y los trabajadores presenta un serio deterioro de su salud mental durante la crisis. Al final, quienes terminamos pagando esta crisis fuimos el pueblo trabajador.

Según este mismo estudio, en los hogares donde hay problemas económicos la salud mental se ha deteriorado un 41%, en el caso de hogares con deudas ese número llega al 56,7%, en el caso de cesantía llega a un 44,5% y entre las personas bajo el régimen con suspensión laboral un 43,7%.

El modo de vida que se adoptó tras la pandemia también influye: el encierro, el no poder compartir, y el casi nulo espacio para distenderse afectan los estados de animo. Si a esto le sumamos la estrategia que ha liderado el gobierno de Piñera para enfrentar la pandemia, se vuelve todo mas angustiante, ya que vemos como las lógicas del sistema capitalista de solo dedicarse a la producción y a nada más son las que predominan; la vuelta a la fase 2 es prueba de esto: de lunes a viernes funciona todo con “normalidad”, con aglomeraciones en el metro, transantiago, y en los horarios punta, sin que se aseguren todas las medidas de seguridad en los puestos de trabajos, pero los fin de semana hay que encerrarse.

Para los sectores más precarizados es difícil y casi imposible mantener sus atenciones de salud mental, ya sea en el sector público o privado. En el sector público, durante la pandemia, se han priorizado los recursos para el combate del covid, dejando de lado otros tratamientos, tan solo en la ciudad de Antofagasta 56% de las atenciones han sido postergadas y en todo el país ha sido de un 52%.

Asimismo solo 5.857 pudieron acceder a sus tratamientos con el inicio de la pandemia, esto es grave viendo los datos del Minsal, donde aproximadamente 31 mil personas ingresaban en promedio mensual, al programa de salud mental. Por otro lado, en el sistema de isapres la caída de atenciones ha sido de 19,3%, que son 286 mil consultas menos en comparación al año pasado.

La juventud hacia el abismo

Cómo se mostró anteriormente a nivel mundial y a nivel nacional, la juventud es uno de los sectores de la población que más tiende a enfrentarse con los problemas de la salud mental, siendo los sectores más precarizados quienes hemos visto esta realidad a más profundidad.

El estrés, la depresión, la ansiedad, entre otros problemas de salud mental, son parte de millones de estudiantes que viven la sobrecarga académica. Según un estudio de la U. Católica de Temuco, liderado por la Psicóloga Ana Barrera, 46% de los estudiantes universitarios tiene síntomas depresivos, 46% muestra problemas de ansiedad, 54% sufre de estrés y 30% tiene las 3.

También, y debido a la educación de mercado, vemos una población de un 9% de jóvenes entre 15 y 29 años que estudia y trabaja al mismo tiempo para poder costear estudios o para aportar en la casa. Junto a esto, de la juventud que no trabaja (alrededor de 12%) un 23% no lo hace por tener que cuidar a niños, adultos mayores u otros familiares, 22% por cumplir quehaceres del hogar, un 7% por discapacidad y un 7,7% por no tener la necesidad. Esto último marca la brecha que da el carácter de clase a la situación. Sumando a esto, vivimos los trabajos más precarios ya sea en comida rápida, de delivery, retail o en negro, y ahora tras la pandemia vivimos el desempleo o la suspensión de nuestros trabajos.

Es importante considerar que no solo el hecho de trabajar, estudiar o ambas es detonante de estos problemas, también la situación familiar, donde la plata no alcanza a fin de mes, donde se vive a costa de deuda para sobrevivir.

Pero sectores más precarizados de la juventud viven lo peor también, conocemos la nefasta realidad del SENAME y cómo, a su vez, es la principal forma de criminalización a la juventud pobre. Esta juventud, a raíz de la inoperancia del Estado y las lógicas del sistema capitalista, se ve arrastrada al peor abismo de la salud mental, en 2017 el déficit de atención para esta misma llegó al 90%, dejándolos más sumergidos en la precariedad.

¿Qué futuro nos ofrece el capitalismo, que nos arroja cada vez a lo peor, con una crisis ambiental por encima, donde este sistema no puede ofrecer ninguna medida real para enfrentarla, si no que todo lo contrario solo la profundiza?

La salud de mercado

Quienes hemos vivido en carne propia la atención en el sistema público sabemos lo difícil que es poder conseguir una hora de atención para salud mental (y en general), además de que técnicamente si no estás al borde del suicidio o no lo has intentado ya, no te la dan, junto a esto también sabemos lo costoso que es poder recibir una atención privada, la que se complica aún más por la crisis que estamos viviendo.

