Política Chile

EDITORIAL

Proceso de vacunación: Piñera intenta girar el timón mientras la salud pública se desmantela y privatiza

Este miércoles el gobierno anunció el despliegue del Plan de Vacunación hacia la población mayor de 80 años. Sin embargo, las fallas estructurales de la salud pública y las medidas ante la crisis sanitaria siguen siendo el talón de Aquiles de Piñera.

Teresa Melipal

Santiago de Chile

Joaquín Romero

Santiago de Chile

Miércoles 3 de febrero | 12:05

Este fin de semana las fuertes precipitaciones que perjudicaron la zona central lograron cambiar el eje del debate político. Las inundaciones en hospitales públicos, cortes de suministros y pérdidas de vivienda pusieron nuevamente las fallas estructurales de este Chile de los 30 años de abusos, denunciando la falta de recursos en los servicios sociales y el saqueo de los recursos naturales.

Este martes y miércoles 3 de febrero, el gobierno intenta hacer un giro de timón frente al manejo de la pandemia. Se trata de la campaña de vacunación “masiva” para los adultos mayores de 80 años en los centros de salud primaria, la cual ha sido criticada por la Red Nacional de Enfermeras y Enfermeros de Chile mediante un comunicado público tras publicarse el plan del gobierno primero en la prensa tradicional.

El gobierno de Piñera ha mediatizado el acceso y el derecho a la vacuna mostrando a las cuestionadas autoridades y figuras del gobierno como gestores de una demanda esperada de hace más de seis meses. Mientras los partidos del “orden”, desde la ex Concertación y Chile Vamos, parecen más entretenidos en sus intrigas palaciegas para definir sus respectivos candidatos presidenciales. Los candidatos del 1%, quienes representan a los gobiernos de la ex Concertación se han convertido en parodias decadentes que no prenden a nadie y que sin embargo, aparecerán en la próxima papeleta “a la fuerza”.

Chile Vamos se desangra con rencillas internas si pensamos que hace un año y medio estuvieron ad portas de perder el gobierno. Por otro lado, el estancamiento de la figura de Daniel Jadue y el enfriamiento de Pamela Jiles estimula una sensación de incertidumbre y orfandad en toda la izquierda reformista.

La respuesta a esta encrucijada que atraviesa la campaña de Jadue está en sus propias narices. La declaración del Partido Comunista de rodear la convención por la movilización de masas, a la que se sumó con aplausos oportunistamente el Frente Amplio, no pasó de ser una consigna grandilocuente. La campaña electoral los tuvo más preocupados de las intrigas con la vieja concertación que de organizar la fuerza de la juventud y la clase trabajadora para enfrentar el proceso constitucional y la pandemia de coronavirus en curso.

El mismo lunes nos enteramos de la noticia de que la economía Chilena sufrió una enorme contracción durante el 2020, en un 5,78% cayó la actividad económica, el peor resultado desde el año 1982. Ante este escenario los candidatos a la Convención de la derecha han salido envalentonados a insistir con su programa de reformas neoliberales que obliguen a los trabajadores a cotizar más en sus pensiones y que limite el gasto público y la actividad estatal al mínimo para reforzar la entrega de nuestras riquezas y recursos a los capitales trasnacionales.

Todo esto mientras se mantiene una cifra de desempleo de 2 dígitos y donde la mayoría de la población agotó sus fondos previsionales para sobrevivir y que es bastante poco probable que puedan resistir una extensión de la crisis económica por sus propios medios, arriesgando perder todo para mantener las ganancias de unos pocos.

Ante el aumento de contagios de COVID-19 y las medidas antiobreras del gobierno, resulta urgente pelear por un plan de emergencia de salud integral a través de una red única de salud, el cual garantice no sólo vacunación gratuita, sino las medidas necesarias hacia trabajadores de la salud y usuarios para paliar la crisis sanitaria a través de la unificación del sistema privado y público bajo gestión de trabajadores de la salud. Un plan de emergencia que sea financiado a través de impuestos a las grandes fortunas, dirigido a responder a las urgencias y necesidades del pueblo trabajador y pobre para no continuar con el lucro de la salud y con el sufrimiento de nuestras familias.






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