Géneros y Sexualidades

POBRE GALLO

Pobre Gallo: los tipos de curas y carabineros que nos muestra Mega

La nueva teleserie de Mega nos muestra a un cura siempre dispuesto a escuchar y ayudar, y un grupo de carabineros amables y cómicos. Roles que intentan echar tierra sobre los curas abusadores de menores y la labor represora de una institución como Carabineros de Chile.

Lilith Herrera

Activista trans

Jueves 14 de enero de 2016 | 14:04

Hace unas semanas llegó a las hirvientes pantallas de Mega lo que en un principio sería su tercera ficción vespertina de la era Rencoret; sin embargo, producto de la arremetida de Canal 13, con el auspicioso estreno de su novela Veinteañero a los 40, el canal de Vicuña Mackena dio un giro inesperado y la estrenó en horario nocturno.

Desde el 2014, Mega es dueño y señor de la pantalla chica, ubicándolo en el primer lugar de sintonía y de utilidades, muy por sobre sus pares. Su liderazgo se ha visto reforzado por las teleseries vespertinas, tal como ocurrió con Pobre Gallo en su estreno, el que si bien fue nocturno, demostró la fidelidad del público con la señal de Heller, promediando 30 puntos, con peak de 32 unidades en su primer capítulo. Cifras que despedazaron al resto de la competencia.

Lo que Mega nos quiere hacer creer
La historia que más pareciera un pegote de sketchs sacados de Morandé con Compañía, puso en escena a un sacerdote personificado por Mauricio Pesutic, quien se muestra como un hombre sabio, dueño de cada secreto de los habitantes de Yerbas Buenas, un “curita del pueblo”, siempre agradado de ponerse al servicio de los fieles. Por otra parte, aparece la figura del carabinero, la cual recae en un grupo de uniformados bajo el mandato de una mujer.

En el caso de la primera, suboficial de Carabineros, la señal privada se esmera por representar a una mujer que cumple con su deber de ser madre y dueña de casa. Para este papel, la misma Volpato (actriz a cargo del personaje) declaró que lo hacía con mucho respeto, ya que los carabineros le pidieron que “no se les pasara a llevar”, así se le puede ver siendo una correcta funcionaria, de indiscutible responsabilidad. Se ubica también, al uniformado un tanto desordenado, pero agotadoramente cómico, encarnado por Fernando Godoy. Aparecen luego, un sargento, representando por Andrés Velasco, a quien la historia le permite vanagloriarse de no pagar la pensión alimenticia y a un cabo, a cargo de Ignacio Garmendia, el que cumple con la veta del “uniformado mino”.

Lo que la realidad nos dice que es
Al ver la teleserie, resulta imposible no recordar la frase “el Mercurio miente”, pues Mega, así como el diario encubridor de la dictadura, también miente. Lo hace, cuando nos quiere hacer creer que los curas están al servicio de quiénes los necesiten, obviando los casos de abusos a menores, echándole tierra a los macabros secretos descubiertos de Fernando Karadima, de la complicidad aberrante de Juan Barros, obispo de Osorno; le confiere así, un rol central a la Iglesia Católica, la misma que se opone al matrimonio igualitario, a que las mujeres puedan decidir por sobre sus cuerpos, a la oposición histórica de una educación sexual integral en los colegios, que se continúa escandalizando por el uso y promoción del condón y persigue a la diversidad sexual desde sus corroídas tribunas.

El actual líder de sintonía nos engaña burdamente también cuando a través de estos ridículos carabineros, nos dice que nos olvidemos de la represión durante las marchas- excepto para quienes salen a marchar en autos o camiones- de los abusos a las compañeras detenidas. Ante cada sonrisa de Volpato como intachable funcionaria pública, nos tenemos que olvidar de cada lumazo en las costillas o de cada pateadura en el suelo.

Tal vez, el único atisbo interesante es ver de qué manera se desarrolla la historia entre el personaje de Fernando Godoy y sus familiares indígenas, realidad de la cual escapó, recordando el reciente caso de Darío Paya, parlamentario de la UDI, a quién la ex jefa de prensa de la tienda, Lily Zúñiga, acusó de ocultar sus raíces al acortar el verdadero apellido: Pacayán. Sin embargo y, dado, lo que ha mostrado el canal en ésta y otras producciones, todo hace pensar que no cejarán en la broma absurda, prejuiciosa, con tal de retener el público que ya ha comenzado a dar indicios de aburrimiento de series sacadas de una fábrica de salchichas (el rating ha ido a la baja), mostrando un mundo irreal que no se hace cargo de la violencia que sufre el pueblo mapuche a manos del Estado capitalista y cuyo gobierno de Michelle Bachelet, en ningún caso, lo vino a cambiar, sino que pareciera recrudecerse.

Así las cosas, la fábrica de embutidos no se detendrá; lo que instituciones como la Iglesia Católica y Carabineros, agradecerán infinitamente.






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