Mundo Obrero Chile

MOVIMIENTO DE MUJERES

¿Por qué las trabajadoras de la salud nos movilizamos este 8 de marzo?

En miras de las movilizaciones que se vienen para el 8 de marzo, realizamos una mirada hacia el interior de las condiciones laborales de las mujeres en el área de la salud.

Valeria Yañez

Actriz, militante de Pan y Rosas. Equipo Escena Obrera

Carolina Toledo

Enfermera

Lunes 18 de febrero

Nos acercamos a otra conmemoración del Día Internacional de la Mujer Trabajadora con un 8 de marzo que se sitúa en un panorama internacional polarizado; por un lado con Trump y Bolsonaro, y el avance de la derecha en Latinoamérica con Piñera, Macri, Duque y el intento de golpe en Venezuela, correlativamente, se levantan los Chalecos Amarillos que hicieron arder Francia contra Macron, las mujeres que salieron a marchar contra Bolsonaro en Brasil, y la Marea Verde en Argentina en la lucha por el aborto legal.

El movimiento de mujeres ha dinamizado la situación política. Miles de mujeres han despertado en todo el mundo movilizándose contra la violencia machista, por Ni Una Menos y por derechos de salud fundamentales como es el derecho al aborto legal, libre, seguro y gratuito.

En Chile el 2018 se desarrolló el “Mayo Feminista” con diversas tomas de universidades y colegios, el cual cuestionó la educación sexista y, los sectores más agudos, avanzaron a cuestionar las estructuras universitarias heredadas de la dictadura cuyo autoritarismo perpetúa las diferencias por género y clase haciendo de la educación un privilegio. También, muchos de los petitorios integraron la lucha contra el subcontrato que, de haberse profundizado, pudo haber tendido un puente hacia las millones de mujeres trabajadoras, fortaleciendo el movimiento de mujeres con la fuerza de la mujer trabajadora. Para este 8 de marzo la Coordinadora Feminista 8M hace el llamado a una “Huelga Feminista”, ¿para qué huelga nos preparamos las trabajadoras de la salud?

RADIOGRAFÍA: Trabajadores/as de Salud y salud de los/las trabajadores/as

Mujeres trabajadoras

Actualmente, solo el 48,3% de las mujeres en edad de trabajar (15 años y más) son “económicamente activas”, es decir, reciben remuneración por el trabajo que realizan, en contraste con un 70% de los hombres en el mismo rango etáreo (1). De ellas, el 50% recibe un salario menor a $270.000 mensualmente y en promedio ganan un 26,4% menos que los hombres, brecha que se explica en un 70% por discriminación de género (2). Las tasas de desempleo son más elevadas para mujeres, especialmente durante crisis económicas: 12% de mujeres desempleadas versus menos de un 10% de hombres desempleados en el 2009 (1).

Por otro lado, las mujeres que reciben remuneración dedican en promedio 3 horas diarias más que los hombres al trabajo no remunerado (3), ya que somos nosotras quienes principalmente cumplimos el rol de dirigir y realizar el trabajo doméstico, reproductivo y de cuidados en la familia trabajadora, cumpliendo de este modo con dobles jornadas laborales.

Trabajadoras de la salud

La discriminación de género y la división sexual del trabajo también se reproduce en el sector de salud y asistencia social, considerada una rama del empleo altamente feminizada, ya que el 75,4% de los puestos son ocupados por mujeres (4).

Las trabajadoras de salud nos enfrentamos diariamente a discriminación horizontal y vertical en nuestros puestos de trabajo y en nuestra carrera profesional. La segregación horizontal se expresa en el supuesto de que las mujeres “naturalmente” se desempeñan mejor en labores de cuidado, procedimientos técnicos, aseo y confort del paciente, mientras que los hombres estarían mejor capacitados para altos cargos directivos, trasladar y movilizar a los pacientes. La segregación vertical por otro lado, se expresa en que pese a ser un sector feminizado, las mujeres son las que mayormente se desempeñan en cargos de coordinación de unidades clínicas mientras que los puestos de máxima dirigencia están ocupados por hombres. Si bien esta es una realidad, nuestra pelea no es para que más mujeres dirijan y administren un sistema de salud de mercado, sino para millones de mujeres trabajadoras junto con el conjunto de la clase obrera puedan idear un nuevo sistema donde la salud sea considerada un derecho y por tanto, sea gratuita y de calidad para todas y todos. Muchas veces esta batalla es contra esas mujeres que alcanzaron un lugar dentro de la llamada "equidad de género" que el neoliberalismo dibujó como un espejismo para autovalidarse, mientras, como contracara, millones de mujeres trabajadoras continúan siendo arrojadas a la pobreza y a la doble explotación laboral.