María Isabel Robles Directora Nacional Técnica de Apoyo, Cuidado y Desarrollo de Autonomía del Hogar de Cristo, en el diario La Tercera explica “En Chile tenemos una brecha de cobertura de alrededor de un 80% en la atención primaria respecto a temas de salud mental, o sea solo el 19% de las personas que requieren atención por algún trastorno de salud mental incipiente tiene acceso a cobertura”

Pero esto no es solo una crisis que se ve en el acceso a la salud mental, sino que en toda el sistema de salud, ya que como parte de la herencia viva de la dictadura de Pinochet ha sido desmantelado durante los ultimos 30 años, y hoy con un 2,1% del presupuesto general está muy por debajo de la recomendación de la OMS. De hecho para este 2021 el gobierno no piensa en la salud, ni menos en la salud mental, al mismo tiempo que fortalece el financiamiento en las fuerzas de represión como carabineros y fuerzas armadas, con 3.949 millones de dólares.

Está todo perdido, ¿o no?

Por todo esto, nos hace sentido la frase “no era depresión, era capitalismo”, porque este sistema solo nos ofrece precarización, por eso se levantaron millones de voces en la rebelión iniciada el 18 de octubre, peleando por una vida más digna, que le dijeron basta al sistema neoliberal que heredamos de la dictadura.

Actualmente en Chile nos vemos en el marco de un proceso constituyente tramposo que fue desarrollado por quienes firmaron el pacto por la paz y quienes fueron cómplices pasivos de este, o sea los partidos del régimen desde la derecha más reaccionaria cómo la UDI hasta el Frente Amplio y el PC que hoy forman una alianza, intentando mostrarse a la izquierda del proceso, pero que en los hechos solo ha demostrado que mantiene treguas con el gobierno, como la CUT dirigida por el PC, que durante la rebelión abandonó el camino de la huelga general y el fuera Piñera. Por su parte, el FA le facilitó todo al gobierno las leyes represivas, como ley anti saqueos, que solo buscaba criminalizar las protestas, la cual en su momento fue votada por su parlamentarios.

Por esto es necesaria una alternativa de las y los trabajadores, la juventud y las mujeres, que vaya a denunciar este proceso que solo veta a las voces de rebelión, que mantiene la impunidad a los violadores a derechos humanos, tanto materiales, como políticos, así mismo también le da poder de veto a una minoría reaccionaria como la derecha con el quórum del 2/3.

Desde el Partido de Trabajadores junto con Vencer, buscamos levantar esa alternativa, pero también queremos pelear por todas las demandas que miles en las calles levantamos el año pasado, por derribar la herencia de Pinochet y resolver problemáticas como las planteadas en esta columna.

Pelear por un sistema nacional público de salud, de calidad y con cobertura universal, donde los laboratorios, consultorios, hospitales y clínicas estén al servicio de toda la población, poniendo fin al mercado de la salud, por el fin a los despidos, a la subcontratación, a la flexibilización laboral, por el fin a la precarización laboral, de reducir la jornada laboral sin disminución del sueldo y la repartición de horas entre ocupados y desocupados, una educación gratuita y de calidad, laica y no sexista, por la condonación del CAE, con acceso irrestricto a la universidad, con foco en el fin de la educación de mercado, no más SENAME, por un sistema de educacional y de hogares que sea administrado por profesionales y trabajadores de la educación y la salud, que garantice alimentación, cuidados y tratamientos médicos y sicológicos, pero también por más.

Porque esta crisis no la debemos pagar el pueblo trabajador si no que los capitalistas, tenemos las fuerzas para conquistar pan, salud y trabajo, pero esto no se va lograr en el marco de un proceso tramposo, ni por leyes, si no con la lucha, movilización, con organización y la unidad entre las y los trabajadores, la juventud y todos los sectores oprimidos.

La clase trabajadora tiene las fuerzas y los métodos históricos para poner en jaque a sistema capitalista, junto a la misma fuerza de la juventud que fue la que saltó los torniquetes, comenzando lo que se transformaría en una rebelión el año pasado, la misma fuerza que demostró en otros países, como en EE.UU. con el black live matters, también como lo ha demostrado el movimiento contra el crisis ambiental en todo el mundo, en unidad podemos darlo vuelta y cambiarlo todo.

Para finalizar esta columna, cierro con una frase de León Trotsky que son parte de su testamento “La vida es hermosa. Que las futuras generaciones la libren de todo mal, opresión y violencia y la disfruten plenamente.”






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