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Red Internacional

En esta nota analizamos el Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (TPP-11), lo que es el tratado, sus consecuencias en Chile, los intereses políticos detrás de su implementación y una lineal para enfrentar esta ofensiva neoliberal.

Viernes 23 de septiembre | 05:58

El TPP-11 ¿Qué es?¿Quien lo propone?¿Quienes lo integran?

Es un tratado de integración económica plurilateral, impulsado por grandes corporaciones internacionales y los distintos gobiernos. Se basa en un acuerdo legal o comercial entre distintos países de las economías Asia-Pacifico. Este tratado reúne algunas economías como: Australia, Canadá, México, Nueva Zelandia, Singapur, Malasia, Perú, Japón y Vietnam, sumado a grandes empresas multinacionales como Bayer-Monsanto, Forestal Arauco, etc.. Varios de estos países ya se han integrado a este tratado, pero sus implicancias en ellos y en Chile, son diferentes y no por ello progresivas.

El TPP-11 es presentado como un tratado de libre comercio entre 11 países del Asia-Pacifico, con los cuales Chile ya cuenta con tratados de libre comercio (TLC) bilaterales, siendo Chile el único país que sin integrarse al TPP cuenta con TLCs con los otros 10 países que lo integrarían. Pero en sus disposiciones, el TPP contiene varios aspectos políticos que lo vuelven más que solo un tratado comercial.

Si bien, el TPP-11 abriría las aduanas de los otros 10 países que lo integran a 3011 productos chilenos y así también las aduanas chilenas a la importación de productos extranjeros, disminuyendo los aranceles aduaneros entre estos países, pudiendo llegar a 0, esto es solo un ápice del tratado.

Esto no significa grandes cambios, por el contrario, significa asegurar el modelo neoliberal y a los actores ya instalados en los países firmantes. Esto último, con la implementación de tribunales ad hoc, dominados por las grandes corporaciones que serán quienes convoquen su conformación según necesiten. Esto implica una incapacidad de los estados de tomar medidas de políticas públicas, sin tener que responder a tribunales internacionales y compensar por cualquier repercusión en la rentabilidad o la expectativa de renta de estas empresas. La aprobación del TPP-11 estaría enfocada en promover la inversión extranjera en el país, pero esto no significa en ningún caso la solución a la crisis económica, puesto que solo vuelve incentiva a hacer jugosos negocios con los recursos naturales de los países llamados "en desarrollo", como Chile.

El Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico, se mete en la legislación de los países que lo componen, en tanto su ratificación limita aún más la soberanía de los Estados para realizar reformas de políticas públicas. Las cuales de afectar las ganancias de las corporaciones multinacionales que se mueven entre estos países, estas tendrán la facultad única de demandar a los Estados frente a un tribunal internacional nuevo y especialmente diseñado para esto, conformados para cada caso en específico y convocado por las multinacionales por medidas de compensación económica. Esto abarca la regulación de las semillas, la propiedad intelectual, la tecnificación o nacionalización de la industria y todos los aspectos a los que se ven obligados los Estados al firmar el tratado, limitando cualquier acción de cambio y asegurando la mantención del modelo actual como base.

La experiencia reciente de los países que ya han ratificado el TPP-11 y comenzado a funcionar, ha demostrado el carácter de este tratado y de sus tribunales pro empresariales, que no es más que un seguro a las grandes corporaciones sobre sus ganancias y mercados, atando a los países a sus formas de economía actuales, dominados por los oligopolios y a la media de los poderes económicos que ahí actúan.

Si bien el tratado explicita tener espacio a regulaciones tanto de políticas públicas, económicas y ambientales que puedan tomar los distintos gobiernos en la práctica. Los tribunales ad hoc formados, tienden a fallar a favor de las empresas, quienes les convocan haciendo a los distintos gobiernos que hayan atentado contra su rentabilidad o sus expectativas de ganancia, pagar compensaciones multimillonarias con los impuestos de la clase trabajadora. Según Van Harten, para el año 2020, sólo un 27,5% de las interpretaciones jurídicas de estos tribunales son favorables a los Estados, indicando un sesgo proempresarial.

Su implementación, también significa ataduras a la capacidad de ceder concesiones en derechos, bienes o servicios por parte del Estado a la clase trabajadora y los movimientos sociales como el movimiento estudiantil.

Su reimpulso en Chile ¿Qué significa? Asegurar el saqueo de los recursos naturales.

Desde su suscripción, se encuentra en funcionamiento en siete de los once países que conforman el acuerdo plurilateral Asia-Pacifico. El debate del TPP-11 se mantuvo congelado en el senado desde el 2019, debido a una serie de inconsistencias que la presión social de distintas agrupaciones ambientalistas, organizaciones estudiantiles y de pequeños productores agrícolas hicieron saber al sector político. En el último tiempo, varios representantes de algunos sectores políticos más neoliberales, han llamado a retomar el diálogo sobre el TPP antes de que se conforme una nueva constitución que garantice mayores derechos sociales o modifique disposiciones económicas.

Resulta que el sector político, representante del sistema neoliberal, están más enfocados en asegurar sus intereses económicos y los de empresarios internacionales, en vez de garantizar mayores estándares de calidad de vida para la clase trabajadora, que diariamente trabaja en condiciones precarias, bajo trabajo informal, desempleada, trabajo ilegal o, en rigor, sosteniendo los intereses productivos del sector empresarial y el capitalismo para poder sobrevivir y llevar la crisis económica mediante el trabajo asalariado.