Finalmente, las carreras técnicas y profesionales no médicas son las más feminizadas, y presentan una importante brecha salarial, así como no cuentan con las mismas oportunidades que las carreras médicas para acceder a postgrado y especialización. Esto limita la participación de las mujeres en investigación científica de salud con enfoque de género y limita también la posibilidad de que diagnósticos y medicamentos sean estudiados para lograr un mayor control de la mujer sobre su propio cuerpo. Con una educación y una salud elitizada, con aranceles que cuestan más del salario mínimo, finalmente los únicos que tienen pleno derecho a la tecnología son los más ricos de este país y sus familias.

En relación con la jornada laboral, la mayor parte de los trabajadores de salud que se desempeñan en clínicas y hospitales cumplen turnos rotativos de 12 horas diurnos y nocturnos según lo autorice la Dirección del Trabajo (5), en cuanto se trata de un sistema excepcional de jornada de trabajo, sin embargo, ésta también establece que el trabajador no puede permanecer más de 12 horas continuas en el lugar de trabajo y debe cumplir en promedio un máximo de 45 horas semanales. En la práctica, los establecimientos de salud públicos y privados ajustan su dotación mínima en base a criterios económicos en donde los trabajadores realizan cuartos turnos (2:2) y terceros turnos (4:2) que se traducen en sobrecarga laboral, especialmente en períodos de ausencias laborales que son cubiertas por el mismo equipo que trabaja hasta 24 horas continuas. Además, muchos trabajadores realizan doble cuarto turno, es decir, no poseen días de descanso, para lograr obtener sueldos que permitan la subsistencia familiar.

En este contexto, la maternidad constituye una fuente de inequidad para las trabajadoras de la salud, en cuanto su permiso no siempre es cubierto por el empleador, lo que sobrecarga al equipo e incide directamente en la menor contratación de mujeres en edad fértil viéndose privilegiada la contratación de varones. Por su parte, la paternidad es considerada como secundaria en el proceso reproductivo, ya que los 5 días hábiles de permiso luego del nacimiento o adopción de un/a hijo/a, resultan insuficientes para que el padre se involucre en el trabajo reproductivo y de cuidado de la familia. Lo anterior, sumado al alto número de trabajadoras a honorarios, especialmente en la salud municipal (CESFAM), precariza aún más su condición ante la maternidad ya que su ausencia no es remunerada y no cuenta con garantía de que a su regreso podrá conservar el puesto, lo que la obliga a reducir el descanso postnatal.

Además como trabajadores de salud, a diario somos testigos de que las diferencias de género propias de la sociedad patriarcal y capitalista se expresan en la condición de salud de las personas:

  •   La salud reproductiva aún hoy está subyugada a valores político-religiosos y es donde se expresa con mayor claridad el poder patriarcal sobre el cuerpo de las mujeres, al ejercer y permitir cotidianamente que ocurran, por parte de trabajadores como trabajadoras de ginecología, actos violentos como maltratos, infantilización y discriminación. Las trabajadoras de la salud sabemos que el aborto, así como la elección de los métodos anticonceptivos y de prevención de enfermedades de transmisión sexual deben formar parte de la salud pública, en cuanto es el Estado quien debe proveerlos en forma gratuita, libre, legal, segura e informada, sin distinción de clase, género u orientación sexual, promoviendo así la autonomía en las decisiones sobre el propio cuerpo. Sabemos que el aborto es una realidad en Chile, de los 80 mil y 260 mil casos anuales, sólo un 3% de los procedimientos se deben a Ley de Aborto en 3 causales y las demás mujeres se ven obligadas a hacerlo en clandestinidad.
  •   La actividad realizada a lo largo de la vida también tiene un componente de género que se expresa en el nivel de salud y mortalidad diferida entre hombres y mujeres: los primeros tienen una menor expectativa de vida y fallecen principalmente por accidentes, pero tienen mejor percepción de calidad de vida y de nivel de salud que las mujeres, quienes además padecen mayor cantidad de problemas de salud mental, realizan menos actividad física y reportan más dolores permanentes independientemente de su ocupación. (6,7)
  •   En relación al trabajo de cuidados, en promedio un 90% de los cuidadores informales de enfermos y adultos mayores, es decir, familiares que no reciben remuneración, son mujeres (8), de las cuales un 25% padece depresión (9). Solo el 51% de las mujeres no tiene a su cargo a ningún familiar a quien cuidar, a diferencia del 72% de los hombres (6), lo cual refleja la invisibilizada doble jornada y por tanto el reducido tiempo libre que tienen las mujeres para dedicarse a otras actividades.

    La mirada de las trabajadoras de salud incorpora necesariamente el trabajo no remunerado y no reconocido socialmente, y su impacto en la salud física y psíquica de las mujeres. Y sabemos también que la salud de los trabajadores se ve afectada directamente por la organización del trabajo y sus formas: precariedad, flexibilización y explotación, por lo que la suma de inequidades determina el estado de salud de las personas.

    Pero además el modelo de salud chileno se desarrolla en un contexto capitalista, implementado a través de leyes de la dictadura, que permite al privado lucrar con el derecho a la salud de las personas, y en donde el rol del Estado es de subsidio y promoción a cambio de una mínima supervisión y de precarización del sistema de salud público afectando al conjunto de la clase trabajadora. Las reformas posteriores, como el AUGE/GES, concesiones hospitalarias y recientemente FONASA-Plus impulsadas por la Nueva Mayoría en acuerdos con la derecha, sólo tienden a establecer mecanismos de desviación de fondos públicos al sistema privado, generando endeudamiento y empobrecimiento progresivo, lo que finalmente afecta directamente la atención de salud que recibe el 78% de la población adscrita a FONASA.

    ¿Frente a esto qué hacemos?

    La radiografía da cuenta de las precarias condiciones laborales que vivimos las trabajadoras de la salud, con sueldos más bajos, con turnos rotativos, precarización laboral, con una maternidad sujeta a contraloría, donde las salas cunas en los hospitales para las trabajadoras están repletas, además de estar sometidas a trabajos de gran stress laboral que requieren de una salud mental capacitada para responder a situaciones de alta presión. Siendo una realidad que repercute además en el conjunto de la clase trabajadora.

    Las mujeres trabajadoras de la salud, integrantes de Pan y Rosas, no buscamos avanzar en puestos directivos para tomar decisiones por encima de nuestras compañeras y compañeros, queremos un sistema de salud que sea financiado 100% por el estado y gestionado por las trabajadoras, trabajadores y usuarios, pues somos nosotras quienes vemos las carencias de este sistema de salud que se cae a pedazos.

    Este 8 de Marzo nos movilizamos por un aborto legal, libre, seguro y gratuito, para no ver cómo llegan jóvenes con abortos caseros desesperadas a los hospitales, y para que existan anticonceptivos gratuitos en todos los centros de salud públicos y educación sexual en las escuelas.

    Luchamos porque las mujeres ganemos el mismo salario que nuestros colegas varones por el mismo trabajo, por sala cunas en nuestros lugares de trabajo, por terminar con el subcontrato que precariza a las trabajadoras del aseo en hospitales, por la reducción de la jornada laboral.

    Esta pelea la hacemos con la firme convicción es que posible una sociedad sin la explotación capitalista, sin la opresión de las mujeres en sus hogares cargando con el trabajo doméstico no remunerado y sin la discriminación y opresión de otros sectores de la sociedad.

    Para poder enfrentar las reformas de Piñera en Chile y el mercado de la salud pública, nos enfrentamos a un modelo capitalista y neoliberal que pone de manifiesto que nuestra pelea es internacional, es por ello que también marchamos contra la ofensiva imperialista de Trump en Venezuela y el avance de la derecha en Latinoamérica con total independencia de la Nueva Mayoría y los partidos empresariales.

    Te puede interesar: 8M: Con las mujeres al frente, vamos por un paro efectivo para enfrentar a la derecha y sus reformas

    Para poder adherirnos a la Huelga Feminista, necesitamos que las organizaciones sindicales, CONFUSAM, FENATS y las diversas organizaciones de trabajadores de la salud organicen un paro efectivo desde las bases, en las cuales podamos discutir estas y otras perspectivas, para realmente hacer que la tierra tiemble.

    NOTAS
    1. Brega, C. B., Durán, G. S., & Sáez, B. R. (2015). Mujeres Trabajando: Una exploración al valor del trabajo y la calidad del empleo en Chile. Disponible en: http://www.fundacionsol.cl/wp-content/uploads/2015/03/Estudio-Mujeres-Trabajando-2015.pdf
    2. MIDESO (2015). Encuesta de caracterización Socioeconómica Nacional CASEN 2015. Chile.
    3. INE (2015) Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (ENUT). Instituto Nacional de Estadísticas, Chile.
    4. INE (2017) Nueva Encuesta Nacional de Empleo NENE, trimestre Noviembre 2016 – Enero 2017. Chile.
    5. Artículo 38 Código del Trabajo. Chile.
    6. MINSAL (2006) Encuesta Nacional de Calidad de Vida. Ministerio de Salud, Chile
    7. Gobierno de Chile (2010) Primera Encuesta Nacional de Empleo, Trabajo, Salud y calidad de vida de los trabajadores y trabajadoras en Chile, ENETS 2009-2010. MINSAL, Dirección del Trabajo, ISL. Chile.
    8. MIDEPLAN (2009) Encuesta de caracterización Socioeconómica Nacional CASEN 2009. Chile.
    9. Senama (2007) Estudio de Situación de los Adultos Mayores dependientes con pensión asistencial y sus cuidadores domiciliarios. Chile.






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