Su reimpulso es una estrategia político-económica del sector neoliberal, la derecha y la ex concertación, cuya finalidad es garantizar su intereses y el goce de los mismos. Si el senado llegase aprobar el TPP, provocaría duras críticas de cómo la derecha se burla del proceso constituyente tras la victoria del rechazo y de cómo el gobierno de Gabriel Boric sigue cediendo su agenda al conservadurismo político, permitiendo, e incluso impulsando, este tratado. Esto lo hace aún en contra de la postura de los movimientos sociales y los diversos actores progresistas que se mueven en defensa del medioambiente y los derechos, atando al país a obligaciones con otros Estado y sus empresarios transnacionales, en el marco de una discusión de recomposición del régimen aún abierta, mediante la cual, aún se esperan cambios, este tratado es una forma de moderar aún más esas posibilidades.

Varias transnacionales que conforman el TPP están ligadas al proceso productivo de materias primas en diferentes áreas. En Chile tenemos muchos recursos naturales, los cuales conforman una flora y fauna riquísima en variedad vegetativa, aves endémicas propias del ecosistema, insectos y animales varios únicos en el mundo. Nuestros ecosistemas, únicos en el mundo, son propicios para la producción de una amplia gama de productos silvoagropecuarios, desde la dictadura, esto se ha tratado con el más puro neoliberalismo, haciendo de Chile un país agro exportador a escala masiva. Este tratado implicaría repotenciar la exportación de productos silvoagropecuarios, profundizando la explotación de nuestros ecosistemas.

Las implicancias ambientales serían cada vez más graves debido a la crisis ambiental ya presente, que sería profundizada con este tratado al asegurar el saqueo de los recursos naturales. La profundización y el aseguramiento de un modelo extractivista y exportador, implica mayores impactos ambientales. Aún asi, este tratado es impulsado en el marco de una mega sequía en el país, donde la línea de productos exportados por Chile que se verían potenciados por este tratado, es justamente del sector agrícola y forestal que consumen el mayor porcentaje de agua dulce en el país.

Uno de los impactos ambientales más vistos en las regiones de Chile y a nivel mundial, es el déficit hídrico histórico que se estima viene a peor y afecta principalmente a los medianos y pequeños agricultores de sectores como el frutícola y, agropecuario, que no tienen los medios técnicos para sostenerse frente a las nuevas condiciones climáticas. Estos productores también se ven afectados por la producción a gran escala con fines de exportación, que se verá intensificada y cuyos empresarios serán los únicos beneficiados.

Las multinacionales enfocadas en la producción de alimentos, solo se centran en producir una serie de productos acordes a sus condiciones presupuestaria y al mercado con mayor demanda. Sabiendo el dinamismo económico de los productos, las transnacionales regulan los precios, transformándose en un monopolio de los agroalimentos.

Las implicancias del TPP para el mediano y pequeño productor que produce para su alimentación anual y comercializar a un volumen reducido. Traería costos económicos extras para el productor que no concretaría insertar su producto al comercio por una serie de regulaciones que las transnacionales si cumplirían, posicionándose vorazmente en el comercio de los agroalimentos. No respetando las bases de la SA, que se trata en defender los derechos de los pueblos, los territorios, la biodiversidad y semillas, con el objetivo de promover la agroecología y luchar contra las políticas neoliberales de comercios e inversiones.

¿Qué hacer? La lucha por la soberanía alimentaria y un medioambiente sano.

Pero ¿cómo enfrentamos esta nueva ofensiva del neoliberalismo? Es evidente que los medios institucionales son insuficientes, más aún cuando quienes los integran y sobre ello hacen política, están del lado de los grandes poderes económicos, con el congreso con mayoría de derecha y el gobierno que les cede su agenda política. Por lo mismo, es necesario impulsar una alternativa política independiente, que ponga al centro las demandas de la clase trabajadora; que luche por un medioambiente sano y por la liberación y mantención de la semilla tradicional y modificada, libre de pesticidas y agrotóxicos, en búsqueda de una real seguridad y soberanía alimentaria. Esto bajo una lógica de suplir las necesidades sociales y ambientales y no una de proteger las ganancias de las grandes corporaciones.

Para llevar adelante un programa como este, es necesario fortalecer los organismos de articulación de base, que desde la CUT, la CONFECH y demás organismos de masas, se arme el debate en asambleas por un programa de emergencia a la crisis capitalista, en sus ámbitos social, económico y ambiental. Por rechazar el TPP-11; por una reconversión tecnológica, ya; por nacionalización y soberanía sobre los recursos naturales, gestionados de manera democrática por las comunidades y organismos obreros; Por un sueldo mínimo y jubilación de 650 mil, ajustado acorde a la inflación; plan de financiamiento de la educación pública, condonación al CAE y toda la deuda universitaria, más un vuelco hacia la investigación ecológica y de reconversión tecnológica de la producción; Por el potenciamiento del transporte público, gratuito y eficiente.

El rechazo del TPP en el Senado, que es lo que está en juego estas semanas, depende de desplegar una gran movilización para frenar la aprobación de este acuerdo, donde se unifique las movilizaciones de la juventud, de estudiantes en conjunto a sectores de trabajadores, el movimiento de mujeres, mapuche y de amplios sectores populares.




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